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Detrás de cada gran hombre no siempre hay una gran mujer

16-VI-2008

Y es que hoy me he lle­va­do una decep­ción enorme. De momen­to me abs­ten­dré de decir donde me mudé, pero sepáis que ya ten­go casa. Con el comen­tario que hoy ten­go en mente realizar, y dicien­do dónde me fui, sería rel­a­ti­va­mente fácil saber quién soy, y de momen­to eso no me intere­sa mucho porque no quiero hac­erme de quer­er entre el vecin­da­do. xD

Resul­ta que al hom­bre a quien alquil­am­os la casa se le ve un señor de pies a cabeza. Una muy bue­na per­sona y un hom­bre con el que da gus­to hablar. Has­ta hoy mis­mo no tenía el plac­er de cono­cer a su mujer, pero ya llegó el día. Y la ver­dad es que no me ha agrada­do nada. O digo esto por aquí o revien­to. Es bien cier­to que no he de ten­er tra­to con ella alguno, pero es una de esas per­sonas que a leguas ya ves que no van a ir por el buen lado, que según cruzas la primera pal­abra con esa per­sona ves que no vais a ser espe­cial­mente ami­gos. Y menos aún que te vas a lle­var bien con susodicha.

Ha tenido dos detalles (o quizá más, pero me fijé en dos may­or­mente) muy, muy feos. Y que no respondí de la mis­ma for­ma para demostrar que mi clase y edu­cación está unos cuan­tos nive­les por enci­ma del suyo. Y no es que sea la mejor per­sona del mun­do, que para nada, pero cualquiera a quien con­tara lo que he podi­do obser­var me daría la razón.

Sé que cuen­to sin con­tar, pero bási­ca­mente es para desa­hog­a­rme. Los que hayáis podi­do leerme dis­cul­pad si os dejé intri­ga­dos, pero si me tenéis agre­ga­do a algún cliente de men­sajería instan­tánea os lo con­taré encan­ta­do.

Gra­cias por sopor­tarme una vez más chicos. Parece que sola­mente ven­ga aquí a con­tar penas.

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