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Reseña: Cuentos de Navidad, de Charles Dickens

6-I-2017

Cuentos de Navidad, de Charles Dickens

Cuentos de Navidad, de

Páginas: 477ISBN: 9788491052043

Comprar: papel ebook Editorial: Penguin Clásicos ficha del libro

Sinopsis

La iden­ti­fi­ca­ción de Dic­kens (1812-1870) con la Navi­dad es tal que en algu­na oca­sión se ha lle­ga­do a decir que Dic­kens inven­tó la Navi­dad tal y como la ima­gi­na­mos hoy, e inclu­so que Dic­kens es la Navi­dad.

El pre­sen­te volu­men reúne diez de las mejo­res his­to­rias navi­de­ñas que nos dejó. La mayo­ría son rela­tos pura­men­te dic­ken­sia­nos, para leer o escu­char al amor de la chi­me­nea: cemen­te­rios lúgu­bres, cole­gios pobres, la vida del Lon­dres vic­to­ria­no y algu­nas sor­pren­den­tes aven­tu­ras en mares ates­ta­dos de pira­tas. Todos con el toque exac­to de humor iró­ni­co, fan­ta­sía, feli­ci­dad domés­ti­ca y el des­ti­no que tra­ta a cada uno según mere­ce.

Autor

Charles Dickens

Char­les John Huf­fam Dic­kens (Por­ts­mouth, Ingla­te­rra, Reino Uni­do, 1812 - Hig­ham, Kent, Ingla­te­rra, Reino Uni­do, 1870) fue un des­ta­ca­do escri­tor y nove­lis­ta inglés, uno de los más cono­ci­dos de la lite­ra­tu­ra uni­ver­sal, y el más sobre­sa­lien­te de la era vic­to­ria­na. Fue maes­tro del géne­ro narra­ti­vo, al que impri­mió cier­tas dosis de humor e iro­nía, prac­ti­can­do a la vez una agu­da crí­ti­ca social. En su obra des­ta­can las des­crip­cio­nes de per­so­nas y luga­res, tan­to reales como ima­gi­na­rios. En oca­sio­nes, uti­li­zó el seu­dó­ni­mo Boz. A los doce años, el encar­ce­la­mien­to de su padre por deu­das lo obli­gó a poner­se a tra­ba­jar en una fábri­ca de betún. Su edu­ca­ción fue irre­gu­lar: apren­dió por su cuen­ta taqui­gra­fía, tra­ba­jó como ayu­dan­te en el bufe­te de un abo­ga­do y final­men­te fue corres­pon­sal par­la­men­ta­rio del Mor­ning Chro­ni­cle. Sus artícu­los, lue­go reco­gi­dos en Esce­nas de la vida de Lon­dres por «Boz» (1836-1837), tuvie­ron gran éxi­to y, con la apa­ri­ción de Los pape­les pós­tu­mos del Club Pick­wick (1836-1837), Dic­kens se con­vir­tió en un autén­ti­co fenó­me­no edi­to­rial. Nove­las como Oli­ver Twist (1837-1839), Nicho­las Nic­kleby (1838-1839) o Bar­naby Rud­ge (1841) alcan­za­ron enor­me popu­la­ri­dad, así como algu­nas cró­ni­cas de via­jes, como Estam­pas de Ita­lia (1846). Con Dom­bey e hijo (1846-1848) ini­ció su épo­ca de madu­rez, de la que son bue­nos ejem­plos David Cop­per­field (1849-1850), su pri­me­ra nove­la en pri­me­ra per­so­na y su favo­ri­ta, en la que desa­rro­lló algu­nos epi­so­dios auto­bio­grá­fi­cos; La casa lúgu­bre (1852-1853); La peque­ña Dorrit (1855-1857), His­to­ria de dos ciu­da­des (1859), Gran­des espe­ran­zas (1860-1861) y Nues­tro ami­go común (1864-1865).

Opinión

La edi­ción que leí y rese­ño es una anto­lo­gía que inclu­ye el archi­co­no­ci­do rela­to Can­ción de Navi­dad, pero tam­bién otros cua­tro que tam­bién guar­dan rela­ción la épo­ca navi­de­ña: Las cam­pa­nas, El gri­llo del hogar, La bata­lla de la vida y El hechi­za­do.

Antes de seguir la rese­ña he de decir a qué se debe una pun­tua­ción tan baja: es el pri­mer libro aban­do­na­do de 2017, no he sido capaz de ter­mi­nar­lo; es cier­to que no estoy con muchas ganas de nada estos días, y que esta épo­ca no cau­sa en mí la mayor feli­ci­dad del mun­do, pero que el libro que esté leyen­do toda­vía lo fas­ti­die todo más… no. Entre unas cosas y otras no he teni­do mucho tiem­po para leer estas navi­da­des (mi inten­ción era empe­zar­lo y ter­mi­nar­lo en este perío­do), pero cuan­do lo tenía se me ocu­rrían mil cosas más ape­te­ci­bles que poner­me a leer este libro… tales como ver vídeos de cuchi­llos a mil gra­dos o de pren­sas hidráu­li­cas en You­Tu­be, todo un boom este final de año 2016.

