Reseña: El misterioso caso de Styles, de Agatha Christie

19-I-2017

El misterioso caso de Styles, de Agatha Christie

El misterioso caso de Styles, de

Páginas: 202ISBN: 9788447368204

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Sinopsis

La millo­na­ria Emily Inglet­horp ama­ne­ce muer­ta en su habi­ta­ción sin indi­cio algu­no de vio­len­cia. Aun­que la poli­cía des­car­ta que se tra­te de un ase­si­na­to, dema­sia­das riva­li­da­des en la vie­ja man­sión pro­pie­dad de la falle­ci­da hacen pen­sar en un posi­ble caso de enve­ne­na­mien­to que podría haber pasa­do des­aper­ci­bi­do. Cuan­do el detec­ti­ve Hér­cu­les Poi­rot lle­ga para encar­gar­se de la inves­ti­ga­ción, se encuen­tra fren­te a fren­te con la ava­ri­cia, los celos, las ten­sio­nes y la ambi­ción de una fami­lia que aspi­ra a here­dar una for­tu­na en dine­ro y pro­pie­da­des. Un mari­do infiel, su joven­cí­si­ma aman­te, unos hijas­tros envi­dio­sos, un extra­ño toxi­có­lo­go ale­mán…? Todos pare­cen sos­pe­cho­sos de haber aca­ba­do con la vida de Emily, aun­que sólo uno de ellos pue­de ser el ase­si­no. Poi­rot debe­rá emplear­se a fon­do y usar todas sus armas para lle­gar al fon­do de su pri­mer caso lite­ra­rio.

Autora

Agatha Christie

Agat­ha Mary Cla­ris­sa Miller, Dame of the Bri­tish Empi­re (Tor­quay, Ingla­te­rra, Reino Uni­do, 1890 - Walling­ford, Ingla­te­rra, Reino Uni­do, 1976), más cono­ci­da como Agat­ha Chris­tie, fue una escri­to­ra y dra­ma­tur­ga bri­tá­ni­ca espe­cia­li­za­da en el géne­ro poli­cial, por cuyo tra­ba­jo tuvo reco­no­ci­mien­to a nivel inter­na­cio­nal. A lo lar­go de su carre­ra, publi­có 66 nove­las poli­cia­les, 6 nove­las román­ti­cas y 14 his­to­rias cor­tas —bajo el seu­dó­ni­mo de Mary West­ma­cott—. Mien­tras tra­ba­ja­ba como enfer­me­ra duran­te la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial, publi­có su pri­me­ra nove­la, El mis­te­rio­so caso de Sty­les (1920), don­de intro­du­jo por pri­me­ra vez el per­so­na­je del detec­ti­ve Hér­cu­les Poi­rot, per­so­na­je al cual tam­bién acom­pa­ña­rían más tar­de en la biblio­gra­fía de la auto­ra los de miss Mar­ple, el super­in­ten­den­te Battle y Tommy y Tup­pen­ce Beres­ford. En 1930, se casó con el arqueó­lo­go Max Mallo­wan, a quien acom­pa­ñó lar­gas tem­po­ra­das en sus via­jes a Irak y Siria. Sus esta­días ins­pi­ra­ron varias de sus nove­las pos­te­rio­res como Ase­si­na­to en Meso­po­ta­mia (1930), Muer­te en el Nilo (1936) y Cita con la muer­te (1938), muchas de las cua­les fue­ron adap­ta­das en tea­tro y cine con alta acep­ta­ción. El Libro Guin­ness de los Récords cali­fi­có a Chris­tie como la nove­lis­ta más ven­di­da de todos los tiem­pos, sola­men­te pre­ce­di­da por William Sha­kes­pea­re y la Biblia. Según el Index Trans­la­tio­num, Chris­tie es la auto­ra indi­vi­dual más tra­du­ci­da con edi­cio­nes en al menos 103 idio­mas. En 2013, su obra El ase­si­na­to de Roger Ackroyd (1926) fue ele­gi­da como la mejor nove­la de cri­men de todos los tiem­pos por 600 miem­bros de la Aso­cia­ción de Escri­to­res de Cri­men.

Opinión

La úni­ca for­ma que ten­go de com­pa­rar este libro, tan­to para asig­nar­le una pun­tua­ción como para deci­dir cuán­to me ha gus­ta­do, apar­te de lógi­ca­men­te el res­to de nove­la poli­cía­ca y de intri­ga que he leí­do, es com­pa­rar­la con el úni­co libro que has­ta este momen­to había leí­do de la auto­ra: Diez negri­tos (1939). Y qui­zá esta últi­ma no sea la com­pa­ra­ción más obje­ti­va que se pue­da hacer, por­que casi cual­quier libro que com­pa­re a Diez negri­tos muy pro­ba­ble­men­te sal­drá per­dien­do.

Éste es el pri­mer libro que escri­bió Agat­ha Chris­tie; tam­bién es el pri­me­ro en el que apa­re­ce su per­so­na­je estre­lla: Hér­cu­les Poi­rot. No voy a negar lo evi­den­te: entre el año 1920, año de publi­ca­ción de este libro, y 1939, año en que se publi­có Diez negri­tos, van 19 años en los que Chris­tie tuvo tiem­po más que sufi­cien­te para tra­zar su rum­bo, crear sus bases, ampliar sus recur­sos, fer­ti­li­zar su crea­ti­vi­dad y, en defi­ni­ti­va, coger sol­tu­ra y crear las tablas sufi­cien­tes como para poder escri­bir la mara­vi­lla que es Diez negri­tos y que, aun­que éste no es un mal libro, y repi­to para hacer hin­ca­pié: El mis­te­rio­so caso de Sty­les no es un mal libro, es de reci­bo decir que está a años luz de Diez negri­tos.

