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De 124,6kg a 89kg en 365 días

1-I-2014

Este 2013 ha sido el año de los cam­bios, de los obje­tivos, y las cor­rec­ciones. Han habido varias, he cumpli­do más obje­tivos de los que pen­sé cuan­do me los pro­puse, y en el cóm­puto glob­al aunque hubieron cosas que podrían haber sali­do mejor ha sido un año bas­tante redon­do.

Uno de los cam­bios más vis­i­bles y sig­ni­fica­tivos en mi vida ha sido el físi­co. Para con­seguir este cam­bio puse en mar­cha dos pequeños obje­tivos: com­er de for­ma salud­able y hac­er ejer­ci­cio reg­u­lar­mente. Tenía claro que ambos obje­tivos debían cumplirse para que el obje­ti­vo prin­ci­pal tuviera un final al menos acept­able, y que de nada servían el uno sin el otro ni el otro sin el uno.

No soy ningún exper­to de nada. Soy una per­sona más, que quería algo y luchó por ello. Y con estas líneas sim­ple­mente tra­to de ani­mar a quien ten­ga el mis­mo obje­ti­vo que yo, para que vaya a por ello, para que no desista, para que se esfuerce y por fin lo con­si­ga. Quiero comen­tar qué sen­tí, qué hice, y qué me pasó a mí per­sonal­mente; cada per­sona es un mun­do difer­ente, y lo que a mí me ha fun­ciona­do no tiene por qué fun­cionar a los demás, pero al menos doy unas pis­tas de por dónde van los tiros, para los inde­cisos…

A decir ver­dad, cuan­do me embar­qué en todo esto lo hice bas­tante escép­ti­co. No porque dudara de mí, o de no ten­er una causa que me moti­vara lo sufi­ciente, más bien porque habían demasi­adas cosas que cam­biar y a las que ten­dría que habit­u­arme. Prác­ti­ca­mente la ver­du­ra ni la prob­a­ba. Decía que no me gusta­ba, pero real­mente no la había proba­do; sim­ple­mente habían cosas que me eran más apeti­tosas a la vista y no les di opor­tu­nidades. En muchas oca­siones a lo largo del día me comía una bar­ra de pan de cuar­to entre la comi­da del mediodía y la cena. Si hay algo que me chi­fla es una bar­ra de buen pan; es un vicio, como el que pueden darte los fru­tos sec­os, y cuan­do un pan me gus­ta me cues­ta demasi­a­do con­tro­larme… El dulce: otra de las cosas que puede con­mi­go. Me da igual lo que sea, des­de un pastelito proce­sa­do y a tope de grasas sat­u­radas, a una tar­ta casera; soy un goloso des­de que nací y el choco­late sobre todo es una de mis pasiones. La Coca-Cola. Es cier­to que no ten­go otros vicios como puedan ser el taba­co o el alco­hol, mucho más per­ju­di­ciales que éste, pero éste tam­bién lo es si lo que quer­e­mos es tomar una dieta equi­li­bra­da y hay que ten­er­lo en cuen­ta.

Como veis soy humano, con las mis­mas tenta­ciones y debil­i­dades que cualquier otro, pero que no son demasi­a­do recomend­ables si pre­tendemos con­seguir un cam­bio físi­co notable. Ojo, que no hablo de suprim­ir­las, sino de con­tro­lar sus can­ti­dades. Muchos, como yo, no nos con­for­mamos con sólo un poquito

Primer paso para lograr el objetivo final

Para mí el primer paso es no pro­ponérte­lo como propósi­to de año nue­vo. Creo que este es el primer paso para que el obje­ti­vo no fra­case, y es que aso­ci­amos este tipo de propósi­tos como algo que quieres hac­er y que todo el mun­do se pro­pone pero que luego nadie cumple y no pasa nada aunque tú tam­poco lo cumplas porque es lo habit­u­al.

