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Relaxing cup of café con leche

9-IX-2013

Relaxing cupfotografía de flickr

En las últi­mas letras que plas­ma­ba ayer por estos lares decía que, si me encon­tra­ba con ganas, quizá con­taría mi opinión sobre este beren­je­nal del que, por suerte y según mi cri­te­rio, nos hemos sal­va­do por los pelos. De momen­to, claro; todavía quedan edi­ciones de los jue­gos olímpi­cos a las que poder pre­sen­tarse y mal­gas­tar el dinero de los impuestos que pag­amos todos los españoles. Jugar con dinero ajeno es muy boni­to; solíamos hac­er­lo en el Monop­oly, pero en éste los errores no tenían con­se­cuen­cias reales. Ganas de escribir real­mente siem­pre ten­go, así que si lo que a veces fal­tan son ideas, ésta es una bue­na ocasión que aprovechar.

Aunque con lo que he escrito has­ta aho­ra no creo que fuera nece­sario mati­zar­lo, por si aca­so, allá va: soy uno de ese 9% de españoles que esta­ba en con­tra del paripé de Madrid 2020, y de que ésta se pre­sen­tara como cadi­da­ta para ser sede olímpi­ca tan­to en ese año como en suce­sivos mien­tras siga el panora­ma como está aho­ra. Que ésa es otra —en este país todo se hace igual… de mal—; podrían decir que el 91% de encues­ta­dos esta­ba a favor de la can­di­datu­ra y me pare­cería cor­rec­to —más allá de saber famil­ia de quién son esos encues­ta­dos, o qué se les prometió—, pero que 2000 lla­madas —teóri­ca­mente al azar— rep­re­sen­ten a algo más de 47 mil­lones de ciu­dadanos, tiene tela.

Pero más tela que ten­er la idea de pre­sen­tarse, que todos sabe­mos que los políti­cos siem­pre tienen que estar pen­san­do algo con lo que der­rochar dinero públi­co y lle­varse tan­to o más pa’ la saca, es que los demás lo sep­an, el resto del mun­do; ¿no será sufi­ciente con que nosotros sep­a­mos quiénes nos rep­re­sen­tan? Ya se nos cae bas­tante la cara de vergüen­za, ¿para qué meter el dedo en la lla­ga?

¿Qué necesi­dad de Jue­gos Olímpi­cos tiene un país que no se pre­ocu­pa por los jóvenes? ¿Para qué quieren unos Jue­gos Olímpi­cos si ni siquiera son capaces de fomen­tar el deporte entre los niños? Con unas infraestruc­turas que se caen a peda­zos; de las cuales la may­oría son de pago, aunque sean públi­cas. Y la gran may­oría de per­sonas que ten­drían tiem­po para prac­ticar algún deporte, por su cul­pa, tam­poco pueden per­mitírse­lo porque supone un desem­bol­so de dinero del que no dispo­nen. ¿Alguien de ver­dad puede pen­sar que éste es un país que se pre­ocu­pa por el deporte? Abramos los ojos: por los úni­cos deportes que se pre­ocu­pan es por los que puedan sacar taja­da aho­ra o en el futuro. Fór­mu­la 1, moto­ci­clis­mo, fút­bol, tenis, America’s Cup, y para de con­tar. Dinero, dinero, y más dinero. Para ellos; como dije: aho­ra o en un futuro, cuan­do se retiren y presi­dan algu­na de las enti­dades que se impli­can en los gas­tos mul­ti­mil­lonar­ios que en este país supo­nen dichos deportes; y que en otros, por for­tu­na, no cor­ren la mis­ma suerte. Me podría subir al car­ro dicien­do mul­ti­tud de dis­ci­plinas a las que no se les hace caso alguno, de per­sonas indi­vid­uales que con­siguen proezas y que no tienen ni un segun­do en tele­visión porque no vende, pero sobra con decir que en un país real­mente vol­ca­do con el deporte estas cosas sí serían noti­cia de por­ta­da y muchos infor­ma­tivos las comen­tarían, porque a la gente les intere­sarían.