Al prin­ci­pio del libro se pue­de encon­trar una dra­ma­tis per­so­nae que sir­ve como ayu­da para que, aun­que no son dema­sia­dos per­so­na­jes, el lec­tor ten­ga una guía para no per­der­se y tener iden­ti­fi­ca­do en cada momen­to quién es cada uno de ellos y sus paren­tes­cos entre sí.

Para quien no ten­ga ni idea de cómo es el tipo de detec­ti­ve que se nos pre­sen­ta en este pri­mer libro de la lar­ga serie: es la típi­ca tra­ma detec­ti­ves­ca en la que en la mayor par­te de la his­to­ria se reca­ban prue­bas, se inte­rro­gan a sos­pe­cho­sos, se valo­ran las posi­bi­li­da­des, se espe­cu­la sobre qué pudo ocu­rrir, se inten­ta son­sa­car infor­ma­ción de unos, con­fun­dir a otros… Y no es has­ta pasa­dos los tres cuar­tos de la his­to­ria cuan­do se encuen­tra la pis­ta defi­ni­ti­va que con­si­gue resol­ver el caso y a modo de expo­si­ción final para que el lec­tor ate cabos el detec­ti­ve cuen­ta a los per­so­na­jes pre­sen­tes de la his­to­ria pun­to por pun­to qué suce­dió y qué pis­tas siguió para resol­ver el mis­te­rio.

Es un buen libro, Poi­rot es un per­so­na­je con el que pue­des espe­rar gran­des ratos de entre­te­ni­mien­to, por como es, por la for­ma tan carac­te­rís­ti­ca que tie­ne para rela­cio­nar­se con el res­to… La narra­ti­va de Chris­tie es muy bue­na, está muy bien escri­to, mane­ja bien los tem­pos, da la infor­ma­ción jus­ta y a cuen­ta­go­tas para que el lec­tor no pue­da ave­ri­guar dema­sia­do en cada capí­tu­lo ni se que­de con la sen­sa­ción de que no están con­tán­do­le nada nue­vo, etc. En resu­men: un libro entre­te­ni­do, con un mis­te­rio que se resuel­ve de for­ma curio­sa e ines­pe­ra­da (creo que esto va a ser tóni­ca habi­tual de Chris­tie, pese a la poca expe­rien­cia que toda­vía ten­go con ella), en un espa­cio redu­ci­do don­de todos sos­pe­chan de todos (igual que el lec­tor), con una fami­lia reple­ta de gen­te que tie­ne algo que sacar si la víc­ti­ma mue­re…

Aho­ra bien: ¿qué dife­ren­cia este libro de otra his­to­ria detec­ti­ves­ca más? Pues de ahí vie­ne mi baja pun­tua­ción: no sabría decir nada sal­vo la per­so­na­li­dad que Chris­tie deja impreg­na­da en el per­so­na­je de Hér­cu­les Poi­rot, en for­ma de ape­ri­ti­vo para abrir boca a lo que está por venir en suce­si­vos libros. Está bien para cono­cer el ini­cio de la auto­ra y su infa­li­ble detec­ti­ve, pero tam­po­co con­si­de­ro que sea como para tirar cohe­tes.

Características

La his­to­ria comien­za con una narra­ción en pri­me­ra per­so­na en la que Has­tings, el narra­dor de esta his­to­ria, cuen­ta en el pre­sen­te y en pri­me­ra per­so­na que va a narrar lo que suce­dió en «El caso de Sty­les»; a par­tir de ese momen­to el narra­dor hace una retros­pec­ción al momen­to en el que suce­die­ron los hechos, dan­do paso a una his­to­ria lineal narra­da en pri­me­ra per­so­na en el pasa­do. El esce­na­rio en el que dis­cu­rre la mayo­ría de la his­to­ria es la resi­den­cia de cam­po Sty­les Court, en Essex, Ingla­te­rra. La carac­te­ri­za­ción de los per­so­na­jes es indi­rec­ta, pues la mayo­ría de lo que pode­mos saber sobre ellos es debi­do a las inves­ti­ga­cio­nes rea­li­za­das por Hér­cu­les Poi­rot y las con­ver­sa­cio­nes que éste man­tie­ne con Has­tings. La his­to­ria se divi­de en tre­ce capí­tu­los y todos ellos cuen­tan con una lon­gi­tud mode­ra­da, lo cual con­si­gue que un libro que es cor­to de por sí toda­vía se agi­li­ce más en su lec­tu­ra.

Personajes

El pri­mer per­so­na­je al que quie­ro hacer men­ción es a Has­tings: copro­ta­go­nis­ta y narra­dor de la his­to­ria. Se pre­sen­ta a este per­so­na­je como un mili­tar al que le han con­ce­di­do un mes de per­mi­so, y sin saber qué hacer ni adón­de ir, pues no tie­ne parien­tes pró­xi­mos, se encuen­tra con John Caven­dish, un vie­jo ami­go que al con­tar­le la his­to­ria le invi­ta a Sty­les Court, su resi­den­cia de cam­po aun­que pro­pie­dad de su madras­tra Emily Inglet­horp. La seño­ra Inglet­horp apa­re­ce muer­ta una maña­na estan­do ya él hos­pe­da­do en la casa, y para tra­tar de arro­jar luz sobre el posi­ble caso de enve­ne­na­mien­to. Aun­que no es deci­si­vo, es un per­so­na­je impor­tan­te por­que, en pri­mer lugar, nos pre­sen­ta de mane­ra for­mal y hace entrar en esce­na al detec­ti­ve Poi­rot; es par­te cla­ve en la reso­lu­ción del caso, si bien no en las inves­ti­ga­cio­nes más impor­tan­tes, sí como una espe­cie de cebo para que los posi­ble­men­te impli­ca­dos se crean a sal­vo mien­tras Poi­rot lle­va a cabo sus metó­di­cas pes­qui­sas para tra­tar de dar con el cul­pa­ble; y tam­bién por­que median­te las char­las que man­tie­ne con Poi­rot vamos noso­tros, a la vez que ellos (más o menos) sos­pe­chan­do de estos, des­car­tan­do a aque­llos, según las prue­bas que van reca­bán­do­se o en los deta­lles que van dán­do­se cuen­ta con­for­me avan­zan los días.

