El quirófano del mal

05/07/16

El quirófano del mal

Lo único que conocía de su misión es que podía haber alguien infiltrado en aquel lugar que estuviera aprovechándose de su supuesta profesión para saciar sus deseos más íntimos. No sabía ni quién sería, ni qué aspecto tendría, ni qué posición jerárquica tendría… Su misión era investigar, pero en realidad tenía muy pocos datos de partida.

Ya que una de sus especialidades era la sanación, y que en sus largos años de vida había podido poner en práctica sus dotes en más ocasiones y en más escenarios de los que le hubiera gustado, se infiltró como cirujano en aquel humilde hospital con tan mala fama por los alrededores. Se decía que aquel que terminara por ser ingresado en el hospital y sometido a una operación tenía altas probabilidades de no salir de aquel recinto si no era en una caja de madera o pasto de las cenizas, según la preferencia de cada cual. Y es precisamente eso lo que tenía que investigar.

Todos los cirujanos del centro se habían sometido a multitud de controles, porque en realidad no era habitual una estadística tan mala de pacientes fallecidos durante la intervención, pero todas las investigaciones y autopsias realizadas habían clarificado que las ya dichas defunciones de pacientes habían estado relacionadas directamente con el motivo por el que habían sido sometidas a operación y no por errores humanos relacionados con el personal sanitario. Estaba claro que, como solía decirse: los tiros no iban por ahí

El primer día de Castiel como miembro de la plantilla de cirujanos de aquel hospital había empezado con más movimiento del que hubiera deseado. Al cabo de media hora de comenzar su turno ya había tenido que intervenir en una operación crítica: un vulgar atraco callejero se había ido de las manos porque el paciente se había negado a darle al atracador lo que éste le pedía; la policía ya estaba tras la pista de quien a punto estuvo de cobrarse una vida a causa de una punción con arma blanca, pero como era frecuente en estos casos, costaría demasiado dar con la pista concreta que diera con esa persona, y más todavía conseguir con éxito su detención. Quizá más adelante, después de su turno, fuera a hacerle una visita para convencerle de que se entregara voluntariamente a las autoridades. Sí, es lo que iba a hacer.

Sus dotes de sanación eran efectivas pero poco usuales, así que tuvo que apañárselas para que le dejasen solos unos minutos, minutos en los cuales él aprovecharía para sanar casi por completo al paciente, y todavía le quedó un momento para pensar en la excusa que inventaría para hacerles ver a sus compañeros que ya no era necesario transportar al paciente al quirófano.

—Hola, te llamabas… Lucía, ¿cierto? Disculpa. Acércate, rápido.
—Hola Castiel, sí, me llamo Lucía. Dime, ¿qué pasa?
—¿Ves la punción hacia dónde se dirige? Creo que hubo un error de diagnóstico y, afortunadamente, es menos grave de lo esperado. Pasa justo por debajo del pulmón izquierdo, no llega a atravesarlo, como creíamos. En realidad no ha seccionado ningún órgano vital según veo. Échale un ojo a ver qué te parece y cuéntame.
—Pues… Es cierto, eso parece. Tienes buen ojo. Cualquier diría que te han traído a este hospital para que nuestra estadística mejore un poco… Porque sabes algo sobre nuestra famosa estadística con los pacientes, ¿no?
—Sí… Poco, pero algo sé. Y sobre nuestro paciente, parece que con darle unos puntos estará listo para darle el alta, ¿no?
—Sí, eso parece…

En realidad Castiel podría haber hecho mucho más por su paciente. Podía haber hecho que desapareciese su dolor, incluso eliminar por completo el corte y hacer como si nunca hubiese sucedido ese atraco, pero tuvo que dejar su sanación a medias porque debía actuar en lo posible con discreción para no poner en riesgo su infiltración en el hospital.

Esa mañana ya no tuvo más trabajo. El equipo tuvo que atender a otro paciente que en principio parecía una cosa simple pero que, como ya le advirtieron a Castiel sus superiores, terminó con el paciente en la sala de la morgue. Ese paciente había sido atendido por tres personas, una de ellas era Lucía… Le había caído bien a simple vista, pero no podía descartar a nadie en su investigación. Los otros eran el doctor Martínez y la doctora González, que todavía no había tenido el ¿placer? de conocer.