Nues­tra mente es muy poderosa, siem­pre bus­ca excusas para hac­er lo que en prin­ci­pio sea lo más cómo­do para nosotros. Siem­pre encon­trará un moti­vo para con­vencerte de que para qué vas a hac­er algo que te cues­ta si no hac­er­lo es mucho más fácil para nosotros. Y si no tienes el firme con­vencimien­to de que de ver­dad lo quieres hac­er, de que vas a con­seguir­lo sea como sea, a toda cos­ta, acabará ganán­dote el pul­so y no lo lograrás. Sue­na duro pero es así; esto no es fácil, por eso tan­ta gente quiere con­seguir­lo pero aca­ban por dejar­lo a mitad, por pura como­di­dad.

No lo intentes: ¡hazlo!

Me gus­taría… Este año haré… Ten­go que… ¡Para! Cuan­do tu obje­ti­vo es de tal mag­ni­tud no tienes que inten­tar­lo; a ver si ocurre un mila­gro y de repente me encan­ta la comi­da salud­able, sal­go a la calle y me posee Usain Bolt y paso de no haber hecho deporte nun­ca a ser el rey de la pista… Esto no va así. Si esperas que te sal­ga sin darte cuen­ta, que sea fácil, que no requiera un sac­ri­fi­cio más grande de lo que puedas imag­i­narte: olví­date.

Aunque mi con­se­jo nun­ca será que te olvides, sólo que ten­gas bien pre­sente que vas a ten­er que esforzarte al máx­i­mo. ¿Pre­fieres ser tú el dueño de tu vida o que tu vida se adueñe de ti?

Paso a paso lograrás lo que te propongas

¿Estás deci­di­do ya? En serio y a por todas, ¿no? ¡Pues con­tro­la tu eufo­ria! Si el primer día empiezas con la dieta y te da por salir a cor­rer no vas a con­seguir nada. Es más: lo más prob­a­ble es que sea el primero y el últi­mo de tu nue­va vida. Poco a poco, paso a paso; esto es una car­rera de fon­do, no un sprint.

Como dije: cada per­sona es un mun­do, y cada uno conoce sus límites y para qué y para qué no está prepara­do. En mi caso me tomé la primera sem­ana úni­ca­mente para empezar con la dieta; empezar a pro­bar ver­duras, nuevas comi­das y acos­tum­brarme a los nuevos sabores que se con­ver­tirían en mi menú diario un poco más ade­lante. Nada de deporte; con este esfuer­zo por aho­ra había sufi­ciente.

Por no com­er, ni siquiera comía ensal­a­da. El primer paso fue incluir­la en un menú habit­u­al que me gus­tara, para saber que si sufría demasi­a­do comién­domela al menos me qued­a­ba el pre­mio de poder dis­fru­tar después comien­do algo que de ver­dad me gus­tara. Y esto de los pre­mios es impor­tante, porque si sólo tra­ba­jas y sufres, pero sin ningu­na rec­om­pen­sa a cor­to pla­zo, todo será mucho más com­pli­ca­do.

Aquí viene un con­se­jo para que no caigas en el mis­mo error que yo. ¿Qué haces cuan­do tienes que com­erte algo que pre­vis­i­ble­mente no te gus­tará? Lo habit­u­al es dis­im­u­la­rlo e inten­tar comérte­lo lo más rápi­do posi­ble, ¿no? Pues pese a que nadie me lo recomen­dara pen­sé que para acos­tum­brarme al sabor de la ensal­a­da me sería más fácil picán­dola con el acce­so­rio pic­a­dor de la trit­u­rado­ra y hacién­dola en mil peda­zos… No recuer­do haber­lo pasa­do tan mal en mi vida. La primera vez que empez­a­ba a pro­bar y esta­ba costán­dome hor­rores; con­forme iba comién­dome­lo esta­ba sufrien­do tan­to que hubiera preferi­do que me dier­an una pata­da en los cojones antes de ten­er ese pla­to del infier­no delante de mí. Mi mente esta­ba hacien­do un tra­ba­jo de estrés dig­no de admiración; se inventa­ba excusas que ni pens­a­ba que existier­an, me ponía pan­car­tas imag­i­nar­ias donde podía leer el clási­co: ¡qué necesi­dad ten­drás de hac­er esto!, o el ¡quién me man­dará a mí meterme en este lío…! Me dejé un cuar­to de ensal­a­da, pero pude con el resto. Para mí y en ese momen­to esta­ba suponien­do un esfuer­zo titáni­co; es cier­to que no con­seguí el pequeño obje­ti­vo de ese día, pero quizá fuera porque empecé más fuerte de lo que cabría recomen­dar. Y que en con­tra de lo que pudiera imag­i­nar, mi idea de hac­er­la en mil peda­zos fue pési­ma, no recuer­do haber tenido idea peor en mi vida.