Des­pués, como no podía ser de otra for­ma, quie­ro comen­tar acer­ca de Hér­cu­les Poi­rot: el detec­ti­ve estre­lla de Chris­tie. Se le des­cri­be como un bel­ga de esta­tu­ra más bien baja, con bigo­te per­fec­ta­men­te cui­da­do, cabe­za en for­ma de hue­vo, siem­pre con un tra­je ele­gan­te y ni una mota de pol­vo en él o en sus zapa­tos, maniá­ti­co del orden y el méto­do, lau­rea­do exagen­te de la poli­cía de Bél­gi­ca y aho­ra exi­lia­do en Ingla­te­rra. Sus téc­ni­cas qui­zá sean poco orto­do­xas, se basa más en pre­sen­ti­mien­tos que en prue­bas (cuan­do no las encuen­tra), hay momen­tos en los que él mis­mo con­fie­sa que sabe que va por el cami­no ade­cua­do pero que toda­vía no pue­de pro­ce­der a la reso­lu­ción del caso por­que toda­vía no ha encon­tra­do las prue­bas que se nece­si­tan para que la poli­cía, un jura­do o un juez den por cier­tas sus teo­rías. Y tie­ne, por qué no decir­lo, una for­ma de cele­brar sus peque­ños éxi­tos muy curio­sa; que entre la con­cen­tra­ción men­tal que pue­de supo­ner la reso­lu­ción de un enig­ma com­pa­ran­do pis­tas y a ver a qué pun­to lle­van, hace un drás­ti­co cam­bio que dis­trae, des­pe­ja y ani­ma a seguir leyen­do más para saber qué nue­va idea ha pasa­do por su men­te que lo ha pues­to tan con­ten­to.

Pros y contras

Mi pro, com­mo creo que era de espe­rar, va para Hér­cu­les Poi­rot: es un fan­tás­ti­co per­so­na­je, metó­di­co y por tan­to curio­so, con un tras­fon­do intri­gan­te, pecu­liar, caris­má­ti­co… Me ha encan­ta­do espe­cial­men­te sus espon­tá­neas y lla­ma­ti­vas for­mas de reac­cio­nar cuan­do des­cu­bre una nue­va pis­ta que pien­sa que le lle­va­rá por el cami­no correc­to, cómo sabe gran­jear­se la con­fian­za y res­pe­to de las per­so­nas a las que está inves­ti­gan­do con el fin de que con­fíen en él para son­sa­car­le la infor­ma­ción que muy pro­ba­ble­men­te otros no con­se­gui­rían… Un enor­me per­so­na­je que, intu­yo, le que­da aún mucho que evo­lu­cio­nar en com­pa­ra­ción a lo que será con la pin­ce­la­da que se nos mues­tra en este libro.

Mi con­tra, igual que al prin­ci­pio dije que no sabía en qué se podía dife­ren­ciar ésta de cual­quier otra nove­la detec­ti­ves­ca y que por eso no le daba más pun­tua­ción, tam­po­co le he dado menos por­que tam­po­co he encon­tra­do nada que me chi­rríe sobre­ma­ne­ra, nada que le eli­mi­na­ría, ni nada que no me haya gus­ta­do. Es un libro cor­ti­to, se hace ame­no y lige­ro. Se pre­sen­ta un mis­te­rio y con pacien­cia al final ter­mi­na por resol­ver­se. No lle­va­ba expec­ta­ti­vas cuan­do empe­cé a leer­lo, y no me ha sor­pren­di­do ni para mejor ni para peor, así que no sé qué des­ta­car como par­te nega­ti­va de él… y eso, en cier­to modo, tam­bién es algo posi­ti­vo que aña­dir­le al libro.

Reseña: Harry Potter y el cáliz de fuego, de J. K. Rowling

13-I-2017

Harry Potter y el cáliz de fuego, de J. K. Rowling

Harry Potter y el cáliz de fuego, de

Páginas: 640ISBN: 9788478886456

Comprar: papel ebook Editorial: Salamandra ficha del libro

Sinopsis

Tras otro abo­mi­na­ble vera­no con los Durs­ley, Harry se dis­po­ne a ini­ciar el cuar­to cur­so en Hog­war­ts, la famo­sa escue­la de magia y hechi­ce­ría. A sus cator­ce años, a Harry le gus­ta­ría ser un joven mago como los demás y dedi­car­se a apren­der nue­vos sor­ti­le­gios, encon­trar­se con sus ami­gos Ron y Her­mio­ne y asis­tir con ellos a los Mun­dia­les de quid­dit­ch. Sin embar­go, al lle­gar al cole­gio le espe­ra una gran sor­pre­sa que lo obli­ga­rá a enfren­tar­se a los desafíos más temi­bles de toda su vida. Si logra supe­rar­los, habrá demos­tra­do que ya no es un niño y que está pre­pa­ra­do para vivir las nue­vas y emo­cio­nan­tes expe­rien­cias que el futu­ro le depa­ra.