En un momento que tuvo, durante la hora de la comida, en el que todo estaba más o menos despejado y no había pacientes esperando ser atendidos, se coló en el despacho de administración. Y ahí pudo echar un ojo a los informes de personal, y obviamente se centró en el de los tres miembros del equipo que habían operado a ese paciente que ahora había pasado a mejor vida, decían… ¡pobres! no tenían ni idea del error en el que estaban. En realidad en esos informes (por otro lado, también era de esperar) no encontró gran cosa, pero sí se fijó en un dato: sus superiores le dieron una fecha a partir de la cual la estadística, que de por sí no era tampoco brillante, empezó a caer en picado… y esa fecha que le dieron es justo tres semanas después del ingreso en plantilla de la doctora González; no se podía dar nada por sentado, porque podría ser una coincidencia, pero ya era algo más de lo que tenía cuando llegó. ¿Su nueva misión? Acercarse a ella, tratar de congeniar y de llevarse bien, intentar incluso quedar fuera del trabajo… todo lo posible para asegurarse de que es quien supuestamente los jefes creen que es y acabar por fin con la estadística tan pésima de este humilde hospital.

Cuando terminó la hora de la comida, el equipo médico, entre risas y charlas, volvían a sus puestos de trabajo; justo saliendo de la puerta del restaurante aparecía la doctora González acompañada de tres médicos, otro cirujano y dos celadores más, hablando del partido de fútbol de anoche. Castiel estaba sentado en un banco, disimulando pero atento a todos los movimientos de la doctora; cuando pasaron frente a él aprovechó la ocasión que estaba esperando:

—Hola doctora González, cuando tenga un momento me gustaría hablar con usted si es posible, no quisiera molestar.
Ella se dirigió a sus acompañantes diciéndoles que siguieran, que ya hablarían después, y se sentó con Castiel en el banco donde él estaba. Da igual si se conocen o no, los seres humanos no tienen forma de detectarse, pero ellos sí. Y nada más cruzarse ya supieron quiénes eran y pudieron ver sus formas reales, escondidas tras los cuerpos de hombre y de mujer que respectivamente habían decidido ocupar.
—Han tardado mucho los tuyos en darse cuenta esta vez ¿eh? Os veo desentrenados —dijo la doctora González.
—Hola Ruby —dijo Castiel— diría que es un placer verte, pero estaría mintiendo.
—Ay, qué dulces sois. Papaíto no os deja decir mentiras. Mírame, voy a llorar.
En el mismo segundo ambos se pusieron de pie y sacaron sus armas de debajo de las mangas de sus respectivas batas. La batalla estaba servida, y más valía que nadie se diese cuenta e interviniera, porque estas batallas sólo terminan con la muerte de uno de los oponentes.

Ruby dio un rápido salto que le sirvió para separarse, pero también para impulsarse, lo que la llevó fácilmente a quedar en la espalda de Castiel; sin pensárselo dos veces movió su brazo con toda la fuerza de la que fue capaz con el fin de clavarle la destellante hoja de su arma justo en la columna vertebral. Castiel, atento y consciente de los planes de Ruby, se apartó en el último instante haciendo que con el propio impulso del brazo de Ruby casi se clavase a ella misma su propio cuchillo… lo cual no sucedió, pero sí que favoreció a convertir ese ataque traicionero por la espalda de Ruby a Castiel en que ahora Ruby viera reducida parte de su movilidad por tener su propio brazo cruzado por delante, y que Castiel aprovechó para agarrar con todas sus fuerzas con una mano mientras que con la otra le ponía su arma en el cuello.

—Aquí estamos, una vez más, Ruby. Me parece que vas a hacer un viaje exprés al infierno, de donde nunca deberías haber salido.
—Te olvidas de que aquéllo es como una especie de vacaciones para mí, Castiel. Y que tardaré más o menos tiempo pero al final volveré a la Tierra. Y seré más fuerte… y probablemente tú, de tanto tiempo que pasas rodeado de estos repugnantes humanos, ya no lo seas tanto. Y nos volveremos a enfrentar, Castiel. Así que termina con esto cuanto antes, porque si no en la próxima ocasión yo también me recrearé contigo.

Y sin casi dejar que Ruby terminase de decir estas palabras Castiel hizo presión con su cuchillo sobre el cuello de Ruby y una explosión de llamas envió al demonio a aquel lugar del cual habría que intentar que nunca más saliera, por el bien de la Tierra y de quienes habitan en ella.