Y de ese error aprendí que cuan­do todo el mun­do come un deter­mi­na­do ali­men­to de una for­ma, es porque es la for­ma más acon­se­jable de comérse­lo. ¿A que nadie cogería un pol­lo entero e inten­taría metérse­lo en la boca tal cual y comérse­lo sin tro­cear­lo? Pues quizá la for­ma más apropi­a­da de com­erse una hoja de lechuga no sea hac­er­la en mil peda­zos de un milímetro y que eso acabe sien­do una aber­ración de puré pas­toso y aceitoso con mate­rias no iden­ti­fi­ca­bles de múlti­ples col­ores que menos apeti­toso podría resul­tar cualquier cosa.

Cambia el chip

Hay mon­tones de cosas que creemos cono­cer y dar­las por hechas, pero en real­i­dad lo más seguro es que no teng­amos ni idea, aunque como seres humanos que somos creamos estar siem­pre en pos­esión de la ver­dad abso­lu­ta. Aquí unos cuan­tos ejem­p­los.

  • Ya sabes que tienes que com­er menos de lo que comías si quieres con­seguir tu obje­ti­vo, pero en con­tra de lo que pien­sas hay una var­iedad de ali­men­tos que sacian por sí mis­mos, sin nece­si­tar ingerir grandes can­ti­dades de los habit­uales para notarnos saci­a­dos.
  • Hay que lev­an­tarse de la mesa saci­a­do, lo sufi­ciente como para ten­er energía para afrontar el resto del día, pero no hin­cha­do como una bur­ra. Por más que nos empeñe­mos en negar­lo, nue­stro cuer­po nece­si­ta una deter­mi­na­da ración de energía en for­ma de ali­men­to; todo lo que sobrepase ese límite máx­i­mo es un exce­so que se alma­ce­na en for­ma de grasa en los sitios que más cues­ta elim­i­narla.
  • Debes apren­der a difer­en­ciar cuán­do tienes sed y cuán­do tienes ham­bre. Muchas de las veces que te notas ham­bri­en­to y vas a picar algo de comi­da para saciar tus ansias en real­i­dad lo que tu cuer­po está pidién­dote es agua, pero tú no cono­ces las señales de tu cuer­po y nue­va­mente estás dán­dole energía que no pre­cisa y que alma­ce­nará en tu almacén de grasa per­son­al. Cuan­do sien­tas esto lo primero que debes hac­er es beber agua; verás como en la may­oría de los casos y pasa­dos unos min­u­tos ni recuer­das que tuvieras ham­bre. Porque en real­i­dad no era cier­to.
  • Hay cosas que se creen ver­dades abso­lu­tas pero que no son del todo cier­tas. Lo primero que te dice la gente cuan­do comen­tas que vas a empezar una dieta salud­able, hac­er ejer­ci­cio, etc, es: ¡aho­ra nada de pan ni dul­ces! por ejem­p­lo. Es más: seguro que has­ta tú mis­mo lo pien­sas, y no es así. Antes habla­ba de los pre­mios; si para ti la ausen­cia habit­u­al de estos ali­men­tos puede supon­erte un trastorno, tóma­los como pre­mios. Pero no es nece­sario que estés todo el día pre­mián­dote, que ya sabe­mos lo traicionera que es la mente.

