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Reseña: Harry Potter y la Orden del Fénix, de J. K. Rowling

26-VII-2017

Harry Potter y la Orden del Fénix, de J. K. Rowling

Harry Potter y la Orden del Fénix, de

Páginas: 896ISBN: 9788478887422

Comprar: papel ebook Editorial: Salamandra ficha del libro

Sinopsis

Las tedio­sas vaca­cio­nes de verano en casa de sus tíos toda­vía no han aca­ba­do y Harry se encuen­tra más inquie­to que nun­ca. Ape­nas ha teni­do noti­cias de Ron y Her­mio­ne, y pre­sien­te que algo extra­ño está suce­dien­do en Hog­warts. En efec­to, cuan­do por fin comien­za otro cur­so en el famo­so cole­gio de magia y hechi­ce­ría, sus temo­res se vuel­ven reali­dad. El Minis­te­rio de Magia nie­ga que Vol­de­mort haya regre­sa­do y ha ini­cia­do una cam­pa­ña de des­pres­ti­gio con­tra Harry y Dum­ble­do­re, para lo cual ha asig­na­do a la horri­ble pro­fe­so­ra Dolo­res Umbrid­ge la tarea de vigi­lar todos sus movi­mien­tos. Así pues, ade­más de sen­tir­se solo e incom­pren­di­do, Harry sos­pe­cha que Vol­de­mort pue­de adi­vi­nar sus pen­sa­mien­tos, e intu­ye que el temi­ble mago tra­ta de apo­de­rar­se de un obje­to secre­to que le per­mi­ti­ría recu­pe­rar su poder des­truc­ti­vo.

Autora

J. K. Rowling

J. K. Row­ling (Yate, South Glou­ces­ters­hi­re, Ingla­te­rra, Reino Uni­do, 1965) es auto­ra de la saga de Harry Pot­ter, de otros tres libros com­ple­men­ta­rios publi­ca­dos ori­gi­na­ria­men­te con fines bené­fi­cos, de la nove­la para adul­tos Una vacan­te impre­vis­ta (2012) y, con el seu­dó­ni­mo Robert Gal­braith, de la serie de nove­las poli­cía­cas pro­ta­go­ni­za­das por Cor­mo­ran Stri­ke. Debu­ta como guio­nis­ta y pro­duc­to­ra con la pelí­cu­la basa­da en el libro Ani­ma­les fan­tás­ti­cos y dón­de encon­trar­los (2001). Ade­más es tam­bién famo­sa por su his­to­ria de haber pasa­do de pobre a mul­ti­mi­llo­na­ria en sólo cin­co años. La Sun­day Times Rich List de 2008 esti­mó la for­tu­na de Row­ling en 560 millo­nes de libras, sien­do la duo­dé­ci­ma mujer más rica en Gran Bre­ta­ña.

Opinión

En Harry Pot­ter y el cáliz de fue­go (2000) ya se veía cla­ro que los estu­dian­tes de Hog­warts ya no eran unos niños, que las nove­las de Row­ling habían deja­do de ser infan­ti­les para trans­for­mar­se en ado­les­cen­tes con un toque tétri­co que, en com­pa­ra­ción, no tie­ne muchas seme­jan­zas con Harry Pot­ter y la pie­dra filo­so­fal (1997), el libro que daba comien­zo a este ya de sobra cono­ci­do mun­do ima­gi­na­rio reple­to de magia y diver­sión.

Aun­que es el libro de la saga con mayor núme­ro de pági­nas, lo leí en una sema­na; ade­más, en una épo­ca bas­tan­te estre­san­te por los estu­dios, en prin­ci­pio sin dema­sia­do tiem­po para dedi­car­le al ocio… así que con eso me sobra para mos­trar cuán­to me engan­chó este libro. No sé por qué, pero pare­ce que Row­ling se ha empe­ña­do en que con cada nue­vo libro de esta saga haya un per­so­na­je al que los lec­to­res pue­dan odiar y des­car­gar toda su ira con­tra ese per­so­na­je… y que por mucho que ya odia­ses a otros per­so­na­jes de libros ante­rio­res, este nue­vo per­so­na­je supere con cre­ces el odio que sen­tías por cual­quier otro per­so­na­je al que ya creías odiar al máxi­mo. En este libro este per­so­na­je está encar­na­do por Dolo­res Umbrid­ge, y lle­gué a odiar­la tan­to que, de haber podi­do, la hubie­se estran­gu­la­do con mis pro­pias manos. Vaya supli­cio de per­so­na­je. Qué ganas de que Row­ling la mata­se de la for­ma más atroz posi­ble en cada una de sus apa­ri­cio­nes. Qué asco me dio.