Leí Can­ción de Navi­dad y me encan­tó, es un rela­to mara­vi­llo­so, muy tier­no y que, por momen­tos, con­si­gue que los que somos un pelín misán­tro­pos nos olvi­de­mos de todo ello duran­te la lec­tu­ra y dis­fru­te­mos de un cam­bio tan drás­ti­co y meri­to­rio en un ser tan asque­ro­so como Ebe­ne­zer Scroo­ge. Sabía que éste era un buen rela­to, aun­que mis expec­ta­ti­vas res­pec­to a él no eran exce­si­va­men­te altas, por­que tam­po­co sabía del todo cómo iba a ser, y me dejó un mara­vi­llo­so sabor de boca. Como no soy muy fan de estas fechas, no he leí­do rela­tos de temá­ti­ca navi­de­ña, pero sin duda creo que no habrán muchos que pue­dan supe­rar a este, ni en narra­ción, ni en lo ame­no que es, ni en lo tier­no, ni en cómo dis­fru­té leyén­do­lo.

Pero no todo iba a ser tan bue­no, si no no ten­dría una pun­tua­ción tan baja y no lo hubie­ra deja­do a medias. Podría decir, para decir­lo de for­ma sua­ve, que el res­to de los rela­tos que acom­pa­ñan a Can­ción de Navi­dad no tie­nen nada que ver con éste; o al menos Las cam­pa­nas y El gri­llo del hogar (este últi­mo ni lo ter­mi­né), qui­zá algu­no de los otros dos sean una pasa­da, pero lo voy a dudar de ante­ma­no y no me atre­ví a pro­bar suer­te con ellos.

En cuan­to al libro en gene­ral, como es el pri­mer libro que leo de Dic­kens no pudo saber si es algo habi­tual en él o no, pero en estas his­to­rias me ha gus­ta­do mucho que la voz del narra­dor, entre la pro­pia narra­ción, tam­bién hace peque­ños parén­te­sis (que a veces están entre parén­te­sis y a veces no) dan­do su opi­nión sobre lo que esté des­cri­biendo o con­tan­do; da sen­sa­ción como de estar entre ami­gos, como si alguien a quien cono­ces estu­vie­se con­tán­do­te una his­to­ria y entre medias tam­bién aña­die­se su pro­pia opi­nión sobre los hechos. Rom­pe la mono­to­nía de la narra­ción cuan­do no hay dema­sia­dos diá­lo­gos inte­rrum­pién­do­la.

Qui­zá no haya sido la mejor elec­ción para empe­zar a leer a Dic­kens, aun­que si me hubie­ra decan­ta­do por leer algu­na edi­ción de las que úni­ca­men­te con­tie­nen Can­ción de Navi­dad, sin el res­to de rela­tos, aho­ra esta­ría con el hype por las nubes. Pro­me­to dar­le otra opor­tu­ni­dad con algu­no de sus otros múl­ti­ples libros que escri­bió, ya que la idea de jun­tar todos estos rela­tos en una anto­lo­gía par­te uni­la­te­ral­men­te de una edi­to­rial y no fue Dic­kens quien con­ci­bió Can­ción de Navi­dad para ir acom­pa­ña­do de otros tan­tos rela­tos más en una anto­lo­gía.

No obs­tan­te, para con­cluir, me cen­tra­ré en los dos rela­tos que he leí­do ínte­gros, pri­me­ro Las cam­pa­nas y des­pués Can­ción de Navi­dad (por aque­llo de ter­mi­nar la rese­ña dejan­do un buen sabor de boca), y haré una bre­ve rese­ña sobre ellos.

Las campanas

Aun­que la his­to­ria no tie­ne nada que ver, las cam­pa­nas son una par­te fun­da­men­tal de este rela­to, como bien indi­ca su títu­lo; y tam­bién lo son de uno de los rela­tos que más me han impac­ta­do de cuan­tos he leí­do: El mon­te de las áni­mas (Béc­quer, 1861), así que por esa par­te ya tenía bas­tan­te terre­no gana­do para que me gus­ta­se esta his­to­ria… pero que­dó en el inten­to. Me ha lle­va­do más tiem­po del desea­ble aca­bar este rela­to; y sí, tam­bién por fal­ta de tiem­po para leer, pero no sólo eso, por­que el tiem­po que tenía para leer pre­fe­ría inver­tir­lo hacien­do cual­quier otra cosa a leer este rela­to. Can­ción de Navi­dad es un rela­to exce­len­te, y en com­pa­ra­ción con ése, enfren­tar­me a este segun­do… pues no ha sido lo mis­mo, ni lo más pla­cen­te­ro que se me ocu­rre. Atrás dejo algu­nos de los per­so­na­jes de este rela­to, como Toby Veck, Meg, Richard, Will Fern y Lilian Fern, que con toda segu­ri­dad más pron­to que tar­de se per­de­rán en el más pro­fun­do olvi­do.

