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Dí­a atípico

8-XII-2007

El jueves fue un día atípi­co, y aunque ya pasó, quisiera resumir en unas breves (o quizá no tan­to) líneas qué pasó y cómo fue.

Al des­per­tarme no tenía gran cosa que hac­er: día de fies­ta nacional, y prác­ti­ca­mente todo cer­ra­do. Iba a quedarme en casa. La noche ante­ri­or había insta­l­a­do Leop­ard, que para quien no lo sepa se tra­ta de una actu­al­ización del sis­tema oper­a­ti­vo de Mac, aunque no sé si habrá alguien que no lo sepa debido a los anun­cios que ha tenido a bom­bo y platil­lo… el caso es que podía quedarme tran­quil­a­mente toquete­an­do cosas per­fec­ta­mente. Además, tam­poco sería algo que no hubiera hecho algu­nas veces ante­ri­or­mente.

Todo cam­bió al sonar el telé­fono. Un ami­go me llam­a­ba para decirme que no le fun­ciona­ba Inter­net. Debía con­sul­tar antes en casa si tenían algo hecho para com­er, y si no caus­a­ba may­ores moles­tias irme inmedi­ata­mente a revis­ar e inten­tar solu­cionar el prob­le­ma, en caso de no ser posi­ble, com­er e irme. Resultó ser que no pasa­ba nada, así que me acerqué has­ta su casa (que está a unos cuan­tos pueb­los de dis­tan­cia) con la moto y nos fuimos a encar­gar algo de com­er para com­er y mirar eso tran­quil­a­mente.

Pasamos unos cuan­tos min­u­tos en la casa de las comi­das preparadas. Casi como comod­ín del públi­co para los valen­cianos, aparte de los típi­cos pol­los a l’ast suele haber pael­la, fideua, bravas, dis­tin­tos tipos de arro­ces más, etc. La elec­ción no sería com­pli­ca­da, porque a mí me encan­ta com­er. :D Ter­mi­naríamos comien­do en la ter­raza de su casa, al sol y en com­pañía de dos pre­ciosos per­ros: bravas, pael­la, ali­tas de pol­lo y todo bien rega­do con coca-cola, como debe ser.

Estu­vi­mos un rato hablan­do y pasamos a revis­ar la posi­ble avería, que al final resultó exi­s­tir, pero no por parte de mi ami­go, sino de la cen­tral de Tele­fóni­ca. Según ellos, la conex­ión no esta­ba prepara­da para routers inalám­bri­cos y sólo admitía routers “nor­males”… expli­cación cuan­to menos curiosa, pero como no esta­ba yo cuan­do le lla­maron e Inter­net le fun­ciona ya (que es lo que impor­ta) pues lo demás da igual: está claro que jamás se pis­arán las manos des­cubrien­do un error de otra per­sona (o de la mis­ma per­sona, quién sabe…).

Bueno, cuan­do acabe­mos de hablar por telé­fono con el ser­vi­cio téc­ni­co de tele­fóni­ca seguimos un rato hablan­do en el salón, jugan­do con los per­ros y, sobre todo, con el nue­vo cachor­ro que tiene. Es una pasa­da de per­ro. Está más vivo que la leche. Ya puedes cansarte de hac­er­lo cor­rer, que el tío ahí está. Duerme quince min­u­tos más o menos y ya está prepara­do para más caña de nue­vo. Qué tiem­pos aque­l­los… cada vez (me) cues­ta más ser así…

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