Como el títu­lo del libro indi­ca, la Orden del Fénix, es uno de los temas prin­ci­pa­les que en este libro se tra­tan; es, por así decir­lo, el ejér­ci­to de Dum­ble­do­re con­tra las fuer­zas del mal; se ori­gi­nó para luchar con­tra Vol­de­mort cuan­do anta­ño se alzó con el poder, y como sabían que en algún momen­to vol­ve­ría, el gru­po per­ma­ne­ció ale­tar­ga­do, a la espe­ra, vigi­lan­do, obser­van­do seña­les que pro­nos­ti­ca­ran la vuel­ta de Vol­de­mort… y no hay señal más cla­ra de ello que la que Harry pudo narrar­les en la par­te final del libro ante­rior, aun­que el Minis­te­rio de Magia pre­fi­rie­se creer que no eran sino las ton­te­rías de un niño que no tie­ne ni idea de lo que ha vis­to con sus pro­pios ojos.

Por otro lado, el otro tema prin­ci­pal que apa­re­ce en este libro es la expli­ca­ción de la pro­fe­cía, el moti­vo del víncu­lo entre Harry y Vol­de­mort, por qué a Harry le pasa lo que le pasa en su men­te, y por qué Vol­de­mort, uno de los magos más pode­ro­sos, no con­si­guió matar­le cuan­do nada más era un bebé y no podía defen­der­se. Una de esas cosas que se han ido dejan­do caer en todos los libros, pero sin expli­car nada, deján­do­lo a la libre inter­pre­ta­ción por par­te del lec­tor, y es una de esas incóg­ni­tas que por fin que­dan resuel­tas en este volu­men.

Aten­ción, spoi­ler: hay una muer­te en este libro que no me ha gus­ta­do nada; por ines­pe­ra­da y por­que le cogí bas­tan­te cari­ño al per­so­na­je. Sirius Black. Creo que Row­ling ha sido bas­tan­te cabro­na hacién­do­le a Harry lo que le hizo con este per­so­na­je; vivía con los Durs­ley, que aun­que son fami­lia a la vez tam­bién es lo más ale­ja­do a un ser que­ri­do que se pue­de tener, le hacen cono­cer a su padrino, le crean ilu­sio­nes de poder no regre­sar más a Pri­vet Dri­ve… y no sólo no suce­de eso si no que le arre­ba­tan a la úni­ca per­so­na con la que podría que­dar­se a vivir mien­tras no sea mayor de edad y estar ale­ja­do de esos otros tres idio­tas con los que pasa el verano. Cuan­do pasó lo que pasó con la muer­te de Sirius pen­sé que en el últi­mo ins­tan­te vol­ve­ría a salir, que se aga­rra­ría a una cor­ni­sa como en las pelí­cu­las, y que envia­ría al otro barrio a Bella­trix Les­tran­ge en su lugar. Pero obvia­men­te no fue así, si no no esta­ría que­ján­do­me.

Como siem­pre, es una deli­cia leer esta saga. Pese a que ya des­apa­re­ció una de las cosas que más des­ta­ca­ba al prin­ci­pio: que por lo infan­til que era nos retro­traía a nues­tra infan­cia y nos vol­vía a hacer vivir las cosas que se narra­ban des­de la pers­pec­ti­va de un niño. Aho­ra ya no es tan así, pero no por ello es peor.

