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Desahucios. Y otras formas de joder al pueblo

12-XI-2012

Hoy quería comen­tar algo que, por des­gra­cia, está demasi­a­do de moda en España. Los malditos desahu­cios. Aunque como digo en el títu­lo no es la úni­ca for­ma que tiene este sis­tema de joder al pueblo; esos que, de momen­to, vamos tra­gan­do nos echen enci­ma lo que quier­an, sin que rue­den cabeza. Estaría bien cono­cer cuál es nue­stro límite, para saber cuán­to tiem­po más vamos a seguir sopor­tan­do esta burla con­stante.

No voy a entrar en temas téc­ni­cos porque todos sabe­mos qué es lo que hacen los ban­cos, para joder­nos y enci­ma humil­larnos. Todo en uno, es un quit indi­vis­i­ble. Lo verán más gra­cioso, supon­go. Y si se ríen de nosotros espero que alguno se atra­gante con tan­ta risa y, si sobre­vive, le sir­va al menos de expe­ri­en­cia. Son leyes antiquísi­mas en España, que favorecían a la ban­ca por enci­ma del pueblo, aunque creo que eso será así para siem­pre: ellos son los vence­dores y nosotros los ven­ci­dos. Y lo saben, y jue­gan con esa baza, porque además saben que nosotros tam­bién lo sabe­mos.

Todo el mun­do quiere fre­nar los desahu­cios. ¡Pero es que has­ta algunos políti­cos tam­bién! Man­da huevos. Par­tidos políti­cos a los que ni se les había ocur­ri­do aho­ra quieren leg­is­lar con­tra ellos. ¿Y qué pasa con los ya desahu­ci­a­dos? ¿Y qué pasa con aque­l­los que han tenido que mal­ven­der todo su pat­ri­mo­nio para que el ban­co no les desahu­cia­ra y, en el mejor de los casos, sólo han podi­do pagar parte de sus deu­das? ¿Y qué pasa con los que, pese haber mal­ven­di­do su pat­ri­mo­nio, ni siquiera han tenido para pagar sus deu­das? En los tiem­pos que esta­mos pierdes un poco o pierdes todo. Y si tienes la suerte de vender parte de tu pat­ri­mo­nio o su total­i­dad, no esperes vender­lo por su val­or real, porque nadie va a com­prárte­lo a ese pre­cio. Y bien pasas por el aro y vendes, o lo pierdes todo sin opción a répli­ca. No hay mucho donde ele­gir ni opción bue­na.

Todos los prob­le­mas no empiezan ni ter­mi­nan en los desahu­cios. Hay quienes, como en los casos ante­ri­ores, tras vender todo su pat­ri­mo­nio se quedaron con una mano delante y otra detrás. Y pasar de ten­er los lujos que has­ta hace no demasi­a­do tenía la clase media españo­la a no ten­er abso­lu­ta­mente nada. A ten­er que vivir en una casa de alquil­er y, con un poco de suerte, encon­trar un tra­ba­jo que te per­mi­ta seguir costeán­dote el techo y mal­com­er. Y en muchos casos hac­er ambas cosas simultánea­mente ya puede con­sid­er­arse un lujo.

Y si tan­to a los desahu­cios como a estos casos que comen­to les sumas el deses­ntendimien­to por parte de las famil­ias —que todos somos famil­ia en época de bonan­za, pero luego…—, la fal­ta de ayu­das por parte del gob­ier­no, y el lujo que de por sí hoy en día es encon­trar un maldito tra­ba­jo, al alcance de sólo unos pocos priv­i­le­gia­dos… ¿Qué nos que­da?

Pues qué va a quedar, vaya pre­gun­ta. Que­da lo que todos leemos cada cier­to tiem­po en los per­iódi­cos. Que si estás solo, nadie puede echarte un cable, no tienes dónde vivir ni cómo com­er, o cometes un deli­to que te haga ir a la cár­cel donde, al menos, tienes comi­da y cama gratis, o te quitas de en medio. Porque estos diri­gentes y sus mafiosos secuaces no han pre­vis­to ningu­na opción alter­na­ti­va. Aunque aho­ra todos se sub­an al car­ro, en época de elec­ciones, para ver si alguien se olvi­da que has­ta hace dos días todo este tema ni les pre­ocu­pa­ba. Sim­ple­mente porque son unos malditos mal naci­dos.

Si ten­emos que acor­darnos de los desahu­ci­a­dos, acordé­monos tam­bién del resto de per­sonas que, aunque no sea direc­ta­mente con el desahu­cio, tam­bién se han queda­do sin hog­ar y están pasán­do­lo de pena.

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