Autora

J. K. Rowling

J. K. Row­ling (Yate, South Glou­ces­ters­hi­re, Ingla­te­rra, Reino Uni­do, 1965) es auto­ra de la saga de Harry Pot­ter, de otros tres libros com­ple­men­ta­rios publi­ca­dos ori­gi­na­ria­men­te con fines bené­fi­cos, de la nove­la para adul­tos Una vacan­te impre­vis­ta (2012) y, con el seu­dó­ni­mo Robert Gal­braith, de la serie de nove­las poli­cía­cas pro­ta­go­ni­za­das por Cor­mo­ran Stri­ke. Debu­ta como guio­nis­ta y pro­duc­to­ra con la pelí­cu­la basa­da en el libro Ani­ma­les fan­tás­ti­cos y dón­de encon­trar­los (2001). Ade­más es tam­bién famo­sa por su his­to­ria de haber pasa­do de pobre a mul­ti­mi­llo­na­ria en sólo cin­co años. La Sun­day Times Rich List de 2008 esti­mó la for­tu­na de Row­ling en 560 millo­nes de libras, sien­do la duo­dé­ci­ma mujer más rica en Gran Bre­ta­ña.

Opinión

Desde el prin­ci­pio se ve que este libro no va a ser como los ante­rio­res; para bien o para mal ya es cues­tión de gus­tos. Y no sólo por el núme­ro de pági­nas, que tam­bién, sino por cómo se desa­rro­lla la his­to­ria. Me sor­pren­dió espe­cial­men­te el ini­cio de este libro, por­que no empie­za como todos los ante­rio­res (con Harry en la casa de los Durs­ley, pasán­do­lo mal en vera­no, y como loco de ganas de que empie­ce el cur­so para lar­gar­se de allí has­ta que vuel­va el cal­va­rio con la lle­ga­da del pró­xi­mo vera­no); has­ta el capí­tu­lo 2 no se nos tras­la­da a este esce­na­rio tan típi­co del comien­zo de los libros de Harry Pot­ter, y has­ta el capí­tu­lo 11 no apa­re­ce men­ción siquie­ra al expre­so de Hog­war­ts, algo que has­ta aho­ra siem­pre ha sido de lo pri­me­ro con lo que nos hemos encon­tra­do.

Si bus­cáis acción, este libro está reple­to de ella; des­de ese ini­cio dife­ren­te que comen­to, y del que no haré men­ción por­que debe seguir sien­do sor­pre­sa para todo aquel que lo lea, has­ta las situa­cio­nes peli­gro­sas (que son más peli­gro­sas toda­vía si cabe que en ante­rio­res libros) a las que se enfren­ta Harry Pot­ter… aun­que esta vez no está solo.

A decir ver­dad creo que este libro tie­ne dos par­tes bien dife­ren­cia­das: des­de el prin­ci­pio y has­ta que lle­va­mos más o menos tres cuar­tas par­tes del libro leí­das, y des­de ahí en ade­lan­te. Has­ta ese momen­to, en que hay una drás­ti­ca vuel­ta de tuer­ca en la tra­ma, pen­sa­ba que era un libro entre­te­ni­do, que esta­ba bien, pero seguía recor­dan­do con cari­ño las esce­nas en las que apa­re­cían Remus Lupin y Sirius Black en Harry Pot­ter y el pri­sio­ne­ro de Azka­ban (1999); de ahí en ade­lan­te, como comen­té, hay un plot twist sal­va­je, ya nada es lo que pare­ce, Row­ling pare­ce que nos fríe el cere­bro vol­vien­do a los bue­nos malos, o eso es lo que pare­ce… qué sé yo, todo se pre­ci­pi­ta, Harry Pot­ter vive la peor de sus aven­tu­ras has­ta el momen­to, la narra­ción se vuel­ve tan tre­pi­dan­te que tie­nes ganas de saber en ese mis­mo ins­tan­te qué pasa y no pue­des parar de leer… En fin, sólo aña­di­ré que éste es el libro con más pági­nas de todos los de la saga Harry Pot­ter has­ta este momen­to y lo he leí­do más rápi­do que los ante­rio­res; me ha roba­do horas de sue­ño e inclu­so hizo que casi lle­ga­se tar­de un día a cla­se… por­que a ver, ¡cómo se supo­nía que iba a dejar de leer!

Y no es lo úni­co que cam­bia res­pec­to a los ante­rio­res libros, por­que en este libro no se juga­rá ni un sólo par­ti­do de quid­dit­ch en Hog­war­ts. En su lugar cono­ce­re­mos por pri­me­ra vez el Tor­neo de los tres magos: una com­pe­ti­ción que enfren­ta a tres magos de dife­ren­tes cole­gios de magia (en este caso Hog­war­ts, Beaux­ba­tons y Durms­trang); los aspi­ran­tes a cam­peo­nes de sus res­pec­ti­vos cole­gios deben depo­si­tar un papel con su nom­bre escri­to den­tro del cáliz de fue­go y será éste quien deter­mi­ne, de entre todos los que deci­die­ron pre­sen­tar­se, quién es el mejor pre­pa­ra­do para par­ti­ci­par en repre­sen­ta­ción cada uno de los cole­gios par­ti­ci­pan­tes. Y cla­ro, el títu­lo del libro tam­po­co deja lugar a muchas dudas: Harry Pot­ter par­ti­ci­pa en este tor­neo, no iba a que­dar­se ahí abu­rri­do el pobre sin hacer nada todo el cur­so. Pero eso sí hay que reco­no­cer­lo: su par­ti­ci­pa­ción no empie­za de la for­ma que cabría espe­rar.

