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Reseña: Harry Potter y la Orden del Fénix, de J. K. Rowling

26-VII-2017

Harry Potter y la Orden del Fénix, de J. K. Rowling

Harry Potter y la Orden del Fénix, de

Páginas: 896ISBN: 9788478887422

Comprar: papel ebook Editorial: Salamandra ficha del libro

Sinopsis

Las tediosas vaca­ciones de ver­a­no en casa de sus tíos todavía no han acaba­do y Har­ry se encuen­tra más inqui­eto que nun­ca. Ape­nas ha tenido noti­cias de Ron y Hermione, y pre­siente que algo extraño está suce­di­en­do en Hog­warts. En efec­to, cuan­do por fin comien­za otro cur­so en el famoso cole­gio de magia y hechicería, sus temores se vuel­ven real­i­dad. El Min­is­te­rio de Magia nie­ga que Volde­mort haya regre­sa­do y ha ini­ci­a­do una cam­paña de despres­ti­gio con­tra Har­ry y Dum­b­le­dore, para lo cual ha asig­na­do a la hor­ri­ble pro­fe­so­ra Dolores Umbridge la tarea de vig­i­lar todos sus movimien­tos. Así pues, además de sen­tirse solo e incom­pren­di­do, Har­ry sospecha que Volde­mort puede adiv­inar sus pen­samien­tos, e intuye que el temi­ble mago tra­ta de apoder­arse de un obje­to secre­to que le per­mi­tiría recu­per­ar su poder destruc­ti­vo.

Autora

J. K. Rowling

J. K. Rowl­ing (Yate, South Glouces­ter­shire, Inglater­ra, Reino Unido, 1965) es auto­ra de la saga de Har­ry Pot­ter, de otros tres libros com­ple­men­tar­ios pub­li­ca­dos orig­i­nar­i­a­mente con fines bené­fi­cos, de la nov­ela para adul­tos Una vacante impre­vista (2012) y, con el seudón­i­mo Robert Gal­braith, de la serie de nov­e­las policía­cas pro­tag­on­i­zadas por Cor­moran Strike. Debu­ta como guion­ista y pro­duc­to­ra con la pelícu­la basa­da en el libro Ani­males fan­tás­ti­cos y dónde encon­trar­los (2001). Además es tam­bién famosa por su his­to­ria de haber pasa­do de pobre a mul­ti­mil­lonar­ia en sólo cin­co años. La Sun­day Times Rich List de 2008 estimó la for­tu­na de Rowl­ing en 560 mil­lones de libras, sien­do la duodéci­ma mujer más rica en Gran Bre­taña.

Opinión

En Har­ry Pot­ter y el cál­iz de fuego (2000) ya se veía claro que los estu­di­antes de Hog­warts ya no eran unos niños, que las nov­e­las de Rowl­ing habían deja­do de ser infan­tiles para trans­for­marse en ado­les­centes con un toque tétri­co que, en com­para­ción, no tiene muchas seme­jan­zas con Har­ry Pot­ter y la piedra filoso­fal (1997), el libro que daba comien­zo a este ya de sobra cono­ci­do mun­do imag­i­nario reple­to de magia y diver­sión.

Aunque es el libro de la saga con may­or número de pági­nas, lo leí en una sem­ana; además, en una época bas­tante estre­sante por los estu­dios, en prin­ci­pio sin demasi­a­do tiem­po para dedi­car­le al ocio… así que con eso me sobra para mostrar cuán­to me enganchó este libro. No sé por qué, pero parece que Rowl­ing se ha empeña­do en que con cada nue­vo libro de esta saga haya un per­son­aje al que los lec­tores puedan odi­ar y descar­gar toda su ira con­tra ese per­son­aje… y que por mucho que ya odi­as­es a otros per­son­ajes de libros ante­ri­ores, este nue­vo per­son­aje supere con cre­ces el odio que sen­tías por cualquier otro per­son­aje al que ya creías odi­ar al máx­i­mo. En este libro este per­son­aje está encar­na­do por Dolores Umbridge, y llegué a odi­ar­la tan­to que, de haber podi­do, la hubiese estran­gu­la­do con mis propias manos. Vaya sup­li­cio de per­son­aje. Qué ganas de que Rowl­ing la matase de la for­ma más atroz posi­ble en cada una de sus apari­ciones. Qué asco me dio.