Con­seguir este obje­ti­vo no es ningún mis­te­rio; no nece­si­tas ningu­na cát­e­dra ni hac­er con­juros, rit­uales o cosas extrañas; ¿es difí­cil y requiere un sac­ri­fi­cio impor­tante? sí, por supuesto; ¿com­pli­ca­do? para nada. A más grasa acu­mu­la­da, más grasa debes que­mar. A más kilo­calorías ingeri­das, más ejer­ci­cio aeróbi­co ten­drás que hac­er para que el exce­dente no se trans­forme en grasa y en lugar de reducir­la estés aumen­tán­dola. Es la base, no tiene más mis­te­rio.

Déjate de ton­terías y de tópi­cos. ¿Ali­men­tos pro­hibidos? Ninguno. ¿Límite de comi­da ingeri­da? Ninguno. Sim­ple­mente debes ser con­sciente de qué te estás comien­do, cuán­tas kilo­calorías nece­si­tas ingerir cada día, cuán­tas tiene el ali­men­to que te apetece com­erte y, sobre todo, cuan­do ter­mines de comérte­lo cuán­to te habrás exce­di­do, si es que eres rebelde y lo has hecho, y cuán­to ejer­ci­cio ten­drás que hac­er para enmen­dar la trav­es­ura y, ya puestos, un poquito más para perder lo que ya tienes acu­mu­la­do, que no se tra­ta de man­ten­erte sino de ir vacian­do tu almacén per­son­al. Si cuan­do ter­mine el día nece­si­tarías más horas de deporte que las que tienes libres para dedi­car­le al mis­mo es que algo estás hacien­do mal.

Retoman­do lo que decía antes: las ver­dades uni­ver­sales. El pan te engor­da, ¡eso lo sabe todo el mun­do! Desmon­te­mos el mito: tú empieza a hac­er deporte en serio a las 8:00 y ter­mi­na a las 15:00. Sién­tate a la mesa y cás­cate dos bar­ras de pan de cuar­to. Así, sin pes­tañear. Tran­qui­lo que no habrás engor­da­do abso­lu­ta­mente nada. En cam­bio no hagas nada en todo el día y a mediodía zám­pate media bar­ra de pan; prob­a­ble­mente ya habrás con­sum­i­do más calorías de las que te tocarían para la comi­da del mediodía tenien­do en cuen­ta que todavía te quedan más comi­das por delante con las que engañar al estó­ma­go, y sobre todo a la cabeza, para que crea que no tienes más ham­bre. No es qué comes sino cuán­to comes.

Obvi­a­mente la comi­da salud­able ayu­da; mucha de ella ape­nas tiene calorías, y puedes com­er más can­ti­dad con un menor aporte calóri­co en tu cuer­po. Aunque yo cam­bié el chip muy rápi­do por pura fuerza de vol­un­tad, habrá para quienes no les será tan fácil ir incor­porán­dola en el menú. Pero hay que ten­er en cuen­ta que la prin­ci­pal cul­pa­ble de esto es nues­tra mente; si con­sigues desconec­tar­la un rato com­pro­barás que lo que esta­ba gritán­dote que no era comestible, que no iba a gus­tarte, y demás excusas que siem­pre se inven­ta, en real­i­dad no era para tan­to y además inclu­so puede que algo te sor­pren­da y ter­mine por gus­tarte de ver­dad, aunque el prin­ci­pio no lo creas. A mí por ejem­p­lo me ha suce­di­do esto con el repol­lo, con la beren­je­na y con los hon­gos comestibles aunque espe­cial­mente con el champiñón. A día de hoy for­man parte de mi selec­to grupo de ali­men­tos favoritos.

Deporte

Todos esta­mos hechos para hac­er deporte; no existe nadie en el mun­do que sal­vo por prob­le­mas médi­cos no esté apto para prac­ticar algún tipo de deporte. Lo que sí es cier­to es que no todos ten­emos por qué ser aptos para prac­ticar cualquier deporte; bien porque no te motiv­en lo sufi­ciente o porque por genéti­ca no este­mos prepara­dos para prac­ti­car­lo. Un ejem­p­lo para enten­der esto: por mucho que te guste el balon­ces­to si mides 1’50 mejor bús­cate otra dis­ci­plina.