Una par­te que me resul­tó muy gra­cio­sa es que cuan­do se cele­bra este tor­neo en Navi­dad se hace una fies­ta y hay un bai­le (has­ta aho­ra en Navi­dad en Hog­war­ts lógi­ca­men­te hay vaca­cio­nes y los alum­nos se vuel­ven a sus casas con sus res­pec­ti­vas fami­lias, sal­vo unos pocos que se que­dan; este año se que­da más gen­te que de cos­tum­bre, que hay posi­bi­li­dad de arri­mar cebo­lle­ta) y he aquí el pro­ble­ma (o no, depen­de de para quién): encon­trar pare­ja de bai­le. A Harry y a Ron les resul­ta espe­cial­men­te difí­cil este pun­to. Y me he sen­ti­do iden­ti­fi­ca­do en esto por­que… diga­mos que la faci­li­dad que tie­ne mucha gen­te para este tipo de situa­cio­nes y deri­va­das a mí nun­ca se me ha dado dema­sia­do bien; me atre­ve­ría a ase­gu­rar que si yo hubie­se sido uno de ellos dos hubie­se desis­ti­do y no habría ido al bai­le… Ya sé que el que no arries­ga no gana, pero las cosas no siem­pre son fáci­les. Aten­ción, spoi­ler: como le dice Ron a Harry en una de sus con­ver­sa­cio­nes: ¿te enfren­tas a dra­go­nes y no vas a ser capaz de pedir­le a una chi­ca que sea tu pare­ja de bai­le? Y es así, por­que hay dra­go­nes que asus­tan menos que deter­mi­na­das situa­cio­nes.

Si com­pa­ra­mos este libro con el pri­me­ro de la saga (Harry Pot­ter y la pie­dra filo­so­fal, 1997) nota­re­mos una dife­ren­cia bru­tal, no pare­ce que per­te­nez­can a la mis­ma colec­ción, sobre todo des­de el ya comen­ta­do momen­to en que nos enfren­ta­mos al cam­bio drás­ti­co en la tra­ma en ade­lan­te. Sigo reco­men­dan­do la lec­tu­ra de esta saga, se ten­ga la edad que se ten­ga, inclu­so aun­que no se sien­ta una espe­cial atrac­ción por la fan­ta­sía, por­que estos libros son bas­tan­te más que eso; y de aho­ra en ade­lan­te pin­ta que la tra­ma va a cam­biar toda­vía más. Empe­cé a leer esta saga como aman­te de la fan­ta­sía pero sin dema­sia­das expec­ta­ti­vas y sin un con­ven­ci­mien­to de que esta serie de libros iba a gus­tar­me por enci­ma de la media de otros libros de fan­ta­sía, pero esta­ba com­ple­ta­men­te equi­vo­ca­do: es una fan­ta­sía apta para todos los públi­cos, fácil de leer, entre­te­ni­da, con un mon­tón de aven­tu­ras por vivir en cada uno de los libros… y sí, tam­bién con un buen puña­do de deus ex machi­na en cada libro, como ya comen­té ante­rior­men­te, ¡pero tam­po­co anda­mos bus­can­do la per­fec­ción!

Ya que hago men­ción a mis temi­dos deus ex machi­na: los de este libro son curio­sos, algu­nos de ellos se ven a sim­ple vis­ta, como en los ante­rio­res, pero la mayo­ría de ellos pasan por alto, ni nos damos cuen­ta de que exis­ten por­que pasan muy des­aper­ci­bi­dos y no se hace espe­cial hin­ca­pié en ellos duran­te la narra­ción, pero a par­tir del superplot twist hay una esce­na don­de no paran de reve­lar­se todos los deus ex machi­na que nos ha meti­do Row­ling sin que nos demos ni cuen­ta. Como si estu­vié­ra­mos en una feria inten­tan­do con­se­guir pelu­ches con el tiro al blan­co pero con un rifle que no ten­ga el pun­to de mira o el cañón des­via­do hacia un lado: ven­ga ¡fies­ta! uno tras otro ¡que son gra­tis!

Aten­ción, spoi­ler: aun­que toda­vía no ha lle­ga­do el momen­to fatí­di­co, en este libro ya se empie­za a evi­den­ciar la cono­ci­da rela­ción entre Ron y Her­mio­ne, aun­que ella lo pone celo­són sien­do la pare­ja de bai­le de otro. Aun­que a mí esto no me impor­ta, como ya dije en una rese­ña ante­rior, lo que me fas­ti­dia y mucho es la no pare­ja entre Her­mio­ne y Harry (¿Harry con Ginny y Her­mio­ne con Ron? ¡Here­jía!). Har­mony fore­ver.

Personajes

En este libro se nos inun­da de nue­vos per­so­na­jes, aun­que no todos ellos son igual de rele­van­tes. Por par­te de Beaux­ba­tons los más rele­van­tes son su direc­to­ra Olym­pe Maxi­me (una semi­gi­gan­te, como Rubeus Hagrid) y la cam­peo­na del cole­gio Fleur Dela­cour (una gua­pí­si­ma nie­ta de una vee­la que vuel­ve locos a todos los estu­dian­tes de Hog­war­ts); por par­te de Durms­trang tene­mos a su direc­tor Igor Kar­ka­rov (un exmor­tí­fa­go) y al cam­peón del cole­gio Vik­tor Krum (el bus­ca­dor del equi­po nacio­nal de Bul­ga­ria de quid­dit­ch).