Porque… como en los cuentos con final feliz, el bien siempre tiene que prevalecer al mal, ¿no?


Para quienes no se hayan dado cuenta, o quienes no hayan visto la serie, este relato está inspirado en Supernatural: una serie de televisión estadounidense transmitida en la actualidad por la cadena CW. Y no creo que sea necesario añadir que soy muy fan de esta serie, pero por si acaso… queda dicho.

Éste es mi primer intento de fanfic. Espero que os haya gustado el experimento.

Reseña: Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes

26/06/16

Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes

Don Quijote de la Mancha, de

Páginas: 1376 ISBN: 9788420412146

Comprar: papel ebook Editorial: Alfaguara ficha del libro

Sinopsis

Poco puede decirse del Quijote que no se haya dicho ya. Obra culmen de la literatura universal y primera novela moderna, Cervantes ideó la historia de un hidalgo aldeano que enloquece de tanto leer novelas de caballerías y, como buen caballero andante, sale a los caminos con el noble afán de ayudar a los necesitados. Así, en compañía del afable y crédulo Sancho Panza, don Quijote participa en una serie de delirantes aventuras que provocarán la hilaridad del lector, ya que la vida que reproduce Cervantes es alegre, graciosa y dramática, a la vez que sana y optimista, a pesar de las vicisitudes de su existencia. Sin embargo, el Quijote es mucho más, pues constituye una lección magistral sobre la grandeza y la miseria de la condición humana.

Opinión

Ésta es una de esas reseñas que piensas: ¡ay, madre! ¿Qué puedo decir yo sobre este libro que esté a la altura? No sé si conseguiré que mis palabras estén a la altura de esta obra, pero al menos lo intentaré.

En España todo el mundo sabe quién es don Quijote; incluso conocen de qué va El Quijote, sobre todo sus personajes: don Quijote (thanks, Captain Obvious!), Sancho Panza y Dulcinea. Saben que es un tipo que confundió a gigantes con molinos y… ¿ya? No creo que me equivoque demasiado con esta generalización; es todo lo que quien no ha leído este libro conoce sobre esta joya de la literatura universal. Y sí: también es lo único que yo conocía antes de leerme el libro. Bueno, eso y que el hombre estaba un poco loco, eso también lo sabía.

Pero hay mucho más; y para muestra un botón. Más o menos, según vienen a mi memoria, las aventuras en las que acompañamos a don Quijote y Sancho Panza durante la primera y segunda parte de El Quijote son (con un poquito de humor alguna de ellas): la visita al primer «castillo» donde le nombran «caballero»; la «salvación» del joven Andrés; su enfrentamiento contra los primeros que le molieron a palos; el embiste contra los gigantes que no eran gigantes sino molinos; la pelea contra el vizcaíno; el «asalto» a los sacerdotes que transportaban al muerto; lo del segundo «castillo» que tampoco era castillo; la «guerra abierta» contra la máquina de mazos de batán; el combate a muerte de don Quijote contra los yangüeses, donde nuestro hidalgo valía por ciento; la captura del yelmo de Mambrino de oro puro, que no era ni yelmo, ni de Mambrino, ni de oro puro; la desventura de Grisóstomo por (des)amor hacia la bella Marcela; las desgracias de Cardenio con Luscinda y don Fernando, que ya no las cuenta Cardenio sino el Roto de la Mala Figura en Sierra Morena, que llevan a todos ellos a la empresa de defender a la princesa Micomicona del gigante del reino de Micomicón; la historia del cautivo, por obra y gracia de Lela Marién; la historia del mozo de mulas con la hija del oidor; el «encantamento» de don Quijote; la batalla contra el cabrero; la liberación de la misteriosa dama que contra su voluntad iba procesionando; el descubrimiento del Caballero del Verde Gabán y su escudero; la batalla aventurada contra el fiero león y su señora esposa la brava leona; la agraciada aventura en las bodas de Camacho; la visita a la cueva de Montesinos, en Ruidera; la estancia caballeresca y con los más altos honores en el castillo de los duques; la visita de la condesísima Trifaldi; la experiencia de Sancho como «gobernador» de su ansiada «ínsula Barataria»; el «enamoramiento» repentino de la Altisidora por don Quijote; la batalla de los toros mansos y bravos contra don Quijote y Sancho; su periplo en la llegada a Barcelona; la contienda de don Quijote contra el Caballero de la Blanca Luna que lo hizo regresar hacia su aldea; la resurrección de Altisidora y, por fin, su retorno a casa.

