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Instagram no son sólo filtros para fotografías

11-XII-2012

Insta­gram: esa apli­cación que cuan­do no tenía smart­phone ansi­a­ba ten­er. Esa apli­cación que, cuan­do se portó a dis­pos­i­tivos móviles con Android, mi modesto smart­phone debido a sus caren­cias era incom­pat­i­ble, pero que el actu­al me per­mi­tió des­cubrir y uti­lizar. Y era de lo que más ganas tenía.

Anoche se pre­sen­tó una nue­va ver­sión de Insta­gram para dis­pos­i­tivos iOS y Android; incluía unas mejo­ras en la cámara y un nue­vo fil­tro cromáti­co. A la vez tam­bién se pre­sen­tó una nue­va fun­ción en las apli­ca­ciones móviles de Twit­ter para los mis­mos sis­temas oper­a­tivos: los fil­tros. Esto es: has­ta aho­ra cuan­do escribías un nue­vo men­saje en Twit­ter te daba la opción de inser­tar una foto de la galería o de hac­er­la al momen­to des­de la cámara; aho­ra esto será igual, pero en lugar de úni­ca­mente dar la opción de selec­cionarla, después apare­cerá una ven­tana donde podremos recor­tar­la, aplicar un bási­co ajuste de nive­les, o añadirle algún fil­tro de entre los nueve que tiene disponibles de momen­to. Entre eso y el artícu­lo que leí esta mañana de Clara Ávi­la decidí escribir estas líneas.

Estoy de acuer­do en prác­ti­ca­mente todo lo que expone Clara en el cita­do artícu­lo; mati­zan­do y como reza el títu­lo a estas líneas: Insta­gram no son sólo fil­tros para fotografías. Hay mucho más allá de un mon­tón de fil­tros fotográ­fi­cos —que además no son los mejores—, de una bajísi­ma res­olu­ción de las fotografías que se com­parten, de un for­ma­to cuadra­do que con­traviene cualquier bonan­za que demues­tran las res­olu­ciones panorámi­cas, y de una cada vez más pobre selec­ción de redes en las que poder com­par­tir las fotografías que subi­mos.

Durante mi perip­lo por Android con mi ante­ri­or smart­phone probé una larga var­iedad de apli­ca­ciones de fotografía; algu­nas úni­ca­mente para pon­er fil­tros a las imá­genes, como Vignette; otras con el mis­mo con­cep­to de Insta­gram: aplicar fil­tros y com­par­tir­las for­man­do una red social, como Pic­Plz, MyTubo o Stream­zoo. Ningu­na de ellas me con­ven­ció; todas ellas sir­ven para lo mis­mo.

Mi for­ma de uti­lizar Insta­gram está más enfo­ca­da al con­sumo que a la creación. Para hac­er una fotografía a algo que merez­ca la pena ser fotografi­a­do y, sobre todo, col­ga­do en inter­net, suele ser bas­tante impor­tante ir a sitios donde exis­tan esas cosas; en casa no sue­len estar. Y debido a la época por la que paso no suele ser demasi­a­do fre­cuente que vaya movién­dome de un sitio a otro. Otra cosa bien dis­tin­ta es ver fotografías de gente que sí puede ir a sitios donde yo no puedo ir. Y no úni­ca­mente porque haya que desplazarse miles de kilómet­ros. Puedes cono­cer por la geoposi­ción sitios o even­tos que estén real­izán­dose cer­ca de tu zona; inclu­so por los hash­tags, que facil­i­tan seguir un even­to donde estén reunidas difer­entes per­sonas hacien­do fotografías al mis­mo tiem­po. Puedes cono­cer el día a día de per­sonas que te intere­sen por algún moti­vo —ya que no sue­len ser, nor­mal­mente, fotografías tan cuidadas como por ejem­p­lo en 500px o Flickr, si no más impro­visadas—, puedes ser sus ojos allá donde los tuyos no lle­gan. Y puedes cono­cer, de paso, un mon­tón de sitios para vis­i­tar —sobre todo restau­rantes, todo hay que decir­lo. Y, sobre todo, obtienes inmedi­atez.

En cuan­to al resto de redes sociales ded­i­cadas a la fotografía, dig­amos más avan­za­da, como puedan ser Flickr o 500px, la inmedi­atez es nula. Esas fotografías sue­len estar preparadas, sue­len hac­erse en una sesión de fotos, de la cámara pasan al orde­nador, de ahí se selec­cio­nan, se les hace al menos unos mín­i­mos reto­ques, y después se pub­li­can las mejores. ¿Cuán­to tiem­po con­ll­e­va eso? No están dirigi­das al mis­mo tar­get; no tienen el mis­mo fin.

En cuan­to al resto de apli­ca­ciones que sí bus­can ese fin y se hacen lla­mar redes sociales, en España y en algunos —muchos, pero da igual— país­es más les fal­la la socia­bil­i­dad, porque para que alguien sea socia­ble nece­si­ta con quién socializar. Y sería tan fácil como pre­gun­tar por la calle a la gente si alguien sabe qué es Insta­gram, y si saben qué son cualquiera de las demás apli­ca­ciones especí­fi­cas que coex­is­ten. O al menos, si no saben qué son exac­ta­mente, cuáles de ellas han escucha­do en algún momen­to de su vida. ¿De qué serviría ten­er la mejor apli­cación, con los mejores fil­tros, las mejores opciones… si nadie está fotografian­do lo que quieres ver?

Empre­sas como aho­ra Twit­ter han creí­do ver el éxi­to de Insta­gram en sus fil­tros y her­ran estrepi­tosa­mente. Y seguro que no serán los úni­cos que se subirán al car­ro pen­san­do que con eso ganarán pop­u­lar­i­dad. Obje­ti­va­mente: sal­vo el primer día, para pro­bar­los, ¿quién va a usar los fil­tros en Twit­ter? Twit­ter no se uti­liza para eso por más que sus creadores piensen en mon­tones de dólares extra en sus cuen­tas ban­car­ias tras la imple­mentación de los susodi­chos. Mien­tras algunos inten­ten emu­lar la pop­u­lar­i­dad de Insta­gram aña­di­en­do fil­tros en sus apli­ca­ciones, los usuar­ios seguirán uti­lizan­do aque­l­lo a lo que están acos­tum­bra­dos, que fun­ciona bien, que les gus­ta, y donde pueden ver lo que quier­an en el momen­to que quier­an.

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