Como el títu­lo del libro indi­ca, la Orden del Fénix, es uno de los temas prin­ci­pales que en este libro se tratan; es, por así decir­lo, el ejérci­to de Dum­b­le­dore con­tra las fuerzas del mal; se orig­inó para luchar con­tra Volde­mort cuan­do antaño se alzó con el poder, y como sabían que en algún momen­to volvería, el grupo per­maneció ale­tar­ga­do, a la espera, vig­i­lan­do, obser­van­do señales que pronos­ticaran la vuelta de Volde­mort… y no hay señal más clara de ello que la que Har­ry pudo nar­rar­les en la parte final del libro ante­ri­or, aunque el Min­is­te­rio de Magia pre­firiese creer que no eran sino las ton­terías de un niño que no tiene ni idea de lo que ha vis­to con sus pro­pios ojos.

Por otro lado, el otro tema prin­ci­pal que aparece en este libro es la expli­cación de la pro­fecía, el moti­vo del vín­cu­lo entre Har­ry y Volde­mort, por qué a Har­ry le pasa lo que le pasa en su mente, y por qué Volde­mort, uno de los magos más poderosos, no con­sigu­ió matar­le cuan­do nada más era un bebé y no podía defend­er­se. Una de esas cosas que se han ido dejan­do caer en todos los libros, pero sin explicar nada, deján­do­lo a la libre inter­pretación por parte del lec­tor, y es una de esas incóg­ni­tas que por fin quedan resueltas en este vol­u­men.

Aten­ción, spoil­er: hay una muerte en este libro que no me ha gus­ta­do nada; por ines­per­a­da y porque le cogí bas­tante car­iño al per­son­aje. Sir­ius Black. Creo que Rowl­ing ha sido bas­tante cabrona hacién­dole a Har­ry lo que le hizo con este per­son­aje; vivía con los Durs­ley, que aunque son famil­ia a la vez tam­bién es lo más ale­ja­do a un ser queri­do que se puede ten­er, le hacen cono­cer a su padri­no, le cre­an ilu­siones de poder no regre­sar más a Priv­et Dri­ve… y no sólo no sucede eso si no que le arrebatan a la úni­ca per­sona con la que podría quedarse a vivir mien­tras no sea may­or de edad y estar ale­ja­do de esos otros tres idio­tas con los que pasa el ver­a­no. Cuan­do pasó lo que pasó con la muerte de Sir­ius pen­sé que en el últi­mo instante volvería a salir, que se agar­raría a una cor­nisa como en las pelícu­las, y que enviaría al otro bar­rio a Bel­la­trix Lestrange en su lugar. Pero obvi­a­mente no fue así, si no no estaría que­ján­dome.

Como siem­pre, es una deli­cia leer esta saga. Pese a que ya desa­pare­ció una de las cosas que más desta­ca­ba al prin­ci­pio: que por lo infan­til que era nos retro­traía a nues­tra infan­cia y nos volvía a hac­er vivir las cosas que se narra­ban des­de la per­spec­ti­va de un niño. Aho­ra ya no es tan así, pero no por ello es peor.