Como se ve, lo de los gigantes y los molinos es sólo un ápice —y bien breve, por cierto— de lo que se puede encontrar en las más de 1300 páginas de que se compone mi edición que agrupa tanto la primera como la segunda parte de El Quijote.

¿Por qué tardé tanto a leerme este libro? Pues mirad, no lo sé; supongo que porque pensé que no iba a gustarme. Y doy gracias a los dioses nuevos y a los antiguos por no hacerme leer este libro de forma obligatoria en clase, porque de ese modo seguro que lo hubiese odiado, porque las cosas impuestas y yo no nos llevamos del todo bien… Y hubiera sido un error, porque me hubiera perdido un gran libro.

La opinión que yo tenía de este libro era totalmente errónea. Lo tenía por un libro denso y pesado, y para nada me ha resultado así, más bien todo lo contrario. Me he reído muchísimo con él, a carcajadas en algunas partes. Tiene un humor peculiar, eso sí, pero un humor muy español. Un humor de reírse de todo y por todo, hasta por la sombra de uno mismo si se pone por delante. Buscar la crítica, la sátira, y por qué no, también las lecciones de vida que puedan hallarse tanto en buenos como en malos momentos. Todo ello intercalado, dándonos una de cal y una de arena, para que no haya punto serio sin uno al lado de locura, ni uno de locura sin un monólogo brillante que arroje un poco de cordura.

En esta ocasión no voy a poner las características técnicas de la obra porque me veo incapaz; creo que está reunido en este libro cualquier cosa que pueda decir, se puede encontrar de todo. Hay fragmentos en tercera persona —la mayoría—, en primera persona, hay cantares de gesta, hay poemas, canciones, cartas, analepsis y prolepsis, hay capítulos enteros donde se hacen contrapuntos entre varias historias diferentes ocurriendo al mismo tiempo… Cervantes no escribe el libro como él mismo, sino como si lo hiciese Cide Hamete Benengeli, que a su vez es el traductor del árabe al castellano de «unos papeles que encontró por ahí…». Ahora está muy de moda hablar de spoilers, pero Cervantes es un especialista en esos menesteres; en cada inicio de capítulo y final hace un resumen de lo visto en el anterior, en ése, o de lo que se verá en el futuro; y de vez en cuando mete cada spoiler que si fuera a través de Twitter y de alguna serie que yo me sé ya le habríamos dado unfollow. En serio, es alucinante como todos los recursos que he ido leyendo durante estos años están todos aquí plasmados y reunidos, puestos con ingenio y sabiduría uno tras otro. Es para quitarse el sombrero.

Y tampoco añadiré la sección de pros y contras porque, sinceramente, no sé por qué pro decantarme, aunque estaría indeciso entre la locura de don Quijote y el humor brillante de Sancho Panza, y en la sección de personajes profundizaré un poco más sobre ello; y en cuanto a contra, en serio, me ha encantado… a mí no me supone un contra, porque estoy acostumbrado a leer libros con muchas páginas, pero creo que un contra que destacar para que el gran público pueda acceder a la lectura de este libro es su cantidad de páginas… mucha gente que conozco ve un libro tan grueso y ya tiene cierta reticencia a leerlo, y es una pena porque pienso que si un libro es bueno, mejor si tuviera 5000 páginas, y si es malo 2 páginas ya son demasiadas.

Mi opinión del libro no puede ser otra sino excelente. Animaos a leerlo si todavía no lo habéis hecho, por favor. Pero no os forcéis, si veis que no os entra dejadlo en un rincón de vuestra estantería hasta que podáis cogerlo con ganas; no leáis por obligación esta joya, no merece ser leída así, merece ser leída y disfrutada por lo que es y por como es, porque así como en algunos otros clásicos he encontrado algo que le añadiría o le quitaría, de verdad en éste no se me ocurre nada que hacerle para mejorar lo ya hecho. Soy muy fan.

Personajes

Aunque en este libro hay un sinfín de personajes, en un alarde de originalidad sólo comentaré acerca de los obvios, con mención especial del ilustre Cide Hamete Benengeli sin el cual no hubiese sido posible la realización de este libro ni podríamos estar nosotros leyéndolo ahora mismo (*guiño*).