Canción de Navidad

Creo que, aun­que no se haya leí­do este libro ni vis­to nin­gu­na de las adap­ta­cio­nes cine­ma­to­grá­fi­cas, ni refe­ren­cias a esta his­to­ria en otro tipo de pelí­cu­las ni series de tele­vi­sión o pro­gra­mas (y ya es mucho decir), se cono­ce­rá de sobra eso de los tres fan­tas­mas: el Fan­tas­ma de la Navi­dad del Pasa­do, el Fan­tas­ma de la Navi­dad del Pre­sen­te y el Fan­tas­ma de la Navi­dad Veni­de­ra (o al menos así es como les nom­bran en la edi­ción que yo leí). Y cono­cer esto, y más o menos el papel que repre­sen­tan está muy bien, pero no tie­ne ni pun­to de com­pa­ra­ción a lo que se sien­te leyen­do a Dic­kens y el amor con el que recrea cada esce­na. En la his­to­ria cono­ce­mos a Ebe­ne­zer Scroo­ge (y par­te de su fami­lia, más su emplea­do y la fami­lia de éste, entre otros per­so­na­jes menos rele­van­tes) y a Jacob Mar­ley que empie­za la his­to­ria estan­do muer­to y bien muer­to, más seco que la moja­ma, tie­so, a pun­to de ser pas­to de gusa­nos… ¡y eso tie­ne que que­dar bien cla­ro! (si habéis leí­do el rela­to sabréis por qué digo esto; y no es por­que esté loco). Pues resul­ta que al señor Scroo­ge no le gus­ta nada, ni nadie, y menos una épo­ca en la que la gen­te sue­le estar feliz, como la Navi­dad; a él sólo le impor­ta su dine­ro. Y estos fan­tas­mas le mues­tran una reali­dad que él no ve, o más bien creo que no quie­re ver. De cómo no sólo es que él esté mal sino que por su cul­pa, por su taca­ñe­ría, por sus malas for­mas, tam­bién hay gen­te que lo pasa mal aun­que le pon­gan bue­na cara al asun­to (como su emplea­do, por ejem­plo). Estos fan­tas­mas le mues­tran cómo fue, cómo es y cómo será la vida; y las cosas que le mues­tran no le gus­tan en abso­lu­to… de hecho, le gus­tan tan poco, que cuan­do ter­mi­na esa expe­rien­cia, y des­pués de tan­tos recuer­dos y ver tan malos momen­tos, de la opi­nión que tie­ne la gen­te de él, etc, da un cam­bio drás­ti­co y se preo­cu­pa más de ser feliz y de hacer feliz al res­to que de cual­quier otra cosa. Mucha gen­te debe­ría de leer este rela­to; ade­más de por lo bien escri­to que está y lo entre­te­ni­do que es, por­que cos­tan­do tan poco hacer feliz a una per­so­na, inclu­so a un des­co­no­ci­do con el que te cru­ces por la calle (y ya no hablo de dine­ro ni de nin­gún bien: algo mucho más sen­ci­llo como una son­ri­sa), ¿por qué no nos preo­cu­pa­mos más de la feli­ci­dad de las per­so­nas que nos rodean a dia­rio y menos de per­ju­di­car­las y de dis­fru­tar del daño aje­no?

Libros leídos durante 2016

31-XII-2016

El año pasa­do por estas fechas esta­ba de enho­ra­bue­na por­que el recuen­to de libros leí­dos duran­te 2015 había sido de 40 libros. Todo un récord que… este año he podi­do batir y sin siquie­ra habér­me­lo pro­pues­to: 47 libros leí­dos, aun­que de for­ma bas­tan­te irre­gu­lar… en vera­no sobre todo (en julio no leí nada) pen­sé que no iba a con­se­guir leer ni siquie­ra 30.

Mi obje­ti­vo anual siem­pre es, y por el momen­to será, de 30 libros; a par­tir de ahí, si es que se supera, todo lo que ven­ga bien­ve­ni­do sea. Es un reto que he super­ado varios años y que me veo capa­ci­ta­do para con­se­guir­lo, así que en reali­dad lla­mar­lo reto se le que­da un pelín gran­de. Aun­que todo esto sea dicho des­de una visión opti­mis­ta y sin entrar a valo­rar fac­to­res exter­nos ines­pe­ra­dos que pue­dan hacer que, por ejem­plo, pases un tiem­po lar­go sin leer nada.

No obs­tan­te, aun­que haya lle­ga­do a pen­sar que no iba a con­se­guir­lo, no sólo lo he con­se­gui­do sino que he bati­do mi pro­pio récord del año pasa­do. Os dejo con la lis­ta de libros leí­dos, sepa­ra­dos por los meses en los que leí cada uno de ellos.