Lo primero que pien­sa todo el mun­do cuan­do se te pasa por la mente esto de hac­er deporte es: ¡voy a salir a cor­rer! Una vez más: cada uno somos un mun­do, y aunque haya quien de primeras pue­da empezar a tro­tar, no para todos es recomend­able esto. Si pesas tan­to como pesa­ba yo, o inclu­so más, empezar cor­rien­do puede ser un sui­cidio. No lo vas a con­seguir, te vas a ahog­ar, vas a frus­trarte, y prob­a­ble­mente has­ta ter­mines por lesion­arte algu­na artic­u­lación si insistes. Cor­rer es un deporte de fuerte impacto, las artic­u­la­ciones se resien­ten cada vez que damos una zan­ca­da y apoy­amos nue­stro pie en el sue­lo; el peso de nue­stro cuer­po se mul­ti­pli­ca por dos cuan­do impacta sobre una super­fi­cie dura, y esto puede ser ter­ri­ble para nues­tra salud y bien­es­tar físi­co. Estarás equiv­ocán­dote, y más que con­seguir un ben­efi­cio, lo que estarías hacien­do será per­ju­di­carte a ti mis­mo.

En cam­bio algo para lo que sí estare­mos prepara­dos será para cam­i­nar. Primero mod­er­ada­mente y con­forme tu for­ma físi­ca vaya mejo­ran­do se puede ir aumen­tan­do la caden­cia de paso y por ende la veloci­dad. Estuve mucho tiem­po hacien­do esto antes de empezar a dar unos trotes; al prin­ci­pio no imag­in­a­ba que fuera a tar­dar tan­to tiem­po en sen­tirme prepara­do, pero mejor pecar de pru­dente que de incon­sciente. Mis cam­i­natas y paseos los altern­a­ba con la bici­cle­ta; un deporte que me encan­ta des­de siem­pre y sin impacto, no per­ju­di­ca para nada a nues­tras artic­u­la­ciones, y podemos dis­fru­tar de él tran­quil­a­mente, pero siem­pre con conocimien­to, porque no nos repor­tará nada neg­a­ti­vo. Y repi­to: con conocimien­to. El ciclis­mo no nos per­ju­di­cará siem­pre que lo prac­tique­mos acorde a nue­stro esta­do y for­ma físi­ca; si de repente te crees el rey de las dos ruedas y quieres coro­nar el Angliru te lesion­arás o te frus­trarás al, obvi­a­mente, no con­seguir­lo. Otro deporte muy acon­se­jable y sin impacto es la nat­ación. ¡Hay miles de deportes! Sólo debes ir proban­do y encon­trarás el tuyo, garan­ti­za­do.

Una vez más: poco a poco. No nece­si­tas hac­er­lo todo en un día. Pien­sa que tiene más méri­to el que con­sigue pon­erse en for­ma de este modo que el que decide pasar por el ciru­jano y hac­er­lo de for­ma arti­fi­cial. Y ni que decir tiene la sat­is­fac­ción per­son­al de ir con­sigu­ién­do­lo poco a poco con­forme vas vien­do pro­gre­sos. Te sientes un super­héroe y cada vez más moti­va­do. En ese momen­to es cuan­do sabes que todo el tra­ba­jo ha tenido sen­ti­do y que lo que al prin­ci­pio parecía una mon­taña difí­cil de escalar aho­ra es algo habit­u­al; lo han inte­gra­do en tu vida y ya for­ma parte de ti. Aho­ra lle­ga el momen­to de dis­fru­tar, después de tan­to pade­cer, y por supuesto de seguir con el tra­ba­jo diario. Que seguirá sien­do igual de duro, pero ya estás acos­tum­bra­do a ello.