Sancho Panza. Por lo que he leído aquí hay dos bandos: o eres de don Quijote o eres de Sancho Panza. Y aunque para mí don Quijote es único, yo he de decantarme por Sancho Panza. Hay una parte del libro donde cada uno de estos dos personajes van por su cuenta, y aunque ya antes lo barruntaba, en ese momento me quedó claro: El Quijote sin Sancho Panza no sería lo mismo; y don Quijote sin Sancho Panza tampoco podría ser el mismo. Todos podemos vernos reflejados en Sancho Panza de una u otra manera; como él mismo dice: es un porro; no ha podido estudiar, se ha pasado la vida en el campo, no ha podido hacer nada salvo tratar de mantener a su familia lo mejor posible… y accede a ser escudero de don Quijote porque con las promesas que le hace sabe que podrán darle un futuro mejor, sobre todo, a su hija. Y pese a ello, con todo lo vivido, con sus refranes que sabe a cientos y de memoria, y por la propia experiencia de vida es capaz de hacer reflexiones y opiniones dignas de un erudito. ¿Su defecto? Ser demasiado crédulo y confiar en la buena voluntad de la gente (aunque a veces él también se aproveche de ello en su favor a lo largo de la historia); creer que irse por ahí con su vecino, que a leguas se aprecia como está falto de juicio, le va a solucionar los problemas. Pero sin este Sancho Panza tal como es, con sus cosas buenas y sus cosas malas, no hubiésemos tenido espontaneidad y meteduras de pata a montones que den para un número infinito de sonrisas. A mí cuando un libro me hace sonreír me tiene ganado; y en este caso este personaje es quien más me ha hecho reír sin duda.

Don Quijote, también conocido como El caballero de la triste figura, después El caballero de los leones, o por su nombre real, Alonso Quijano. ¿Qué decir de él? Es imposible que, aunque sea un poco, un lector no se sienta identificado con él. Don Quijote era un ávido lector de las novelas que en el momento podían leerse: novelas caballerescas, como por ejemplo, su amada Amadís de Gaula; aunque barriendo un poco para casa, también cabe decir que deja en muy buen lugar —vale, el cura, no él, pero shhh— a Tirant lo Blanc, y eso me enorgullece. El caso es que, en mayor o menor medida, todos los que leemos lo hacemos para poder estar un rato viviendo vidas ajenas, por el motivo que sea. ¿Qué culpa puede tener él, si con una librería más grande que la Biblioteca de Alejandría y toda repleta de estos libros, acaba por creer que esos personajes ficticios es posible que fueran reales antaño? ¿Y qué culpa tiene él de verse capaz de hacer lo mismo que ellos? Y todo por una buena causa además, iba a convertirse en «desfacedor de agravios, enderezador de entuertos, el amparo de las doncellas, el asombro de los gigantes y el vencedor de las batallas»… ¿Cómo resistirse a eso? Si además por vecino tiene a alguien como Sancho Panza que se convence rápidamente de que su vecino Alonso Quijano ha sido nombrado caballero y tiene como misión ir haciendo el bien por todo lo descubierto de la tierra? El personaje está brillantemente construido; en uno de sus monólogos puede combinar con excelencia una de sus locuras caballerescas y acto seguido decir cosas realmente sensatas de cualquier otro tema que no tenga relación alguna con el mundo de los caballeros andantes; y es por ello que, teniendo en cuenta estos cambios de registro y junto con las disparatadas réplicas de Sancho Panza convierten a ésta en una desternillante novela que sin duda hará pasar un buen rato leyéndola.

Cita

La cita que he elegido para esta ocasión, creo, es la más importante de todo el libro. Es con la que empieza toda la historia, con la que don Quijote deja de ser en su mente Alonso Quijano para convertirse en el ilustrísimo caballero don Quijote de la Mancha. Es ideal para plasmarla aquí para el recuerdo.

Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmándose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse; porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma.

