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Álex de la Iglesia en los Goya 2011

14-II-2011

Los que ven­i­mos sigu­ien­do a Álex de la Igle­sia en Twit­ter (@AlexDeLaIglesia) des­de que empezó todo este embrol­lo de la #LeySinde sabíamos cómo iba a reac­cionar lle­ga­do este día, el día en el que ha par­tic­i­pa­do en la Gala de los Goya como Pres­i­dente de la Acad­e­mia de Cine por últi­ma vez. Como sabéis, tras dim­i­tir públi­ca­mente a través de Twit­ter debido al escán­da­lo, a las dis­crep­an­cias y a todo el sin­sen­ti­do de esta ley total­i­taria, anti democráti­ca y, sobre todo, incon­sti­tu­cional. Sabíamos que hoy nos íbamos a diver­tir cuan­do le escucháramos, pero afir­mo y creo que no me equiv­o­co, ni nue­stros pen­samien­tos más opti­mis­tas se roz­a­ban siquiera la som­bra de lo que real­mente ha sido este dis­cur­so, para la his­to­ria. Ha sido, clara­mente, la voz del pueblo español en una gala a la que no podemos ten­er acce­so. Ha sido quien, afor­tu­nada­mente, ha impuesto la parte de cor­du­ra que debía ten­er la gala. Y tam­bién, por qué no decir­lo, segu­ra­mente el más per­ju­di­ca­do de todos los que allí se daban lugar, pese a ir con la ver­dad por delante. Sea como sea, ojalá le vaya boni­to en lo que a par­tir de aho­ra le depare.

Como inter­net es com­par­tir, y pese a que en YouTube vayan elim­i­nan­do todos los vídeos que se suben con el dis­cur­so de esta per­sona a la que, des­de hoy, ya con­sidero uno de mis ído­los, os dejo un «regal­i­to» en Megavideo que seguro os gus­tará y seguro que nadie lo qui­ta. 😉

Y para que quede in memo­ri­am, quiero hac­er una tran­scrip­ción del guión de Álex de la Igle­sia en la Gala de los Goya de 2011. No sin antes, dar­le las gra­cias a algún becario de El País que se ha toma­do la moles­tia de tran­scribir­lo por mí. Y dice así:

Bue­nas noches:

El día de hoy ha lle­ga­do porque hace 25 años, doce pro­fe­sion­ales de nue­stro cine, en medio de una cri­sis tan grave como la nues­tra, cam­i­naron jun­tos a pesar de sus difer­en­cias. Quiero empezar este dis­cur­so felic­i­tan­do a los fun­dadores de la Acad­e­mia.

No sólo ellos, sino todos los que me han pre­ce­di­do en esta insti­tu­ción, vicepres­i­dentes, miem­bros de las jun­tas direc­ti­vas y el con­jun­to de los académi­cos, nos han traí­do esta noche aquí, al Teatro Real, para cel­e­brar el 25º aniver­sario de la Acad­e­mia de las Artes y las Cien­cias Cin­e­matográ­fi­cas y la exis­ten­cia mis­ma de los pre­mios Goya. A todos, muchísi­mas gra­cias.

Puede pare­cer que lleg­amos a este día sep­a­ra­dos, con pun­tos de vista difer­entes en temas fun­da­men­tales. Es el resul­ta­do de la lucha de cada uno por sus con­vic­ciones. Y nada más. Porque en real­i­dad, todos esta­mos en lo mis­mo, que es la defen­sa del cine. Quiero por ello felic­i­tar y agrade­cer a todos los que estáis aquí, por cam­i­nar jun­tos en la difer­en­cia, y has­ta en la diver­gen­cia.

Hace­mos mucho rui­do, pero es que esta vez, hay muchas nue­ces. El choque de pos­turas es siem­pre aparatoso y tras él surge una nube de humo que impi­de ver con clar­i­dad. Pero la dis­cusión no es en vano, no es frívola y no es pre­cip­i­ta­da.

No podemos olvi­dar lo más impor­tante, el meol­lo del asun­to. Somos parte de un Todo y no somos nadie sin ese Todo. Una pelícu­la no es pelícu­la has­ta que alguien se sien­ta delante y la ve. La esen­cia del cine se define por dos con­cep­tos: una pan­talla, y una gente que la dis­fru­ta. Sin públi­co esto no tiene sen­ti­do. No podemos olvi­dar eso jamás.

Una pelícu­la no es pelícu­la has­ta que alguien se sien­ta delante y la ve. La esen­cia del cine se define por dos con­cep­tos: una pan­talla, y una gente que la dis­fru­ta. Sin públi­co esto no tiene sen­ti­do.

Dicen que he provo­ca­do una cri­sis. Cri­sis, en griego, sig­nifi­ca “cam­bio”. Y el cam­bio es acción. Esta­mos en un pun­to de no retorno y es el momen­to de actu­ar. No hay mar­cha atrás. De las deci­siones que se tomen aho­ra depen­derá todo. Nada de lo que valía antes, vale ya. Las reglas del juego han cam­bi­a­do.

Hace 25 años, quienes se ded­i­ca­ban a nue­stro ofi­cio jamás hubier­an imag­i­na­do que algo lla­ma­do inter­net rev­olu­cionaría el mer­ca­do del cine de esta for­ma y que el que se vier­an o no nues­tras pelícu­las no iba a ser sólo cuestión de lle­var al públi­co a las salas.

Inter­net no es el futuro, como algunos creen. Inter­net es el pre­sente. Inter­net es la man­era de comu­ni­carse, de com­par­tir infor­ma­ción, entreten­imien­to y cul­tura que uti­lizan cien­tos de mil­lones de per­sonas. Inter­net es parte de nues­tras vidas y la nue­va ven­tana que nos abre la mente al mun­do. A los inter­nau­tas no les gus­ta que les lla­men así. Ellos son ciu­dadanos, son sen­cil­la­mente gente, son nue­stro públi­co.