    Enero

  1. Flo­wers for Alger­non, by Daniel Keyes (relec­tu­ra en inglés, pue­des leer mi rese­ña en espa­ñol).
  2. Ful­gor, de Manel Lou­rei­ro.
  3. De una vida a otra, de Fer­nan­do Del­ga­do.
  4. Los guar­dia­nes de la his­to­ria, de Eli­sa­bet­ta Camet­ti.
  5. Pron­to será de noche, de Jesús Caña­das.
  6. Febrero

  7. El bos­que de los inocen­tes, de Gra­zie­lla More­no.
  8. Géne­sis, de Ber­nard Bec­kett.
  9. El nom­bre del vien­to, de Patrick Roth­fuss.
  10. El dia­rio de Brid­get Jones, de Helen Fiel­ding.
  11. El hom­bre que arre­gla­ba las bici­cle­tas, de Ángel Gil Che­za.
  12. Marzo

  13. El res­plan­dor, de Step­hen King.
  14. El vam­pi­ro, de John William Poli­do­ri (leí­do en inglés).
  15. Nie­bla, de Miguel de Una­mu­no.
  16. Cyra­no de Ber­ge­rac, de Edmond Ros­tand.
  17. Con­tra el vien­to del nor­te, de Daniel Glat­tauer.
  18. Abril

  19. Mind the gap, de Nacho Iri­bar­ne­ga­ray.
  20. Oscu­ro, de Teo Rodrí­guez.
  21. Mayo

  22. Bue­nos pre­sa­gios, de Neil Gai­man y Terry Prat­chett.
  23. La isla de Ali­ce, de Daniel Sán­chez Aré­va­lo.
  24. Los besos en el pan, de Almu­de­na Gran­des.
  25. Junio

  26. El Zorro, de Isa­bel Allen­de.
  27. Don Qui­jo­te de la Man­cha, de Miguel de Cer­van­tes.
  28. El anti­cris­to, de Frie­dri­ch Nietz­sche (no me veo capa­ci­ta­do para rese­ñar este libro).
  29. Agosto

  30. El libro prohi­bi­do, de Chris­tian Jacq.
  31. El umbral de la noche, de Step­hen King.
  32. Ali­cia en el país de las mara­vi­llas, de Lewis Carro­ll.
  33. Ali­cia en el país de las mara­vi­llas, de Lewis Carro­ll (rese­ña­do A tra­vés del espe­jo y La caza del Snark).
  34. Septiembre

  35. Ins­tru­men­tal, de James Rho­des.
  36. Luces en el mar, de Miquel Rei­na.
  37. El extra­ño caso del Dr. Jeky­ll y Mr. Hyde, de Robert Louis Ste­ven­son.
  38. Diez negri­tos, de Agat­ha Chris­tie.
  39. El color de la magia, de Terry Prat­chett.
  40. Tie­nes has­ta las 10, de Fran­cis­co Cas­tro.
  41. Octubre

  42. Momo, de Michael Ende.
  43. Un mons­truo vie­ne a ver­me, de Patrick Ness.
  44. Una his­to­ria de la gue­rra civil que no va a gus­tar a nadie, de Juan Esla­va Galán.
  45. Blan­ca­nie­ves, de Jacob y Wil­helm Grimm.
  46. Las bru­jas, de Roald Dahl.
  47. Harry Pot­ter y la cáma­ra secre­ta, de J. K. Row­ling.
  48. El silen­cio de la ciu­dad blan­ca, de Eva Gar­cía Sáenz de Urtu­ri.
  49. Noviembre

  50. Píde­le pape­les a San­ta Sim­pa, de Mar­tín Zeke Ochoa.
  51. Una edad difí­cil, de Anna Sta­ro­bi­nets.
  52. Vein­ti­cua­tro horas en la vida de una mujer, de Ste­fan Zweig.
  53. Peter Pan, de James M. Barrie.
  54. 1984, de Geor­ge Orwe­ll.
  55. Diciembre

  56. Harry Pot­ter y el pri­sio­ne­ro de Azka­ban, de J. K. Row­ling.
  57. El señor de las mos­cas, de William Gol­ding.
2016
100%

Por segun­do año con­se­cu­ti­vo Goo­dreads ofre­ce una opción para ave­ri­guar unas cuan­tas esta­dís­ti­cas sobre las lec­tu­ras del año, así que ahí van unos cuan­tos núme­ros y datos curio­sos. El libro más lar­go que leí este año, como era de espe­rar, fue: Don Qui­jo­te de la Man­cha (Miguel de Cer­van­tes, 1605), con 1376 pági­nas en mi edi­ción; en cam­bio, el libro más cor­to que leí fue: El vam­pi­ro (John William Poli­do­ri, 1819); la media de pági­nas por libro entre todos los libros leí­dos es de 343; el libro más popu­lar de los que leí, basán­do­se en las rese­ñas y pun­tua­cio­nes que los lec­to­res dejan en Goo­dreads, y que fue una relec­tu­ra en reali­dad, fue: 1984 (Geor­ge Orwe­ll, 1949); y el menos popu­lar, que lle­gó a mis manos gra­cias al club de lec­tu­ra, fue: De una vida a otra (Fer­nan­do Del­ga­do, 2009).