No hay nadie que el primer día que se pone a hac­er ejer­ci­cio sea capaz de cor­rer una maratón, ni siquiera una media maratón, pero con fuerza de vol­un­tad, con­stan­cia y pacien­cia todos podemos con­seguir­lo si de ver­dad es lo que quer­e­mos. Todo empieza dan­do un paso, cam­i­nan­do, pro­gre­san­do; no te darás cuen­ta y cada vez irás hacien­do más kilómet­ros, te gus­tará, irás aumen­tan­do vol­un­tari­a­mente el tiem­po que ded­i­cas a la activi­dad físi­ca, y eso te lle­vará a hac­er tam­bién más kilómet­ros. Y digo vol­un­tari­a­mente porque el deporte engan­cha, y cuan­do algo te gus­ta va esca­lan­do posi­ciones en tu lista pirami­dal de pri­or­i­dades; lo que al prin­ci­pio esta­ba a ras de sue­lo con­forme vayas acos­tum­brán­dote, vayas dosi­f­i­can­do mejor tu energía, tu cuer­po vaya tenien­do una mejor for­ma físi­ca, y sobre todo tu mente vaya vien­do que el pro­gre­so es tan evi­dente que ni ella muchas veces es capaz de engañarte dicien­do que no es así, será una de las cosas con más pro­tag­o­nis­mo en tu vida. ¡Hazme caso, es así!

Otro con­se­jo es que no te lim­ites sola­mente a prac­ticar un ejer­ci­cio aeróbi­co y te olvides de lo demás. Cuan­do coge­mos peso a todos se nos acu­mu­la grasa en el vien­tre, y la mejor for­ma de que esa grasa desa­parez­ca es hacien­do ejer­ci­cio abdom­i­nal. Por otro lado, lo que más grasa con­sume de nue­stro cuer­po es la masa mus­cu­lar, por eso tam­poco debe­mos olvi­darnos de ella; los kilos que se pier­den reducien­do el niv­el de masa mus­cu­lar son un engaño. Muchas de las lla­madas dietas mila­gro, que son una estafa, se basan pre­cisa­mente en esto. Y tal como los pierdes los recu­peras, porque el mús­cu­lo tiende a volver a una for­ma salud­able para nue­stro organ­is­mo aunque nosotros quer­amos impedir­lo. A más masa mus­cu­lar, más que­ma de grasas por cada movimien­to que real­ice nue­stro cuer­po, y no per­mi­tas que te engañen con tru­cos absur­dos: la úni­ca for­ma de man­ten­er o aumen­tar la masa mus­cu­lar es hacien­do ejer­ci­cios de car­ga con pesas.

Mi evolución

Este pro­ce­so me ha lle­va­do un año, en el que han habido muchos sac­ri­fi­cios, muchos momen­tos tristes pero todavía más ale­gres al ver la rec­om­pen­sa al tra­ba­jo real­iza­do. Ha sido el primer paso, pero durante 2014 todavía me que­da mucho tra­ba­jo por delante. Aunque el cam­bio ha sido bru­tal, todavía mi almacén de grasa per­son­al sigue tenien­do exce­dente. Mi meta está en cono­cer mis abdom­i­nales; sé que están ahí, pero no los he vis­to. Y una vez los conoz­ca quiero man­ten­er­los y que pue­da seguir vién­do­los durante el máx­i­mo tiem­po posi­ble.

Para que os hagáis una idea de si merece la pena todo el esfuer­zo y sac­ri­fi­cio inver­tido os voy a dejar con el típi­co antes y después. La difer­en­cia es evi­dente que es abis­mal, pero comenta­ba ante­ri­or­mente, cuan­do has crea­do la ruti­na y te gus­ta lo que haces, estás con­tento y feliz, y nece­si­tas el deporte; este 2014 será el año para aumen­tar lo ya con­segui­do en 2013, y mejo­rar todavía más mi condi­ción físi­ca y mi cuer­po. Que aunque lo con­segui­do es mucho, todavía que­da mucho camino por recor­rer.

Antes

El de la fotografía ante­ri­or era yo en 2012. Con 124,6kg. Has­ta ese momen­to lo máx­i­mo que había lle­ga­do a pesar eran 120kg; adel­gacé un poquito has­ta que decidí no pesarme más. El día que me pesé de nue­vo cal­cu­la­ba que habría vuel­to a retomar los 120kg, pero cuan­do me di cuen­ta que esta­ba más próx­i­mo de los 125kg que de los 120kg me di cuen­ta que había que hac­er algo para reme­di­ar­lo. Y así, un año después, es como me veo aho­ra.