Personajes

Ya hice men­ción a ella al prin­ci­pio, pero uno de los per­son­ajes que no pueden pasar desapercibidos en esta sec­ción es Dolores Umbridge, auto­procla­ma­da Suma Inquisido­ra de Hog­warts, con el bene­plác­i­to del Min­istro de Magia: Cor­nelius Fudge, que parece basa­do en uno de tan­tos políti­cos españoles que, con tal de seguir con­ser­van­do el puesto hacien­do lo mín­i­mo posi­ble, ya le va bien; es capaz de negar el retorno de Volde­mort bási­ca­mente por los que­braderos de cabeza que le supon­dría si fuese real que Volde­mort vuelve a ten­er el poder que se le suponía per­di­do. Y como des­de Hog­warts se tra­ta de con­cien­cia al mun­do mági­co, en espe­cial Dum­b­le­dore, de que la vuelta de Volde­mort es algo real y que todos deberían estar prepara­dos para ello, no se le ocurre nada mejor que meter a una nue­va pro­fe­so­ra de la asig­natu­ra Defen­sa con­tra las artes oscuras para matar dos pájaros de un tiro: por un lado man­ten­drá con­tro­la­do el cole­gio (y al Min­istro infor­ma­do) y sabrá de primera mano todo lo que ocur­ra con lib­er­tad abso­lu­ta de deshac­er todas las medi­das tomadas por el direc­tor, Dum­b­le­dore, y por otro lado, aprovechan­do que será pro­fe­so­ra de Defen­sa con­tra las artes oscuras, hará lo posi­ble para no enseñar abso­lu­ta­mente nada útil en esa asig­natu­ra para que nadie apren­da cómo enfrentarse tan­to a Volde­mort como a los demás mortífa­gos si es que la guer­ra que se pre­vé que ocur­rirá final­mente ocurre. Aten­ción, spoil­er: en el Min­is­te­rio de magia hay más mortífa­gos infil­tra­dos de los que se puede sospechar.

Y el segun­do per­son­aje nue­vo al que quiero hac­er ref­er­en­cia es Luna Love­g­ood, hija del direc­tor del per­iódi­co El Quisquil­loso, que ven­dría a ser el Cuar­to Mile­nio del mun­do mági­co. Cuan­do la conocí a través del libro me encan­tó, pero cuan­do la vi rep­re­sen­ta­da por Evan­na Lynch en la pelícu­la fue… ¡ay! Puede que sea de lo poco fidedig­no que hay en la pelícu­la respec­to al libro. Es una muchacha lista pero extrav­a­gante y difer­ente, pien­sa difer­ente a los demás y ve las cosas de for­ma difer­ente a los demás. Y tal como pasaría en un cole­gio cualquiera (igual que le pasa a Har­ry): todo aquel que es difer­ente es señal­a­do, juz­ga­do y can­dida­to per­fec­to para burlas y quizá tam­bién algo más allá. Es un per­son­aje muy bueno a mi pare­cer, que en oca­siones sirve de apoyo para Har­ry, porque nadie mejor que ella sabe qué se siente al ser crit­i­ca­da y juz­ga­da sin que real­mente nadie ten­ga motivos para ello.

Por últi­mo quiero hac­er ref­er­en­cia al com­por­tamien­to que tiene Har­ry durante la may­or parte del libro con Ron y Hermione, que son real­mente los dos úni­cos ami­gos con los que cuen­ta entre sus com­pañeros. El per­son­aje evolu­ciona, sí, y le aparece el carác­ter que durante los primeros libros parece que no existe, pero por muchos prob­le­mas que ten­gas, por mal que lo estés pasan­do, lo que hace de pagar sus enfa­dos y su frus­tración con los úni­cos que incondi­cional­mente, tan­to en las bue­nas como en las malas le apoy­an, creo que no es la mejor de las deci­siones posi­bles. Pese a ello, en este libro se ve que las bue­nas amis­tades son algo que merece la pena cuidar y con­ser­var, porque aunque sea en un momen­to en que tú no merez­cas que esos ami­gos estén a tu lado, igual­mente seguirán están­do­lo.

Pros y contras

En este caso mi pro va en pack; en primer lugar para la Orden del Fénix, me encan­tó el grupo que for­man, cómo están coor­di­na­dos y quiénes for­man (y algunos que forma­ban) el grupo; en segun­do lugar, para el retorno de Volde­mort, que aunque en el ante­ri­or libro ya se puede ver, su apari­ción este­lar en este libro es por todo lo alto, con una batal­la y un due­lo épi­cos… primero un todos con­tra todos: Mortífa­gos con­tra la Orden del Fénix, y para finalizar un due­lo entre los pesos pesa­dos. La his­to­ria de aquí en ade­lante prom­ete muchísi­mo.