Aun­que mi favo­ri­to sin duda es Alas­tor «Ojo­lo­co» Moody. Aten­ción, spoi­ler: o lo que se cono­ce sobre él, por­que el autén­ti­co Moody tie­ne real­men­te poco pro­ta­go­nis­mo. Entra a Hog­war­ts como el nue­vo pro­fe­sor de Defen­sa con­tra las Artes Oscu­ras (vamos a uno nue­vo por libro; y los pró­xi­mos tie­nen peor pin­ta) y sim­ple­men­te me encan­ta. Es total­men­te dife­ren­te a los ante­rio­res pro­fe­so­res (aun­que Remus Lupin siem­pre ten­drá un hue­co en mi cora­zón). El pro­fe­sor Moody es un anti­guo auror (como la poli­cía del mun­do mági­co para cap­tu­rar a magos tene­bro­sos) y está obse­sio­na­do con los magos tene­bro­sos y sos­pe­cha de prác­ti­ca­men­te cual­quier mago como posi­ble mago tene­bro­so (¡y con razón!); aten­dien­do a esto, sus cla­ses son com­ple­ta­men­te prác­ti­cas (de nue­vo, por un moti­vo ocul­to, que se des­ve­la en el epic plot twist) y lan­za a sus alum­nos algu­nas de las peo­res mal­di­cio­nes (sal­vo Ava­da Keda­vra, que si te la lan­zan y no eres Harry Pot­ter date por jodi­do) que los magos tene­bro­sos pue­den lan­zar­les con la inten­ción de que sepan cómo resis­tir­se a ellas.

Por cier­to, en este libro la fami­lia Mal­foy, Vin­cent Crab­be y Gre­gory Goy­le podría decir­se que hacen bue­no al pro­fe­sor Seve­rus Sna­pe (que si habéis leí­do mis ante­rio­res rese­ñas sabréis que no me cae espe­cial­men­te bien). Dra­co Mal­foy es repug­nan­te, pero su padre, Lucius Mal­foy es com­ple­ta­men­te imbé­cil. Ya lo dije.

Pros y contras

Mi pro es para… ¡a ver si lo adi­vi­náis, que es un mis­te­rio! Ven­ga, lo digo que segu­ro que no habéis acer­ta­do: ¡para ese giro drás­ti­co en la tra­ma que lo cam­bia todo! Ya van tan­tas veces que lo nom­bro que pue­de resul­tar can­si­no, pero es que mere­ce todas y cada una de las veces que lo nom­bre: sin siquie­ra haber leí­do los siguien­tes libros se sabe que mar­ca un antes y un des­pués en la his­to­ria que has­ta aho­ra cono­cía­mos, y que nada vol­ve­rá a ser como lo fue has­ta este libro. Es un cam­bio bas­tan­te drás­ti­co, la his­to­ria engan­cha un mon­tón y pasas las pági­nas casi sin dar­te cuen­ta por­que no pue­des dejar de leer. Bien mere­ce ser mi pro esta par­te.

Mi con­tra, como en la mayo­ría de las oca­sio­nes, he de codi­fi­car­lo por­que tie­ne spoi­lers a mon­to­nes. Aten­ción, spoi­ler: va direc­to para la for­ma en que (no) hemos cono­ci­do a Ojo­lo­co Moody: me encan­ta como per­so­na­je, pero duran­te prác­ti­ca­men­te todo el libro está inter­pre­ta­do por Barty Crou­ch Jr trans­for­ma­do en Alas­tor Moody median­te la poción Mul­ti­ju­gos, y aun­que se comen­ta que man­te­nía al autén­ti­co Moody pri­sio­ne­ro y some­ti­do bajo la mal­di­ción Impe­rius para hacer­le pre­gun­tas sobre su pasa­do y tam­bién se infor­ma­ba sobre él para que nadie sos­pe­cha­ra, deja la duda de si el autén­ti­co Moody mola tan­to como lo que se cono­ce de él a tra­vés del mor­tí­fa­go Crou­ch o no. Y tam­bién la gra­tui­ta muer­te de Cedric Dig­gory. Y tam­bién, ya pues­tos, que Harry ten­ga que vol­ver a Pri­vet Dri­ve a pasar el vera­no con los Durs­ley (espe­ro que esto cam­bie algu­na vez).

Escudo de Hogwarts

Reseña: Cuentos de Navidad, de Charles Dickens

6-I-2017

Cuentos de Navidad, de Charles Dickens

Cuentos de Navidad, de

Páginas: 477ISBN: 9788491052043

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Sinopsis

La iden­ti­fi­ca­ción de Dic­kens (1812-1870) con la Navi­dad es tal que en algu­na oca­sión se ha lle­ga­do a decir que Dic­kens inven­tó la Navi­dad tal y como la ima­gi­na­mos hoy, e inclu­so que Dic­kens es la Navi­dad.

El pre­sen­te volu­men reúne diez de las mejo­res his­to­rias navi­de­ñas que nos dejó. La mayo­ría son rela­tos pura­men­te dic­ken­sia­nos, para leer o escu­char al amor de la chi­me­nea: cemen­te­rios lúgu­bres, cole­gios pobres, la vida del Lon­dres vic­to­ria­no y algu­nas sor­pren­den­tes aven­tu­ras en mares ates­ta­dos de pira­tas. Todos con el toque exac­to de humor iró­ni­co, fan­ta­sía, feli­ci­dad domés­ti­ca y el des­ti­no que tra­ta a cada uno según mere­ce.