Apar­te del reto prin­ci­pal de lec­tu­ra par­ti­ci­pé en otro más; me di cuen­ta de que aun­que cada año leía libros clá­si­cos, en com­pa­ra­ción con los con­tem­po­rá­neos era un núme­ro muy infe­rior, así que tam­bién me apun­té al reto 12 meses, 12 clá­si­cos, que orga­ni­zó Isa de Océa­nos de pági­nas, con el que tenía que hacer todo lo posi­ble para leer un clá­si­co por mes duran­te todo el año. Dado mi rit­mo habi­tual de lec­tu­ra vi que era un reto asu­mi­ble y, aun­que como ya comen­té antes, en vera­no tam­bién hubo un tiem­po en que pen­sé que no lo con­se­gui­ría, pero no sólo con­se­guí leer 12 clá­si­cos sino que al final fue­ron 16 los que leí.

Así que en cuan­to a libros leí­dos y dis­fru­ta­dos (prin­ci­pal esto últi­mo) se pue­de decir que ha sido un buen año, aun­que sea en lo poco que pue­da decir que 2016 ha sido bue­no.

Y para los curio­sos, tam­bién podéis echar­le un ojo a los libros que leí en 2015, 2014, 2013 y 2012.

Reseña: El señor de las moscas, de William Golding

19-XII-2016

El señor de las moscas, de William Golding

El señor de las moscas, de

Páginas: 249ISBN: 9788420634111

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Sinopsis

Una trein­te­na de mucha­chos son los úni­cos super­vi­vien­tes de un nau­fra­gio en el que pere­cen todos los adul­tos. Ense­gui­da se plan­tea cómo sobre­vi­vir en tales con­di­cio­nes, y no tar­dan en crear­se dos gru­pos con sus res­pec­ti­vos líde­res. Ralph se con­vier­te en el cabe­ci­lla de quie­nes están dis­pues­tos a cons­truir refu­gios y a reco­lec­tar, mien­tras que Jack se con­vier­te en el jefe de los caza­do­res, ani­ma­dos por un espí­ri­tu más aven­tu­re­ro. Las ten­sio­nes entre ambos ban­dos desem­bo­can en un enfren­ta­mien­to que se resuel­ve en un baño de san­gre. El señor de las mos­cas es un nom­bre para el mal en la cul­tu­ra judía, y este es uno de los temas prin­ci­pa­les de la nove­la, jun­to con la con­tra­po­si­ción entre civi­li­za­ción y bar­ba­rie y la vali­dez de la dis­ci­pli­na, entre otros muchos.

Autor

William Golding

Sir William Gerald Gol­ding (New­quay, Cor­nua­lles, Ingla­te­rra, Reino Uni­do, 1911 - Perra­na­wort­hal, Cor­nua­lles, Ingla­te­rra, Reino Uni­do, 1993) fue un nove­lis­ta y poe­ta bri­tá­ni­co, galar­do­na­do con el pre­mio Nobel de lite­ra­tu­ra en 1983, cono­ci­do espe­cial­men­te por su obra El señor de las mos­cas (1954), que tras­to­có por com­ple­to el pano­ra­ma lite­ra­rio de su épo­ca y se con­vir­tió en muy poco tiem­po en todo un clá­si­co con­tem­po­rá­neo. Pos­te­rior­men­te publi­có las nove­las Los here­de­ros (1955), Mar­tín el náu­fra­go (1956), Caí­da libre (1959) y Ritos de paso (1980), entre otras. Es autor ade­más de algu­nas obras tea­tra­les y un volu­men de poe­mas.

Opinión

Creo que es difí­cil que no ron­de nues­tros pen­sa­mien­tos mien­tras se lee este libro la pelí­cu­la por exce­len­cia sobre un nau­fra­gio: Náu­fra­go (Robert Zemec­kis, 2000). Pero en esta, a dife­ren­cia de El señor de las mos­cas, Chuck Noland (Tom Hanks) nau­fra­ga solo… Homo homi­ni lupus. No es des­ca­be­lla­do pen­sar que Tom Hanks se pro­cu­ró una mejor estan­cia en aque­lla isla si tene­mos en cuen­ta que el peor enemi­go del ser huma­no es el pro­pio ser huma­no. Y en El señor de las mos­cas la his­to­ria empie­za habiendo unos 30, aun­que no todos ellos sean igual de impor­tan­tes en cuan­to al trans­cur­so de la his­to­ria se refie­re; lo preo­cu­pan­te en este caso es el cho­que de las fuer­tes per­so­na­li­da­des, nor­mal­men­te bien dife­ren­cia­das entre sí. En este libro tene­mos a Ralph y a Jack, que des­de que se cono­cen están ya con­de­na­dos a no lle­var­se bien, pro el carác­ter de uno de ellos le lle­va­rá a odiar al otro a muer­te. Dos corrien­tes dife­ren­tes de pen­sa­mien­to, dos líde­res, dos per­so­nas capa­ces de tomar deci­sio­nes aun­que no siem­pre coin­ci­dan con qué acción lle­var a cabo en cada momen­to. Dos per­so­na­li­da­des, en defi­ni­ti­va, de las que quie­nes se sien­ten más cómo­dos aca­tan­do órde­nes que dán­do­las pue­dan con­fiar sus vidas por­que se supo­ne que sabrán qué es lo mejor para el gru­po.