Mi con­tra clara­mente está rela­ciona­do con uno de los spoil­ers que he hecho, así que esto tam­bién debe ser­lo. Aten­ción, spoil­er: lógi­ca­mente me refiero a la muerte de Sir­ius Black, por todo lo que ya he comen­ta­do, me parece injus­ta e innece­saria. Esta­ba de más. Y si Rowl­ing quería cargárse­lo, pues al menos podría haber esper­a­do a que Har­ry pud­iese dis­fru­tar un poco más de él ¿no? No com­prendí esa muerte y creo que no la com­pren­deré nun­ca.

Escudo de Hogwarts

Sigo vivo y estoy de vacaciones

20-VII-2017

Aunque hace tiem­po que no aparez­co por aquí, que sepáis que sigo vivo. Ya lle­vo un tiem­po de vaca­ciones, des­cansa­do; en medio del des­can­so del guer­rero, como dicen, dis­fru­tan­do de unas mere­ci­das vaca­ciones gra­cias al tra­ba­jo bien hecho. Pero has­ta aho­ra no me había acer­ca­do por estos lares a apor­rear las teclas en hon­or de todos aque­l­los que me quier­an leer.

Lo que va de año ha sido bas­tante estre­sante para mí, y para dar mues­tra de ese estrés sólo tenéis que echarle un ojo a la lista de libros que lle­vo leí­dos este año. No os echéis las manos a la cabeza aún, tiene una expli­cación. Como comen­té el año pasa­do: retomé mis estu­dios. Y no sólo los retomé para ter­mi­nar lo que había deja­do a medias, sino que estoy yen­do más allá, a ver si me ayu­da a encon­trar un empleo, al menos, medi­ana­mente bien paga­do. Que aunque la esclav­i­tud se abolió hace años, algunos empre­sar­ios no tiene con­cien­cia de ello.

Este pasa­do cur­so estuve hacien­do un cur­so prepara­to­rio para afrontar las prue­bas de acce­so a gra­do supe­ri­or. Como el ante­ri­or ya había esta­do estu­dian­do, no empecé de cero, ya esta­ba acos­tum­bra­do a estu­di­ar, por así decir­lo, y eso me ayudó bas­tante. El cur­so estu­vo bien, con un niv­el ase­quible para apro­bar si uno se lo cur­ra lo sufi­ciente día a día, y esta­ba bas­tante con­tento… Has­ta que me enteré de que por prue­ba de acce­so, en el gra­do supe­ri­or al que quería entrar, y en el cen­tro en el que lo quería hac­er, nada más había tres vacantes para el cur­so 2017/2018 (me infor­maron de que en el ante­ri­or cur­so hubieron cin­co vacantes). Tres plazas, nada más. Es decir: tenía que sacar, como mín­i­mo, la ter­cera mejor nota de entre todos los que se pre­sen­taran al ciclo que quería estu­di­ar para que me admi­tier­an. El estrés se apoderó de mí y me cen­tré úni­ca­mente en estu­di­ar.

Ya estuve ponién­dome las pilas con los estu­dios antes de que supiera esto, pero a par­tir de entonces bási­ca­mente me cen­tré en eso. Nada más. Porque no quería que después de todo el esfuer­zo no valiese para nada. Tres plazas. Lo veía com­pli­ca­do, pero había que inten­tar­lo. A difer­en­cia del cur­so ante­ri­or no me pre­ocu­pa­ba no apro­bar (si después de lo que esta­ba cur­rán­dome­lo no aprob­a­ba, mere­ci­do lo hubiera tenido), lo que me pre­ocu­pa­ba era no sacar sufi­ciente nota para pasar la nota de corte de mar­ras. Y no dis­fruta­ba de nada más cuan­do des­cans­a­ba; si me ponía a leer o ver series, para­ba a mitad porque mi cere­bro me decía que debería de estar hacien­do cosas pro­duc­ti­vas, que había cosas que debería saber mejor de cara a los exámenes, o inver­tir un poco más de tiem­po en prac­ticar algu­nas otras cosas. Al final, desistí de inten­tar des­cansar demasi­a­do rato, porque ni me cen­tra­ba en des­cansar, ni al final estu­di­a­ba o hacía lo que tuviese que hac­er… Y para tratar de hac­er dos cosas y las dos mal…