Después

Lo más duro viene cuan­do ya no tienes tan­to que perder; los primeros kilos se pier­den rápi­do, porque tienes tan­to exce­dente de grasa que cuan­do haces ejer­ci­cio aeróbi­co da igual de la zona en la que el cuer­po util­ice esa grasa sobrante para que­mar­la, la hay en todas partes. Cuan­do que­da la grasa focal­iza­da es cuan­do la pro­gre­sión se vuelve más lenta y nece­si­tas el doble de esfuer­zo para con­seguir lo mis­mo que antes con­seguías de for­ma más fácil com­parán­do­lo con la actu­al­i­dad.

Esto es así, no es que estés hacien­do nada mal; nos pasa a todos y entra den­tro de lo nor­mal. Así que si te encuen­tras en este pun­to, o te estás ani­man­do a ver cumpli­do este obje­ti­vo den­tro de un tiem­po, sabes que cuan­do llegues a este pun­to en el que yo me encuen­tro aho­ra mis­mo no debes desan­i­marte, porque ya tienes la ruti­na, la cos­tum­bre, y seguro que estás engan­cha­do ya al deporte.

Sólo recuer­da la primera vez que empeza­ste a hac­er ejer­ci­cio, lo duro que fue. Y si no empeza­ste todavía, cuan­do empieces acuér­date. Verás como es tremen­da­mente más cos­toso ese primer día que cuan­do tienes cogi­da la mar­cha y te mueves por iner­cia. La for­ma más fácil de no ten­er que pasar de nue­vo por ese trámite es no dejan­do de hac­er ejer­ci­cio; tan­tas veces como lo aban­dones, las mis­mas ten­drás que pasar por ese primer día tan traumáti­co y ago­ta­dor.

Y en cuan­to a la mente: no te creas que cuan­do estás en el pun­to en que me encuen­tro esa maldita deja de joderte la vida. Nada más lejos de la real­i­dad; sigue sien­do nues­tra peor ene­mi­ga y nosotros seguimos sien­do débiles, pero con entre­namien­to, con­stan­cia y esfuer­zo podemos apren­der a no hac­er­le caso cuan­do se invente las mis­mas excusas de siem­pre para inten­tar que no hag­amos cualquier cosa que requiera un mín­i­mo de esfuer­zo. Aunque sepa de sobras que no sir­ven ya esas excusas, seguro que lle­ga el día en que estás un poco más cansa­do, en que no has dormi­do bien, en que tienes tar­eas que hac­er y caes en la tentación de no hac­er ejer­ci­cio ese día. Nos pasa a todos y es nor­mal; si con­sigues evi­tar hac­er­le caso siem­pre serás mi ído­lo, si no es así, al menos tra­ta de hac­er­le caso las mín­i­mas veces posi­bles.

¡Suerte y mucha fuerza!

¿Has encontrado algún error en el texto anterior? Me ayudarías mucho si lo reportaras.

7 comentarios

  1. Guest 1-I-2014

    El artícu­lo chapó Javi, exce­lente post com­pañero. ¡Feliz año!

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    • ¡Muchas gra­cias, Diego! Me ale­gro que pese a lo exten­so que quedó te haya gus­ta­do. ¡Feliz año tam­bién para ti! 😀

      responder
  2. DiegoValiente 1-I-2014

    El artícu­lo chapó com­pañero. ¡Feliz año! 🙂

    responder
    • ¡Muchas gra­cias, Diego! Me ale­gro que pese a lo exten­so que quedó te haya gus­ta­do. ¡Feliz año tam­bién para ti! 😀

      responder
  3. SISOR 4-I-2014

    Eres un crack!!! A ver si te cojo el ejem­p­lo… Esta vez si!!!!

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  4. […] de ser uno de esos pro­pó­si­tos de año nue­vo que los empie­zas y nun­ca los ter­mi­nas, empecé el año con 124,6kg y lo ter­miné con 89kg. En éste, dada su mag­ni­tud, he tenido ayu­da. Espe­cial­mente: mi madre, mi chef […]

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