Autor

Charles Dickens

Char­les John Huf­fam Dic­kens (Por­ts­mouth, Ingla­te­rra, Reino Uni­do, 1812 - Hig­ham, Kent, Ingla­te­rra, Reino Uni­do, 1870) fue un des­ta­ca­do escri­tor y nove­lis­ta inglés, uno de los más cono­ci­dos de la lite­ra­tu­ra uni­ver­sal, y el más sobre­sa­lien­te de la era vic­to­ria­na. Fue maes­tro del géne­ro narra­ti­vo, al que impri­mió cier­tas dosis de humor e iro­nía, prac­ti­can­do a la vez una agu­da crí­ti­ca social. En su obra des­ta­can las des­crip­cio­nes de per­so­nas y luga­res, tan­to reales como ima­gi­na­rios. En oca­sio­nes, uti­li­zó el seu­dó­ni­mo Boz. A los doce años, el encar­ce­la­mien­to de su padre por deu­das lo obli­gó a poner­se a tra­ba­jar en una fábri­ca de betún. Su edu­ca­ción fue irre­gu­lar: apren­dió por su cuen­ta taqui­gra­fía, tra­ba­jó como ayu­dan­te en el bufe­te de un abo­ga­do y final­men­te fue corres­pon­sal par­la­men­ta­rio del Mor­ning Chro­ni­cle. Sus artícu­los, lue­go reco­gi­dos en Esce­nas de la vida de Lon­dres por «Boz» (1836-1837), tuvie­ron gran éxi­to y, con la apa­ri­ción de Los pape­les pós­tu­mos del Club Pick­wick (1836-1837), Dic­kens se con­vir­tió en un autén­ti­co fenó­me­no edi­to­rial. Nove­las como Oli­ver Twist (1837-1839), Nicho­las Nic­kleby (1838-1839) o Bar­naby Rud­ge (1841) alcan­za­ron enor­me popu­la­ri­dad, así como algu­nas cró­ni­cas de via­jes, como Estam­pas de Ita­lia (1846). Con Dom­bey e hijo (1846-1848) ini­ció su épo­ca de madu­rez, de la que son bue­nos ejem­plos David Cop­per­field (1849-1850), su pri­me­ra nove­la en pri­me­ra per­so­na y su favo­ri­ta, en la que desa­rro­lló algu­nos epi­so­dios auto­bio­grá­fi­cos; La casa lúgu­bre (1852-1853); La peque­ña Dorrit (1855-1857), His­to­ria de dos ciu­da­des (1859), Gran­des espe­ran­zas (1860-1861) y Nues­tro ami­go común (1864-1865).

Opinión

La edi­ción que leí y rese­ño es una anto­lo­gía que inclu­ye el archi­co­no­ci­do rela­to Can­ción de Navi­dad, pero tam­bién otros cua­tro que tam­bién guar­dan rela­ción la épo­ca navi­de­ña: Las cam­pa­nas, El gri­llo del hogar, La bata­lla de la vida y El hechi­za­do.

Antes de seguir la rese­ña he de decir a qué se debe una pun­tua­ción tan baja: es el pri­mer libro aban­do­na­do de 2017, no he sido capaz de ter­mi­nar­lo; es cier­to que no estoy con muchas ganas de nada estos días, y que esta épo­ca no cau­sa en mí la mayor feli­ci­dad del mun­do, pero que el libro que esté leyen­do toda­vía lo fas­ti­die todo más… no. Entre unas cosas y otras no he teni­do mucho tiem­po para leer estas navi­da­des (mi inten­ción era empe­zar­lo y ter­mi­nar­lo en este perío­do), pero cuan­do lo tenía se me ocu­rrían mil cosas más ape­te­ci­bles que poner­me a leer este libro… tales como ver vídeos de cuchi­llos a mil gra­dos o de pren­sas hidráu­li­cas en You­Tu­be, todo un boom este final de año 2016.

Leí Can­ción de Navi­dad y me encan­tó, es un rela­to mara­vi­llo­so, muy tier­no y que, por momen­tos, con­si­gue que los que somos un pelín misán­tro­pos nos olvi­de­mos de todo ello duran­te la lec­tu­ra y dis­fru­te­mos de un cam­bio tan drás­ti­co y meri­to­rio en un ser tan asque­ro­so como Ebe­ne­zer Scroo­ge. Sabía que éste era un buen rela­to, aun­que mis expec­ta­ti­vas res­pec­to a él no eran exce­si­va­men­te altas, por­que tam­po­co sabía del todo cómo iba a ser, y me dejó un mara­vi­llo­so sabor de boca. Como no soy muy fan de estas fechas, no he leí­do rela­tos de temá­ti­ca navi­de­ña, pero sin duda creo que no habrán muchos que pue­dan supe­rar a este, ni en narra­ción, ni en lo ame­no que es, ni en lo tier­no, ni en cómo dis­fru­té leyén­do­lo.

Pero no todo iba a ser tan bue­no, si no no ten­dría una pun­tua­ción tan baja y no lo hubie­ra deja­do a medias. Podría decir, para decir­lo de for­ma sua­ve, que el res­to de los rela­tos que acom­pa­ñan a Can­ción de Navi­dad no tie­nen nada que ver con éste; o al menos Las cam­pa­nas y El gri­llo del hogar (este últi­mo ni lo ter­mi­né), qui­zá algu­no de los otros dos sean una pasa­da, pero lo voy a dudar de ante­ma­no y no me atre­ví a pro­bar suer­te con ellos.

En cuan­to al libro en gene­ral, como es el pri­mer libro que leo de Dic­kens no pudo saber si es algo habi­tual en él o no, pero en estas his­to­rias me ha gus­ta­do mucho que la voz del narra­dor, entre la pro­pia narra­ción, tam­bién hace peque­ños parén­te­sis (que a veces están entre parén­te­sis y a veces no) dan­do su opi­nión sobre lo que esté des­cri­biendo o con­tan­do; da sen­sa­ción como de estar entre ami­gos, como si alguien a quien cono­ces estu­vie­se con­tán­do­te una his­to­ria y entre medias tam­bién aña­die­se su pro­pia opi­nión sobre los hechos. Rom­pe la mono­to­nía de la narra­ción cuan­do no hay dema­sia­dos diá­lo­gos inte­rrum­pién­do­la.