Y entre unas cosas y otras nos plan­ta­mos en el día en que tenía que hac­er los exámenes de la prue­ba de acce­so. Igual que el cur­so ante­ri­or: uno tras otro, todo el día con exámenes. La sen­sación que tuve cuan­do salí de hac­er los exámenes fue pési­ma; iba prepara­do para un tipo de exámenes, muy bien prepara­do a mi juicio (y para decir eso yo…), pero la real­i­dad fue que nos tuvi­mos que enfrentar a unos exámenes que para nada tenían que ver con todos los exámenes que habían puesto en las ante­ri­ores con­vo­ca­to­rias… y no pre­cisa­mente recientes… Hablo des­de 2010 has­ta el año pasa­do. Y la suerte que tuve es que esta­ba muy bien prepara­do para los exámenes que pens­a­ba que me iban a pon­er, porque gra­cias a ello pude apañárme­las para hac­er esos que nos pusieron un poco mejor de lo que los habría hecho si no hubiese ido tan bien prepara­do.

Las sen­sa­ciones eran muy malas, como dije… pero parece ser que la suerte es que los demás fueron menos prepara­dos de lo que yo iba. Las notas no fueron de escán­da­lo, pero sí lo son si se com­para respec­to al exa­m­en que pusieron y respec­to a la nota de la inmen­sa may­oría de gente que se pre­sen­tó. En el cen­tro en el que me exam­iné se car­garon a un 58% de la gente que se pre­sen­tó… Y es, por lo que he podi­do ver, uno de los cen­tros de por alrede­dor que mejor por­centa­je de aproba­dos tiene.

Y a lo que iba: mi nota, mi plaza, mis estu­dios… Ter­cera plaza dije que nece­sita­ba, como mín­i­mo, de entre todos los que se pre­sen­tasen a mi ciclo. Pues quienes me seguís por redes sociales esto ya lo sabréis, pero saqué la ter­cera mejor nota… de todos los que se pre­sen­taron en mi cen­tro. Y la segun­da mejor nota de la rama tec­nológ­i­ca (fuck yeah!). Al final eso me llevó a ver que en las lis­tas pro­vi­sion­ales de admi­ti­dos me toca­ba la primera de las plazas vacantes, y tam­bién me llevó a quitarme un peso de enci­ma sabi­en­do que, aunque fue­sen pro­vi­sion­ales, para mí ya era como si fue­sen defin­i­ti­vas.

A estas alturas ya ten­go paga­da la matrícu­la para el próx­i­mo cur­so, ya sé qué día y a qué hora empiezan las clases… Y, aunque sea un pen­samien­to nue­vo, algo que no pen­sé que lle­garía a pen­sar nun­ca: ten­go ganas de que empiecen las clases. Por fin voy a estu­di­ar lo que me gus­ta… atrás quedó eso que lla­man cul­tura gen­er­al y que todo el mun­do tiene que mem­o­rizar y vom­i­tar en los exámenes sin ten­er para nada claro de qué podrá servir eso en el futuro. Por fin estu­di­aré lo que de ver­dad quiero estu­di­ar… Y cada vez tenien­do más claro que, mien­tras pue­da per­mitírme­lo, nun­ca quiero dejar de estu­di­ar de nue­vo. No quiero ten­er que volver a empezar, como el cur­so pasa­do, después de hace muchísi­mos años, habi­en­do per­di­do hábito de estu­dio, y sin­tién­dome un inútil que no sabe si servirá para eso o no. Nun­ca más.

Quiero tam­bién hac­er men­ción a los pro­fe­sores que he tenido este cur­so pasa­do, que igual que con los del ante­ri­or, he tenido muchísi­ma suerte. Han sido la leche, super buen rol­lo, he apren­di­do mucho gra­cias a lo bien que se hacen enten­der y al ambi­ente tan estu­pen­do que había en clase gra­cias tam­bién a que con los com­pañeros tam­bién tuve muy bue­na suerte. Mi vuelta a los estu­dios, sien­do claro, no podía ten­er menos que ver con la eta­pa que pasé cuan­do era pequeño; si las cosas entonces hubiesen sido como aho­ra… otro gal­lo hubiese can­ta­do, y no pre­cisa­mente el que rep­re­sen­tó a España en el últi­mo fes­ti­val de Euro­visión.