Cuan­do se dirige un país hay que cen­trarse en los focos más con­flic­tivos para la may­oría de los ciu­dadanos del país. Un país que está en una eta­pa en la que bate récords históri­cos de paro, de desahu­cios, de aban­dono esco­lar, de colas en los come­dores sociales y ban­cos de ali­men­tos, en la que se pega el tijere­ta­zo en edu­cación, cien­cia, bien­es­tar social y sanidad, en lo que menos debe de pen­sar es en orga­ni­zar unos Jue­gos Olímpi­cos —que más que olímpi­cos, y aunque es un chiste demasi­a­do cono­ci­do, más bien serían del ham­bre—. Los atle­tas pro­fe­sion­ales son una reduci­da minoría en com­para­ción con toda la gente que lo está pasan­do real­mente mal; y no, no acep­to hac­er deporte en ter­ri­to­rio extran­jero como un gra­do com­pa­ra­ble de pasar­lo mal. Los deportis­tas ama­teurs no nece­si­tan públi­co español para com­pe­tir, y el número es increíble­mente supe­ri­or, así que ellos podrán apañárse­las sin ese plus de moti­vación; no me cabe duda de que lo harán genial de todos mod­os.

Y volvien­do al tema de meter el dedo en la lla­ga. ¡Por favor! ¿De quién fue la idea de ele­gir a dedo a Annie Bot­tle como alcalde­sa de Madrid? Al menos podría haberse puesto enfer­ma ese día y haber lle­va­do a alguien com­pe­tente en su lugar. ¿Dónde va alguien con un niv­el de inglés como el de esa per­sona a rep­re­sen­tar una ciu­dad como Madrid? ¡La cap­i­tal de España, por Dios! Que no hablam­os de una aldea de 100 habi­tantes. ¿Y cómo osa pre­tender vender Madrid como sede olímpi­ca en un con­gre­so inter­na­cional donde habla inglés has­ta la que limpia con ese niv­el de párvu­los? Espero que esto de dejarnos a los españoles por gilipol­las allá donde van sea una moda pasajera; como se con­vier­ta en hob­by la hemos lia­do.

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Aho­ra se pre­sen­tan varias incóg­ni­tas: pueden optar por des­ti­nar el dinero que se iba a inver­tir en los Jue­gos Olímpi­cos en otros men­esteres de más util­i­dad aho­ra mis­mo y, obvi­a­mente, no volver a pre­sen­tarse más has­ta den­tro de una tem­po­ra­da y cuan­do ape­nas haya gente en el país que esté pasán­do­lo mal… o pueden optar por todo lo con­trario: ahor­rar ese dinero para unos hipotéti­cos Jue­gos Olímpi­cos que en algún año venidero y con suerte por des­gra­cia quizá nos con­cedan la can­di­datu­ra olímpi­ca, y pre­sen­tarse vez tras vez, con­ver­tirnos en los eter­nos can­didatos has­ta que nos lo con­cedan por mero abur­rim­ien­to —o lás­ti­ma—, e ir der­rochan­do mien­tras parte de ese dinero que se supone que no existe, pero que cuan­do a ellos les con­viene sale has­ta de deba­jo de las piedras.

Y como no se puede des­pedir esto de otra man­era, lo des­pediré a lo grande: con a relax­ing cup of café con leche in Plaza May­or. Todos los tur­is­tas extran­jeros son cono­ce­dores de esta deli­cia al alcance de muy pocos —muy pocos bol­sil­los, porque vaya caña­zo te soplan por el maldito café con leche—. Está en el top de la gas­tronomía españo­la; entre la pael­la valen­ciana, el pulpo a la gal­le­ga, y el jamón ser­ra­no de Gui­jue­lo. El café con leche de Plaza May­or. El autén­ti­co, rechace imita­ciones.

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