A los inter­nau­tas no les gus­ta que les lla­men así. Ellos son ciu­dadanos, son sen­cil­la­mente gente, son nue­stro públi­co.

Ese públi­co que hemos per­di­do, no va al cine porque está delante de una pan­talla de orde­nador. Quiero decir clara­mente que no ten­emos miedo a inter­net, porque inter­net es, pre­cisa­mente, la sal­vación de nue­stro cine.

Sólo ganare­mos al futuro si somos nosotros los que cam­bi­amos, los que inno­va­mos, ade­lan­tán­donos con prop­ues­tas imag­i­na­ti­vas, cre­ati­vas, apor­tan­do un nue­vo mod­e­lo de mer­ca­do que ten­ga en cuen­ta a todos los impli­ca­dos: Autores, pro­duc­tores, dis­tribuidores, exhibidores, pági­nas web, servi­dores, y usuar­ios. Se nece­si­ta una cri­sis, un cam­bio, para poder avan­zar hacia un nue­va man­era de enten­der el nego­cio del cine.

Ten­emos que pen­sar en nue­stros dere­chos, por supuesto, pero no olvi­dar nun­ca nues­tras obliga­ciones. Ten­emos una respon­s­abil­i­dad moral para con el públi­co. No se nos puede olvi­dar algo esen­cial: hace­mos cine porque los ciu­dadanos nos per­miten hac­er­lo, y les debe­mos respeto, y agradec­imien­to.

Las pelícu­las de las que hablam­os esta noche son la prue­ba de que en este país nos dejamos la piel tra­ba­jan­do. Sin embar­go, el mis­mo esfuer­zo o may­or hicieron tan­tas otras pelícu­las que nos han lle­ga­do a los sobres de las can­di­dat­uras. Ellos tam­bién se mere­cen estar aquí, porque han tra­ba­ja­do igual de duro que nosotros.

Quiero des­pedirme en mi últi­ma gala como pres­i­dente, recor­dan­do a todos los can­didatos a los Goya tan sólo una cosa: qué más da ganar o perder si podemos hac­er cine, tra­ba­jar en lo que más nos gus­ta. No hay nada mejor que sen­tirse libre cre­an­do, y com­par­tir esa ale­gría con los demás. Somos cineas­tas, con­ta­mos his­to­rias, creamos mun­dos para que el espec­ta­dor viva en ellos. Somos más de 30.000 per­sonas que tienen la inmen­sa suerte de vivir fab­ri­can­do sueños. Ten­emos que estar a la altura del priv­i­le­gio que la sociedad nos ofrece.

Yo creo, con toda humil­dad, que si quer­e­mos que nos respe­ten, hay que respetar primero.

Si quer­e­mos que nos respe­ten, hay que respetar primero.

Y por últi­mo, me gus­taría con­tar­le algo al próx­i­mo Pres­i­dente de la acad­e­mia, que ya me cae bien, sea quien sea: estos han sido los dos años más felices de mi vida. He cono­ci­do gente mar­avil­losa de todos los sec­tores de la indus­tria. He vis­to los prob­le­mas des­de pun­tos de vista nuevos para mí, lo que me ha enrique­ci­do y me ha hecho mejor de lo que era. He com­pro­ba­do que tra­ba­jar para los demás es una expe­ri­en­cia extra­or­di­nar­ia por muy duro que resulte en un prin­ci­pio, y sobre todo: han pasa­do 25 años muy buenos, pero nos quedan muchos más, y seguro que serán mejores.

Bue­nas noches.

¿Has encontrado algún error en el texto anterior? Me ayudarías mucho si lo reportaras.

1 comentario

  1. […] Álex de la Igle­sia nos tiene acos­tum­bra­dos a su sapi­en­cia gen­er­al y, conc­re­ta­mente, a su bas­to conocimien­to en lo que a quienes deam­bu­lam­os fre­cuente­mente por inter­net se refiere. Y una vez más, no decep­cionó. Para hac­er todavía más grande la som­bra que cubrirá por com­ple­to a todos los que ven­gan tras el que, para muchos, ha sido el mejor pres­i­dente de la Acad­e­mia de Cine de España. Dirige las sigu­ientes pal­abras a su pre­de­ce­sor. […] Inter­net no es, y espero que este­mos todos de acuer­do, tan solo un nido de piratas. Nadie, en el mun­do de los pro­fe­sion­ales de la red, en estos dos años de debates, dis­cu­siones y colo­quios, nadie, repi­to, defiende el todo gratis. Nadie defiende al que se lucra ile­gal­mente con el tra­ba­jo de los demás. Aho­ra bien, seamos sin­ceros, ¿cuál es la ofer­ta legal? Prác­ti­ca­mente nula, si con­sid­er­amos la urgen­cia de la deman­da. Las excep­ciones (Youzee, Wua­ki, Vod­dler, Cineclick y Filmin, extra­or­di­nario esfuer­zo de Juan Car­los Tous) demues­tran que es posi­ble y que los valientes abren camino, pero des­de luego no es sufi­ciente. ¿Podemos exi­gir respon­s­abil­i­dades y lamen­tarnos de nues­tras pér­di­das si nues­tra tien­da vir­tu­al per­manece cer­ra­da? ¿Podemos decir que inter­net no es una alter­na­ti­va al nego­cio del cine cuan­do ni tan siquiera lo hemos inten­ta­do? ¿No somos respon­s­ables de no saber adap­tarnos a las necesi­dades del mer­ca­do? ¿Cuan­to tiem­po vamos a esper­ar? […] […]

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