Aho­ra sólo que­da ver qué tal va en esta nue­va eta­pa que el día 12 de sep­tiem­bre comen­zará. Os ade­lan­to que es un ciclo for­ma­ti­vo de gra­do supe­ri­or de Desar­rol­lo de apli­ca­ciones mul­ti­platafor­ma (pro­gra­mación, infor­máti­ca); quienes me conocéis un poquito, por el blog, por tuto­ri­ales que he puesto por aquí, pero tam­bién por otros proyec­tos que he ido hacien­do por otras vías, la pro­gra­mación es una de mis pasiones, es una de las cosas que hago, aparte de leer y ver series de tele­visión, cuan­do quiero rela­jarme. Y pen­sar que por fin, si todo sale bien, un papel me acred­i­tará saber parte de lo que ya aprendí como auto­di­dac­ta, y que gra­cias a ello podré optar a tra­ba­jos que aho­ra no están a mi alcance, hacen que afronte este perío­do con las may­ores ganas e ilusión.

¡Seguiré infor­man­do!

Reseña: Frankenstein, de Mary Shelley

28-V-2017

Frankenstein, de Mary Shelley

Frankenstein, de

Páginas: 248ISBN: 9788440725646

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Sinopsis

Franken­stein es una his­to­ria en la que Víc­tor, un joven cien­tí­fi­co, se obse­siona por lograr el may­or reto posi­ble en el mun­do: dar vida a un cuer­po muer­to. Su éxi­to será su con­de­na, la creación de un mon­struo que, en respues­ta a su rec­ha­zo por todos, se entre­ga por com­ple­to a saciar una sed de ven­gan­za hacia su creador, cul­pa­ble de su des­gra­cia, y hacia todo lo que éste ama.

Autora

Mary Shelley

Mary Woll­stonecraft Shel­ley (Lon­dres, Inglater­ra, 1797 — ibí­dem, 1851) fue una nar­rado­ra, dra­matur­ga, ensay­ista, filó­so­fa y bió­grafa británi­ca, recono­ci­da sobre todo por ser la auto­ra de la nov­ela góti­ca Franken­stein (1818). Tam­bién editó y pro­mo­cionó las obras de su esposo, el poeta román­ti­co y filó­so­fo Per­cy Bysshe Shel­ley. Su padre fue el filó­so­fo políti­co William God­win y su madre la filó­so­fa fem­i­nista Mary Woll­stonecraft.

Opinión

Este libro tiene múlti­ples inter­preta­ciones; por un lado, lo que el pro­pio libro cuen­ta, por otro lado, lo que la auto­ra pudo dar a enten­der entre líneas, para que cada lec­tor extraiga sus con­clu­siones. Y éstas, como depen­den de cada lec­tor, pueden ser de lo más vari­adas.

Uno de esos libros inmor­tales, que car­gan a sus espal­das con detrac­tores y admi­radores casi a partes iguales. De esos que empiezo a leer con un poco de respeto pen­san­do en qué podré decir de un libro tan famoso en caso de que no entre den­tro de ese grupo de per­sonas a quienes le encan­tó… pero una vez más, mi med­i­ta­da elec­ción de lec­tura no me ha fal­la­do y he des­cu­bier­to un libro buenísi­mo, cosa que no tenía tan clara cuan­do empecé a leer­lo.

Este libro se divide en dos partes: al prin­ci­pio comien­za una nar­ración epis­to­lar en pasa­do, tan clási­ca de la época, en la que el capitán Robert Wal­ton expli­ca a su her­mana por car­ta la his­to­ria de un náufra­go que encon­tró en alta mar; después esa nar­ración epis­to­lar cam­bia para adjun­tar en esas car­tas la his­to­ria de Víc­tor Franken­stein, en la que será el pro­pio Víc­tor quien cuente de primera mano lo que sucedió des­de el momen­to en que llegó por primera vez a la uni­ver­si­dad ávi­do de nuevos conocimien­tos y de hac­er algo grande en el mun­do de la cien­cia; por últi­mo, otro cam­bio más, en el que ter­mi­na la his­to­ria de la mis­ma for­ma en que la empezó: sien­do el pro­pio Wal­ton quien con­cluye a su man­era la his­to­ria que pre­tende con­tar­le a su her­mana.