Estos niños al prin­ci­pio, sobre todo los de menor edad (los peques, como les ter­mi­na­rán lla­man­do; que aun­que todos los son, peques quie­ro decir, unos lo son más que otros), comen­za­rán la his­to­ria casi como un jue­go: ya no hay pro­fe­so­res, ni padres, ni en defi­ni­ti­va nin­gún adul­to que les diga qué hacer. Enton­ces ¿qué hacen? Jugar y jugar como si no hubie­ra maña­na… sin dar­se cuen­ta de que en esa situa­ción si no se preo­cu­pan de más cosas, como pue­de ser con­se­guir comi­da o algún líqui­do que no sea agua de mar para beber, ese «como si no hubie­ra maña­na» pue­de lle­gar más pron­to de lo que les gus­ta­ría.

Pero pron­to ter­mi­na­rán por dar­se cuen­ta (otra vez: unos antes que otros) de que la situa­ción en la que están no es un jue­go, que hay que sobre­vi­vir, que pue­de que nun­ca lle­gue el ansia­do bar­co que les res­ca­te y que pue­de que ten­gan que pasar allí mucho tiem­po. Se ve en la his­to­ria la evo­lu­ción lógi­ca, que no sue­le ser fre­cuen­te en los libros, de niños que rápi­da­men­te dejan de ser niños… y algu­nos de ellos pare­ce que dejan has­ta de ser huma­nos. Vuel­ven a los orí­ge­nes del ser huma­no, cuan­do lo úni­co impor­tan­te era la super­vi­ven­cia. Dejan­do, como míni­mo de for­ma secun­da­ria, lo que hoy enten­de­mos como pro­pio del ser huma­no: el auto­con­trol, actuar de for­ma racio­nal y, más recien­te­men­te, tam­bién de for­ma polí­ti­ca­men­te correc­ta.

Aun­que yo ten­go un per­so­na­je favo­ri­to, y creo que quie­nes me cono­céis sabréis sin siquie­ra decir­lo a quién me refie­ro, ésta no deja de ser una his­to­ria en que la línea que sepa­ra al «per­so­na­je bue­no» del «per­so­na­je malo» es espe­cial­men­te difu­sa; en cada acción, en cada momen­to, tra­tas de poner­te en el lugar de esos niños y pien­sas: bue­no, pue­de que sea cues­tión de la pre­sión, en reali­dad pare­ce no haber bue­nos ni malos sino for­mas dife­ren­tes de enfren­tar­se a una deter­mi­na­da situa­ción. Y aquí podría­mos poner­nos a filo­so­far sobre ¿qué es ser «bue­no» y qué es ser «malo»? ¿uno pue­de ser siem­pre «bue­no» o siem­pre «malo»? ¿o aca­so es un cúmu­lo de situa­cio­nes y expe­rien­cias vivi­das lo que mar­can que unos sean duran­te más tiem­po «bue­nos» o «malos»? Y son refle­xio­nes que el autor táci­ta­men­te pro­po­ne, sin dar res­pues­tas, dejan­do en manos del lec­tor que saque las con­clu­sio­nes que esti­me opor­tu­nas según avan­za la his­to­ria y se va vien­do la evo­lu­ción de los per­so­na­jes.

En esta his­to­ria se mar­can unos cuan­tos per­fi­les, algu­nos de ellos muy fuer­tes. Creo que son bas­tan­te fie­les a la reali­dad; son per­so­na­li­da­des que en caso de exis­tir una situa­ción así, al menos la mayo­ría de ellas, esta­rían pre­sen­tes.

En pri­mer lugar el líder nato: una per­so­na caris­má­ti­ca y a ojos de los demás (aun­que inter­na­men­te esté reple­to de dudas y no se crea del todo capaz para el pues­to que desem­pe­ña­rá) lo sufi­cien­te­men­te madu­ra y cabal como para diri­gir al reba­ño por el mejor de los rum­bos posi­bles. Una per­so­na cal­ma­da, refle­xi­va, y gene­ral­men­te poco vio­len­ta.

Des­pués la mano dere­cha del pri­me­ro: una per­so­na inte­li­gen­te, con bue­nas ideas, pero que no sir­ve para lide­rar un gru­po. En el caso de esta his­to­ria ade­más es alguien de quien todos se ríen, y en quien sal­vo el líder nadie con­fía ni res­pe­ta.