Qui­zá no haya sido la mejor elec­ción para empe­zar a leer a Dic­kens, aun­que si me hubie­ra decan­ta­do por leer algu­na edi­ción de las que úni­ca­men­te con­tie­nen Can­ción de Navi­dad, sin el res­to de rela­tos, aho­ra esta­ría con el hype por las nubes. Pro­me­to dar­le otra opor­tu­ni­dad con algu­no de sus otros múl­ti­ples libros que escri­bió, ya que la idea de jun­tar todos estos rela­tos en una anto­lo­gía par­te uni­la­te­ral­men­te de una edi­to­rial y no fue Dic­kens quien con­ci­bió Can­ción de Navi­dad para ir acom­pa­ña­do de otros tan­tos rela­tos más en una anto­lo­gía.

No obs­tan­te, para con­cluir, me cen­tra­ré en los dos rela­tos que he leí­do ínte­gros, pri­me­ro Las cam­pa­nas y des­pués Can­ción de Navi­dad (por aque­llo de ter­mi­nar la rese­ña dejan­do un buen sabor de boca), y haré una bre­ve rese­ña sobre ellos.

Las campanas

Aun­que la his­to­ria no tie­ne nada que ver, las cam­pa­nas son una par­te fun­da­men­tal de este rela­to, como bien indi­ca su títu­lo; y tam­bién lo son de uno de los rela­tos que más me han impac­ta­do de cuan­tos he leí­do: El mon­te de las áni­mas (Béc­quer, 1861), así que por esa par­te ya tenía bas­tan­te terre­no gana­do para que me gus­ta­se esta his­to­ria… pero que­dó en el inten­to. Me ha lle­va­do más tiem­po del desea­ble aca­bar este rela­to; y sí, tam­bién por fal­ta de tiem­po para leer, pero no sólo eso, por­que el tiem­po que tenía para leer pre­fe­ría inver­tir­lo hacien­do cual­quier otra cosa a leer este rela­to. Can­ción de Navi­dad es un rela­to exce­len­te, y en com­pa­ra­ción con ése, enfren­tar­me a este segun­do… pues no ha sido lo mis­mo, ni lo más pla­cen­te­ro que se me ocu­rre. Atrás dejo algu­nos de los per­so­na­jes de este rela­to, como Toby Veck, Meg, Richard, Will Fern y Lilian Fern, que con toda segu­ri­dad más pron­to que tar­de se per­de­rán en el más pro­fun­do olvi­do.

Canción de Navidad

Creo que, aun­que no se haya leí­do este libro ni vis­to nin­gu­na de las adap­ta­cio­nes cine­ma­to­grá­fi­cas, ni refe­ren­cias a esta his­to­ria en otro tipo de pelí­cu­las ni series de tele­vi­sión o pro­gra­mas (y ya es mucho decir), se cono­ce­rá de sobra eso de los tres fan­tas­mas: el Fan­tas­ma de la Navi­dad del Pasa­do, el Fan­tas­ma de la Navi­dad del Pre­sen­te y el Fan­tas­ma de la Navi­dad Veni­de­ra (o al menos así es como les nom­bran en la edi­ción que yo leí). Y cono­cer esto, y más o menos el papel que repre­sen­tan está muy bien, pero no tie­ne ni pun­to de com­pa­ra­ción a lo que se sien­te leyen­do a Dic­kens y el amor con el que recrea cada esce­na. En la his­to­ria cono­ce­mos a Ebe­ne­zer Scroo­ge (y par­te de su fami­lia, más su emplea­do y la fami­lia de éste, entre otros per­so­na­jes menos rele­van­tes) y a Jacob Mar­ley que empie­za la his­to­ria estan­do muer­to y bien muer­to, más seco que la moja­ma, tie­so, a pun­to de ser pas­to de gusa­nos… ¡y eso tie­ne que que­dar bien cla­ro! (si habéis leí­do el rela­to sabréis por qué digo esto; y no es por­que esté loco). Pues resul­ta que al señor Scroo­ge no le gus­ta nada, ni nadie, y menos una épo­ca en la que la gen­te sue­le estar feliz, como la Navi­dad; a él sólo le impor­ta su dine­ro. Y estos fan­tas­mas le mues­tran una reali­dad que él no ve, o más bien creo que no quie­re ver. De cómo no sólo es que él esté mal sino que por su cul­pa, por su taca­ñe­ría, por sus malas for­mas, tam­bién hay gen­te que lo pasa mal aun­que le pon­gan bue­na cara al asun­to (como su emplea­do, por ejem­plo). Estos fan­tas­mas le mues­tran cómo fue, cómo es y cómo será la vida; y las cosas que le mues­tran no le gus­tan en abso­lu­to… de hecho, le gus­tan tan poco, que cuan­do ter­mi­na esa expe­rien­cia, y des­pués de tan­tos recuer­dos y ver tan malos momen­tos, de la opi­nión que tie­ne la gen­te de él, etc, da un cam­bio drás­ti­co y se preo­cu­pa más de ser feliz y de hacer feliz al res­to que de cual­quier otra cosa. Mucha gen­te debe­ría de leer este rela­to; ade­más de por lo bien escri­to que está y lo entre­te­ni­do que es, por­que cos­tan­do tan poco hacer feliz a una per­so­na, inclu­so a un des­co­no­ci­do con el que te cru­ces por la calle (y ya no hablo de dine­ro ni de nin­gún bien: algo mucho más sen­ci­llo como una son­ri­sa), ¿por qué no nos preo­cu­pa­mos más de la feli­ci­dad de las per­so­nas que nos rodean a dia­rio y menos de per­ju­di­car­las y de dis­fru­tar del daño aje­no?