El mon­struo de Franken­stein (ojo aquí, que el mon­struo no se lla­ma Franken­stein como pop­u­lar­mente se cree; el mon­struo no tiene nom­bre cono­ci­do y Franken­stein es el apel­li­do de Víc­tor, su creador) según algu­nas inter­preta­ciones podría hac­er ref­er­en­cia a Adán, y Víc­tor, su creador, a Dios… Pero tratan­do de dar­le un enfoque más actu­al y más ale­ja­do de la teología, el mon­struo de Franken­stein podría per­fec­ta­mente ser aquel niño que en el cole­gio no le tratan todo lo bien que deberían, aque­l­la niña a la que tildan de cosas estúp­i­das por no vestir de la for­ma en que se supone que le cor­re­sponde, aquel com­pañero de tra­ba­jo al que todo el mun­do excluye por algún moti­vo, etc. Es aquí donde, como al prin­ci­pio hacía ref­er­en­cia, entra en juego lo que cada lec­tor pue­da inter­pre­tar de las pal­abras de Mary Shel­ley.

En su momen­to ya leí y reseñé El vam­piro (John William Poli­dori, 1819). Para quien no sepa cuál es la conex­ión entre ambas his­to­rias, podría decirse que se ges­taron a la vez en Vil­la Dio­dati, la res­i­den­cia de ver­a­no de lord Byron; fueron dos his­to­rias, pro­duc­to de la imag­i­nación de sus respec­tivos autores, que surgieron como con­se­cuen­cia de una idea en común durante un peri­o­do vaca­cional para crear la his­to­ria más ter­rorí­fi­ca que se les pud­iese ocur­rir. Cuan­do se pre­sen­tó la primera edi­ción de este libro, Mary Shel­ley era la úni­ca que trans­for­mó en real­i­dad lo que surgió de aquel reto, pero más tarde Poli­dori tam­bién pub­licó El vam­piro, aunque más que una nov­ela aquél podría ser con­sid­er­a­do más bien como un rela­to ya que Mary Shel­ley amplió y pro­fun­dizó muchísi­mo más en su his­to­ria.

La his­to­ria me ha encan­ta­do, pero no tiene nada que ver con lo que pop­u­lar­mente se conoce de Franken­stein, como en tan­tas oca­siones sucede con la lit­er­atu­ra y sus pos­te­ri­ores adapta­ciones. El mon­struo prin­ci­pal­mente me ha cau­sa­do lás­ti­ma y me ha hecho empa­ti­zar mucho con él, pero llegó un pun­to en que encon­tré ya exce­si­va su sed de ven­gan­za… la línea que sep­a­ra la víc­ti­ma del ver­dugo es tan fina que puede rebasarse sin que uno se dé cuen­ta.

Es un libro ameno, pero no deja de ten­er el esti­lo clási­co que le cor­re­sponde por la época en que fue escrito: tiene pal­abras rim­bom­bantes y diál­o­gos larguísi­mos, lo cual para alguien acos­tum­bra­do a leer clási­cos no supone prob­le­ma alguno, pero no sé qué tal le sen­taría a alguien que se enfrente a un clási­co por primera vez con este libro. Eso sí, es una his­to­ria que debería leer todo aquel que acos­tum­bre a excluir o a des­pre­ciar a la gente sim­ple­mente porque no son como se entiende que debe de ser todo el mun­do; esos que tienen algu­na rareza, o que tienen gus­tos que se salen de lo habit­u­al, tam­bién mere­cen ser trata­dos como el resto de seres humanos. Esas per­sonas, como el mon­struo de Franken­stein, tam­bién tienen sen­timien­tos y se sien­ten mal, aunque puede que no le importe a nadie cómo se sien­tan.

Espero que os ani­méis a leer­lo, merece la pena ser leí­do.