Reseña: El Zorro, de Isabel Allende

20/06/16

El Zorro, de Isabel Allende

El Zorro, de

Páginas: 384 ISBN: 9788497939157

Comprar: papel no disponible en ebook Editorial: DeBolsillo ficha del libro

Sinopsis

«Ésta es la historia de Diego de la Vega y de cómo se convirtió en el legendario Zorro. Por fin puedo revelar su identidad, que por tantos años mantuvimos en secreto…». California, año 1790: empieza una aventura en una época fascinante y turbulenta, con personajes entrañables y de espíritu indómito, y un hombre de corazón romántico y sangre liviana. Llegó la hora de desenmascarar al Zorro. Isabel Allende rescata la figura del héroe y, con ironía y humanidad, le da vida más allá de la leyenda.

Opinión

Este libro empecé a leerlo por recomendación de Bettie, de Cuaderno de Retales. Aquí su reseña y audiorreseña.

Es una de esas reseñas que piensas: ¡madre! ¿Y ahora cómo cuento todo lo que me gustaría sin dejarlo todo repleto de spoilers? Qué complicado. Casi cualquier cosa un poco interesante que se pueda contar de casi cualquier personaje es un spoiler, por pequeño que sea, así que puesto a desvelar alguna cosa que no debería de ser desvelada para disfrutar plenamente de la novela, trataré de concretar lo menos posible y, en caso de que haya algún spoiler, que sea de los pequeñitos, de esos que son con amor y sin apenas causar daño.

La historia se centra en los comienzos del Zorro, desde un poco antes incluso de nacer, sus tiempos de juventud en el continente americano, su adolescencia en Barcelona y su posterior regreso a su lugar natal ya siendo el inicio de la leyenda que todos conocemos. De toda esta etapa se conoce poco a través de los libros de Johnston McCulley, por lo que cabe destacar el trabajo que ha hecho en este sentido Isabel Allende aunque también cabe esperar de antemano bastantes libertades y exageraciones en algunos sucesos que, como se indica, han sido un tanto adornados para contribuir a la magnificación de la leyenda, pero que en contra de perjudicar a la historia le añaden un punto de partida más humano para que podamos sentirnos identificados con él; y no se me ocurre nada más humano que un nacimiento.

La voz narrativa de la historia no es la propia Isabel Allende, y durante toda la historia sólo se conoce que es alguien que conoció al Zorro y que escribe con plumas de ganso y que si se le acaban deja de escribir porque pasa completamente de escribir con cualquier otra pluma de baja calidad (enamorado me hallo), pero no se sabe más hasta dejar terminada la historia y llegar al final, donde se despejan las dudas. Que en mi caso fueron todas, no sé si es que no estuve muy avispado, pero no se me habría ocurrido jamás quién podría estar narrando la historia. De hecho, hasta llegué a pensar que quien la narra sería alguien que le conoció pero que no había sido presentado en la historia… algo tampoco descabellado, pero vamos, que lo pensé porque no me cuadraba con ninguno de los personajes de la historia.

La ambientación es brutal, te mete de lleno en la época (y lo que me hubiera gustado a mí vivirla… siempre llego tarde a todo, pero ése es otro tema), e incluso algo que a priori puede parecer insulso y monótono como un viaje en barco (en uno de los de aquella época, no los de ahora) no lo es y está repleto de historias y momentos en los que notas como el viaje se alarga una barbaridad y piensas lo duro y fatigado que debería de ser embarcarse en uno de esos barcos a vela, dependiendo del viento, y con un montón de meses de trayecto por delante en el mejor de los casos… en el peor acababa rápido a causa de un saqueo de piratas, aunque esto último no ha cambiado en exceso… sólo que ahora tienen aún menos honor que antaño; antes iban armados con acero y ahora con ametralladoras automáticas. Han perdido romanticismo.

Sin duda es un libro que merece la pena ser leído. Es muy entretenido y ameno, y la forma en la que lo escribe la autora es sencillamente brillante; a veces no sabes si estás leyendo una novela o un libro de historia. Sobra decir que si Johnston McCulley hubiera podido leerlo seguro que se hubiera sentido muy satisfecho de lo hecho con su personaje.

Características

Durante casi toda la historia mantiene una narración omnisciente, aunque la voz narrativa a menudo cobra protagonismo inesperado y explica, comenta, critica u opina en primera persona acerca de los acontecimientos que transcurren durante ese momento en la historia. El libro está dividido únicamente en cinco partes, ninguna de ellas cuenta con capítulos; esta división por partes corresponde a cambios de escenario o saltos hacia adelante en el tiempo. Los dos escenarios principales son la ciudad de Los Ángeles (California) durante los siglos XVIII y XIX; y la ciudad de Barcelona (España) durante el siglo XIX. Al finalizar la historia hay un breve epílogo en el que se dan respuesta a algunos cabos sueltos, entre otros, quién es quien actúa como narrador de la historia.