Tam­bién apa­re­ce el per­fil de ese otro que tam­bién que­ría ser líder y que se ve mejor pre­pa­ra­do que él: sue­le ser alguien que nece­si­ta ser el cen­tro d aten­ción, sen­tir­se impor­tan­te, que lo adu­len, que le digan lo bue­no que es y valo­ren a ser posi­ble en exce­so todas y cada una de las ideas que ten­ga; nece­si­ta que el res­to sea cons­cien­te de que sin él todos esta­rían muer­tos. Sue­le ser alguien con dotes de lide­raz­go, pero que gene­ral­men­te sus ideas no son muy racio­na­les. Y en caso de nece­si­tar impo­ner­se por la fuer­za de for­ma vio­len­ta no ten­drá nin­gún pro­ble­ma.

Y para ter­mi­nar los acó­li­tos de este últi­mo, que sue­le ser gen­te sin mucho múscu­lo den­tro de la cabe­za, pero sí en los bra­zos, y sue­len ser tam­bién más valien­tes o teme­ra­rios que cons­cien­tes. Admi­ten a este últi­mo como líder sobre cual­quier otro y harán lo que éste les orde­ne para ganar­se su res­pe­to… frus­tra­ción que a su vez paga­rán con el res­to para infun­dir a los demás el temor que a ellos les infun­de su superior, aun­que lo enmas­ca­ren con risi­tas ner­vio­sas cuan­do no saben muy bien qué quie­re el jefe que hagan en un deter­mi­na­do momen­to.

En este tipo de situa­cio­nes tam­bién es posi­ble que apa­rez­ca la locu­ra, la cual es com­pa­ti­ble con los per­fi­les ante­rior­men­te cita­dos o con cual­quier otro. Ésta pue­de deber­se al mie­do, al estrés, a la ansie­dad… o tam­bién pue­de ser debi­da a meter­se tan­to en el papel de hom­bre pri­mi­ti­vo que ter­mi­ne por per­der­se cual­quier ras­tro de huma­ni­dad y se crean con dere­cho a ter­mi­nar con la vida de todo aquel que ose entro­me­ter­se en sus cami­nos. Y en esta nove­la se pue­den cono­cer ambos tipos de locu­ra.

Aun­que me ha encan­ta­do la his­to­ria que nos cuen­ta la nove­la, creo que no es lo más impor­tan­te que tie­ne. Lo más impor­tan­te es el tras­fon­do, lo que no se cuen­ta; como decía antes: las refle­xio­nes que el autor nos deja entre líneas, for­mu­la­das pero sin que la res­pues­ta depen­da de él. Ser cons­cien­tes de qué somos, y peor aún: de en qué nos pode­mos con­ver­tir. Por­que para que el ser huma­no saque su ins­tin­to ani­mal sólo nece­si­ta estar some­ti­do a las con­di­cio­nes pro­pi­cias para ello (y esto se pue­de ver día a día, por ejem­plo, en gue­rras, ase­si­na­tos o en aten­ta­dos terro­ris­tas), pero con una dife­ren­cia: el ser huma­no ya cono­ce la ven­gan­za, el odio y dis­fru­ta con las des­gra­cias aje­nas; es decir: no le preo­cu­pa matar por el sim­ple hecho de matar. Y ese es un com­por­ta­mien­to que en los ani­ma­les no se apre­cia, por­que care­cen de esos ins­tin­tos. Ins­tin­tos que, a la «gen­te nor­mal», un fil­tro ins­tau­ra­do en nues­tra cabe­za, más anti­guo que noso­tros mis­mos, nos disua­de de dar rien­da suel­ta.

Personajes

Aun­que per­so­na­jes hay muchos en esta his­to­ria, creo que no todos ellos son igual de impor­tan­tes; voy a comen­tar sobre tres de los per­so­na­jes que ocu­pan tres de los per­fi­les más impor­tan­tes para el trans­cur­so de la his­to­ria de los que cité antes.

Pri­me­ro voy con Ralph, y me con­fie­so ya abier­ta­men­te: es mi per­so­na­je favo­ri­to. Ocu­pa tam­bién el pri­mer lugar en la lis­ta de per­fi­les: es el líder nato, pero tam­bién en este caso es el líder que la mayo­ría ha ele­gi­do demo­crá­ti­ca­men­te. Por hacer un símil: Ralph sería al res­to de niños lo que Pode­mos aspi­ró a ser en la polí­ti­ca espa­ño­la. Aun­que es el jefe no lo es impues­to a sí mis­mo sino median­te una vota­ción en el que la mayo­ría lo qui­so como líder; no que­ría, en prin­ci­pio, que su opi­nión fue­ra más impor­tan­te a la del res­to, por eso ins­tau­ró unas nor­mas para que todos pudie­sen expre­sar­se en una asam­blea y ele­gir qué se hacía en cada momen­to de for­ma demo­crá­ti­ca a tra­vés de vota­cio­nes entre todos los par­ti­ci­pan­tes en las asam­bleas. Lo úni­co que a su jui­cio no está en posi­ción de ser revo­ca­do median­te vota­ción es que siem­pre hay que tener una hogue­ra echan­do humo para que si alguien acu­de en la bús­que­da del avión coli­sio­na­do pue­da encon­trar­los más fácil­men­te para eva­cuar­los y lle­var­los de vuel­ta a casa. Aho­ra, tam­bién es jus­to decir que tie­ne su peque­ño ego, y que aun­que no abu­sa de él, sí es cier­to que le escue­ce que le sal­ga un com­pe­ti­dor por el pues­to de jefe.

