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Reseña: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick

23-XII-2014

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick

¿Sue­ñan los androi­des con ove­jas eléc­tri­cas?, de

Me ha cos­ta­do un mon­tón leer­me este libro; no todo es cul­pa de la nove­la, pero par­te de cul­pa sí ha teni­do. Mi rela­ción con este tipo de libros es casi amor-odio; o se cru­za en mi cami­no un libro que me enamo­ra y me deja alu­ci­nan­do de lo genial que me ha pare­ci­do, o pasa indi­fe­ren­te por mi vida. No sé de qué depen­de que me gus­ten o no, pero pare­ce haber una fina línea que pue­de cru­zar­se muy fácil­men­te.

El prin­ci­pio me resul­tó bas­tan­te abu­rri­do, no obs­tan­te, la cali­dad de la narra­ción me pare­ció muy bue­na y por eso deci­dí dar­le una opor­tu­ni­dad sin dejar­lo apar­ta­do en mi lis­ta de libros aban­do­na­dos. Hay veces que con estas deci­sio­nes se acier­ta; en otras oca­sio­nes no. El libro mejo­ró des­de que le di la opor­tu­ni­dad, pero para ser sin­ce­ro no sería un libro que vol­vie­ra a leer. Pasa­dos los capí­tu­los que me abu­rrie­ron des­pués veo una his­to­ria bas­tan­te flo­ja, y que por sí mis­ma pue­do decir como mucho que es ame­na y sien­do bas­tan­te bené­vo­lo.

Algo que sí me gus­tó, pese a lo nega­ti­vo que tam­bién con­lle­va esto —dicho­sa manía de no haber «pro» sin «con­tra»—, es que en la épo­ca a la que avan­za el libro los huma­nos ya no aban­do­na­mos ani­ma­les; todo el mun­do ansía tener uno y son tra­ta­dos como los seres espe­cia­les que son, aun­que aho­ra mis­mo pare­ce que hay quie­nes toda­vía no se dan cuen­ta. La par­te nega­ti­va de ésto es que son tan espe­cia­les por­que prác­ti­ca­men­te se han extin­gui­do —qui­zá debi­do a la for­ma que tene­mos en la actua­li­dad de tra­tar­los—, los pocos que hay cues­tan una for­tu­na, y los menos pudien­tes deben con­for­mar­se con répli­cas elec­tró­ni­cas para eva­dir­se de los pro­ble­mas que noso­tros mis­mos hemos pro­vo­ca­do.

No me extra­ña esto últi­mo, los huma­nos somos tan estú­pi­dos en la reali­dad como lo plas­ma Phi­lip K. Dick en la nove­la; somos capa­ces de estar aca­ban­do con noso­tros mis­mos —que de hecho, ocu­rre siem­pre—, dar­nos cuen­ta, y pese a ello seguir actuan­do de la mis­ma mane­ra. Lo malo es que la raza de androi­des que plan­tea el sr. Dick en esta nove­la no son mucho mejor que noso­tros.

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