Personajes

Aunque es una novela repleta de personajes, que todos tienen un motivo por el cual aparecen y que le dan un valor añadido enorme a la historia, me voy a pronunciar sólo sobre unos cuantos, sobre quienes tengo algo que decir.

Y el primero de ellos, cómo no, es don Diego de la Vega: el Zorro. Desde un acontecimiento que presencia cuando nada más era un niño empieza a metérsele en la cabeza que la vida no es justa, que quienes tienen el poder no hacen nada para que ésta sea más justa, y que no hay derecho que pasen las cosas que pasan. Es por ese mismo motivo que conforme pasa el tiempo cada vez piensa más que en ausencia de nadie que defienda a los indefensos podría ser él quien se preocupase por ellos y tratar de evitar cuantas injusticias encontrase. Llega el momento, ya pasada la adolescencia, que deja de fantasear con ello y se pone a actuar; y es mi momento preferido de la historia, cuando debe de mantener las apariencias aristócratas siendo un De la Vega, pero a la vez, cuando nadie puede reconocer quién es, actuar de forma completamente distinta para vengar las injusticias que, como Diego de la Vega, pese a ser hijo de quien es, no tiene poder suficiente como para evitarlas. Y para dejaros con un aperitivo de esa lucha de personalidades opuestas os pongo una cita que, en pocas líneas, explica todo esto mucho mejor que yo:

Hasta ese momento no tenía conciencia cabal de su doble personalidad, por una parte Diego de la Vega, elegante, melindroso, hipocondríaco, y por otra el Zorro, audaz, atrevido, juguetón. Suponía que en algún punto entremedio estaba su verdadero carácter, pero no sabía cómo era, si ninguno de los dos, o la suma de ambos.

Bernardo es el mejor amigo de Diego, no son hermanos pero se han criado desde pequeños casi como si lo fuesen; y digo casi como porque Bernardo es un nativo americano y Diego es un hijo del imperio español. Y en esa época, todavía más si cabe que en ésta, las diferencias entre clases eran abismales; y en el caso que nos ocupa Diego, como aristócrata español, estaba en una de las más altas, y Bernardo, como nativo americano, o indio como despectivamente les llamaban, estaba en la más baja. Pese a ello Bernardo juega un papel fundamental en la historia, según lo que Allende cuenta en este libro; a buen seguro, de no haber sido por él, Diego no hubiera llegado a ser como fue, y probablemente ni siquiera el Zorro hubiera existido. Sobre todo es gracias a Bernardo por lo que Diego se conciencia de la injusticia de las clases sociales (y con el paso de los años cada vez recordará más episodios de su pasado, que en el momento con mente de crío le pasaban inadvertidos, pero que después ya no y le hacen ser todavía más consciente de ello); algo, por ejemplo, que Diego se negaba a comprender es por qué él queriendo estudiar podía hacerlo pero a Bernardo, queriendo incluso más que él, no le estaba permitida la adquisición de nuevos conocimientos ni la asistencia a centros educativos. Mini spoiler: el señorito De la Vega encuentra el modo de subsanar este error de la sociedad de aquella época. Pero la parte más destacable de Bernardo transcurre en Barcelona, porque cuando Diego viaja no va sólo, y es aquí donde consigue hacer de Diego una persona más prudente, más paciente, más equilibrada… dentro de lo que cabe. Bernardo es sus ojos y oídos en las calles de Barcelona, para estar al día de todo y, de paso, para informarle de cuando ve una injusticia. No sería muy normal ver a Diego de la Vega adentrándose en barrios de dudosa reputación y hacer preguntas, pero en cambio a un criado, que es en calidad de lo que él va a Barcelona (aunque sea mucho más), esto no es nada sospechoso.