El otro per­so­na­je que mere­ce ser des­ta­ca­do es el de Jack Merri­dew: quien se eri­ge a sí mis­mo líder de los caza­do­res y tam­bién se auto­pro­cla­ma enemi­go acé­rri­mo de Ralph, en par­te por­que no com­par­te sus prin­ci­pios ni su for­ma de ges­tio­nar los recur­sos de la isla ni al gru­po, pero tam­bién en par­te por­que no con­ci­be que alguien pue­da hacer­se som­bra ni ser más que­ri­do que él. No tar­da en poner­se en con­tra de los pro­ce­di­mien­tos que lle­va a cabo Ralph y poco más o menos que pien­sa que lo del fue­go está bien pero que si se apa­ga no pasa nada por­que cree que nadie va a ir a res­ca­tar­los y que es más impor­tan­te cazar para tener qué comer. Y cla­ro, esto que dice abier­ta­men­te de que nadie va a ir a res­ca­tar­los des­ani­ma al res­to… que no se plan­te­an pasar lo que les res­te de vida en una isla desier­ta. Cuan­do las tor­nas cam­bian en poco en su favor y ve que cier­ta par­te del gru­po que era favo­ra­ble a Ralph aho­ra tam­bién ve con bue­nos ojos la tarea de cazar se vie­ne arri­ba y se deja lle­var en su rol de líder del gru­po sal­va­je y… bue­no, las cosas aca­ban como aca­ban.

Y por últi­mo quie­ro hacer refe­ren­cia a Piggy: la mano dere­cha de Ralph. Decía antes que en esta his­to­ria es la per­so­na de la que todos se ríen y que nadie sal­vo Ralph res­pe­ta (y éste ni siquie­ra al prin­ci­pio lo hacía), no en vano es el úni­co niño del que no se cono­ce su nom­bre sino su mote (cer­di­to). El cha­val cum­ple el este­reo­ti­po de gor­di­to, con gafas y un poco pato­so, pero que cono­ce sus lími­tes y que es cons­cien­te de que si en algo pue­de des­ta­car es en desa­rro­llar el poten­cial que tie­ne den­tro de su cabe­za. No tar­da en dar­se cuen­ta de que sin alguien que cui­de de él físi­ca­men­te está aca­ba­do, así que se pro­cu­ra la pro­tec­ción de Ralph ani­mán­do­le en sus momen­tos de bajón y dán­do­le los mejo­res con­se­jos que se le ocu­rren cuan­do no sabe qué hacer, cuan­do la situa­ción le supera, o cuan­do ni siquie­ra él mis­mo con­fía en que vayan a ir a res­ca­tar­les algún día…

Pros y contras

Mi pro es pre­ci­sa­men­te para lo que lle­vo comen­tan­do en toda mi rese­ña: las ideas que deja para que refle­xio­ne­mos, la crí­ti­ca a la con­di­ción qui­zá pro­pia del ser huma­no que con la sufi­cien­te pre­sión pier­de lo poco o mucho que ten­ga de huma­ni­dad y se con­vier­te en el peor mons­truo que se pue­da uno ima­gi­nar. Pien­so que un libro es bue­no cuan­do te hace dis­fru­tar de la his­to­ria que cuen­ta, pero lo es toda­vía más cuan­do, una vez leí­do, te deja un tiem­po pen­san­do en él, en lo que el autor ha que­ri­do trans­mi­tir, en qué haría uno mis­mo si se vie­se en la situa­ción que narra la his­to­ria… Y éste, al menos en mi caso, lo ha con­se­gui­do.

Mi con­tra es para el final. No sé la de con­tras que le habré dado ya a los fina­les de los libros que leo, pero es cier­to que muy pocos ter­mi­nan de la for­ma en que me hubie­ra gus­ta­do, o al menos de la for­ma en que me había ima­gi­na­do aun­que ésta no me gus­ta­se. Y en el caso que ocu­pa a este libro ni ha ter­mi­na­do como espe­ra­ba ni me ha gus­ta­do la for­ma en que ha ter­mi­na­do. Aten­ción, spoi­ler: por­que tal cual esta­ban los áni­mos en la isla, con todos los niños sal­va­jes locos, habiendo come­ti­do ya varios ase­si­na­tos y estan­do a pun­to de come­ter otro… y que si sir William Gol­ding les da 50 pági­nas más aca­ban matán­do­se entre ellos… lo que espe­ra­ba era una car­ni­ce­ría y que cuan­do fue­ran a res­ca­tar­les a esa isla ahí no que­da­se ni el apun­ta­dor. De repen­te lle­ga la mari­na, tal cual se des­cri­be casi que con el tra­je de gala, y se lle­van ya en esta­do sal­va­je y por domes­ti­car a todos esos críos con aspec­to de haber emer­gi­do hace un rato del aver­no. Pues bue­no.