Después, Isabel de Romeu. Al principio, cuando Diego llega a Barcelona y se presenta levemente, no reparé mucho en ella, pero conforme va transcurriendo la historia fue gustándome cada vez más y más hasta alucinar con ella por completo… pero eso ya es algo que mejor descubráis vosotros cuando leáis el libro. Es una chica especial, con una buena posición en Barcelona, con una vida acomodada pero que… por ciertos motivos, y sobre todo por su personalidad, se niega a hacer con su vida lo que estaba predestinado para ella y para cualquier otra mujer de aquella época: buscar un marido de igual o superior clase social, casarse y pasarse la vida teniendo hijos y cuidándolos. Ella siente muchísima más curiosidad por ver (e incluso practicar) los entrenamientos de esgrima que hacen cada día Diego y Bernardo; siente mucha más curiosidad que su hermana por los barrios más marginales, de los espectáculos que en ellos se hacen y en general encuentra muchísimo más divertida la vida de los dos chiquillos de la casa que la que se supone que está predestinada para ella. Es una chica brava, con coraje, con una personalidad muy marcada y con mucho carácter. Una chica de todo punto alejada de la idea clásica que se tenía por aquella época de lo que una mujer debía hacer con su vida. Y en serio, qué maravilla, cómo cambia, cómo se nota quién y cómo es en la adversidad. Sólo por esa evolución del personaje ya merece la pena ser leído este libro. Y lo bueno es que hay mucho más allá de esto.

En cambio Juliana de Romeu cuadra perfectamente, al menos en casi todo, con el prototipo de mujer de la época. Atención, spoiler: Y encima me jodió mi shippeo con Diego, ¡habráse visto tamaño despropósito! Y mira que se esforzó el pobre ¿eh? Pero nada, no hubo manera. Tanto en la vida real como en las novelas suelen gustarme más las mujeres independientes, con pensamiento propio, que se salen de la norma o de lo que se supone que está predestinado para ellas, y aunque en algún momento ella se va al opuesto de esa vida que estaba preparada para ella, durante casi toda la historia no es así, por eso apenas empaticé con ella.

Pros y contras

Un pro… ¿Puede haber un pro mayor que saber un poco más sobre este carismático personaje? Aparte de esto, ya lo dije antes en el apartado de opinión, pero es que merece la pena reiterarlo: el trabajo de Isabel Allende con este libro es digno de loa. Está perfectamente narrado y ambientado, la voz narrativa se rebela en diferentes partes, toma protagonismo en muchas otras… son pequeños detalles que ayudan a que la historia no sea nada monótona. Es genial.

Aunque era lo que había en aquella época y así es como se cuenta, para mí un contra muy grande es el abuso de poder y el racismo tan brutal al que nuestros antepasados sometieron a los nativos americanos. No es justo de ningún modo que suceda eso, y esto aquí se cuenta en buena medida. Más allá de Diego, en todo proceso de abuso siempre existen algunas (pocas) personas que tratan de rebelarse en la medida de lo posible y hacer ligeramente más fácil la vida de esas personas sometidas, al menos hasta donde el lavado de cabeza al que todos eran sometidos les permitía. Y aunque conocer a estas personas está bien, no me siento nada cómodo leyendo estas injusticias despreciables de nuestra historia.

Cita

La cita elegida para esta ocasión es un poco bastante spoiler, porque deja poco lugar a dudas sobre quién es la voz narrativa de la historia; si no habéis leído ya el libro aconsejo no leerla, pero me veo en la obligación de compartirla porque es sencillamente preciosa y lo merece.

Por fortuna no me enamoré del Zorro locamente, como le ocurre a la mayoría de las mujeres al conocerlo; siempre he mantenido la cabeza fría con respecto a él. Me di cuenta a tiempo de que nuestro héroe sólo es capaz de amar a aquellas que no le corresponden, y decidí ser una de ellas. Ha pretendido casarse conmigo cada vez que le falla una de sus novias o se queda viudo —eso ha ocurrido un par de veces—, y me he negado. Tal vez por eso sueña conmigo cuando come pesado. Si yo lo aceptara como marido, muy pronto se sentiría atrapado y yo tendría que morirme para dejarle libre, como hicieron sus dos esposas. Prefiero esperar nuestra vejez con paciencia de beduino. Sé que estaremos juntos cuando él sea un anciano de piernas enclenques y mala cabeza, cuando otros zorros más jóvenes le hayan reemplazado, y en el caso improbable de que alguna dama le abriera su balcón y él no fuera capaz de treparlo. ¡Entonces me vengaré de las penurias que el Zorro me ha hecho pasar!