Personajes

Ya hice men­ción a ella al prin­ci­pio, pero uno de los per­so­na­jes que no pue­den pasar des­aper­ci­bi­dos en esta sec­ción es Dolo­res Umbrid­ge, auto­pro­cla­ma­da Suma Inqui­si­do­ra de Hog­warts, con el bene­plá­ci­to del Minis­tro de Magia: Cor­ne­lius Fud­ge, que pare­ce basa­do en uno de tan­tos polí­ti­cos espa­ño­les que, con tal de seguir con­ser­van­do el pues­to hacien­do lo míni­mo posi­ble, ya le va bien; es capaz de negar el retorno de Vol­de­mort bási­ca­men­te por los que­bra­de­ros de cabe­za que le supon­dría si fue­se real que Vol­de­mort vuel­ve a tener el poder que se le supo­nía per­di­do. Y como des­de Hog­warts se tra­ta de con­cien­cia al mun­do mági­co, en espe­cial Dum­ble­do­re, de que la vuel­ta de Vol­de­mort es algo real y que todos debe­rían estar pre­pa­ra­dos para ello, no se le ocu­rre nada mejor que meter a una nue­va pro­fe­so­ra de la asig­na­tu­ra Defen­sa con­tra las artes oscu­ras para matar dos pája­ros de un tiro: por un lado man­ten­drá con­tro­la­do el cole­gio (y al Minis­tro infor­ma­do) y sabrá de pri­me­ra mano todo lo que ocu­rra con liber­tad abso­lu­ta de des­ha­cer todas las medi­das toma­das por el direc­tor, Dum­ble­do­re, y por otro lado, apro­ve­chan­do que será pro­fe­so­ra de Defen­sa con­tra las artes oscu­ras, hará lo posi­ble para no ense­ñar abso­lu­ta­men­te nada útil en esa asig­na­tu­ra para que nadie apren­da cómo enfren­tar­se tan­to a Vol­de­mort como a los demás mor­tí­fa­gos si es que la gue­rra que se pre­vé que ocu­rri­rá final­men­te ocu­rre. Aten­ción, spoi­ler: en el Minis­te­rio de magia hay más mor­tí­fa­gos infil­tra­dos de los que se pue­de sos­pe­char.

Y el segun­do per­so­na­je nue­vo al que quie­ro hacer refe­ren­cia es Luna Love­good, hija del direc­tor del perió­di­co El Quis­qui­llo­so, que ven­dría a ser el Cuar­to Mile­nio del mun­do mági­co. Cuan­do la cono­cí a tra­vés del libro me encan­tó, pero cuan­do la vi repre­sen­ta­da por Evan­na Lynch en la pelí­cu­la fue… ¡ay! Pue­de que sea de lo poco fide­digno que hay en la pelí­cu­la res­pec­to al libro. Es una mucha­cha lis­ta pero extra­va­gan­te y dife­ren­te, pien­sa dife­ren­te a los demás y ve las cosas de for­ma dife­ren­te a los demás. Y tal como pasa­ría en un cole­gio cual­quie­ra (igual que le pasa a Harry): todo aquel que es dife­ren­te es seña­la­do, juz­ga­do y can­di­da­to per­fec­to para bur­las y qui­zá tam­bién algo más allá. Es un per­so­na­je muy bueno a mi pare­cer, que en oca­sio­nes sir­ve de apo­yo para Harry, por­que nadie mejor que ella sabe qué se sien­te al ser cri­ti­ca­da y juz­ga­da sin que real­men­te nadie ten­ga moti­vos para ello.

Por últi­mo quie­ro hacer refe­ren­cia al com­por­ta­mien­to que tie­ne Harry duran­te la mayor par­te del libro con Ron y Her­mio­ne, que son real­men­te los dos úni­cos ami­gos con los que cuen­ta entre sus com­pa­ñe­ros. El per­so­na­je evo­lu­cio­na, sí, y le apa­re­ce el carác­ter que duran­te los pri­me­ros libros pare­ce que no exis­te, pero por muchos pro­ble­mas que ten­gas, por mal que lo estés pasan­do, lo que hace de pagar sus enfa­dos y su frus­tra­ción con los úni­cos que incon­di­cio­nal­men­te, tan­to en las bue­nas como en las malas le apo­yan, creo que no es la mejor de las deci­sio­nes posi­bles. Pese a ello, en este libro se ve que las bue­nas amis­ta­des son algo que mere­ce la pena cui­dar y con­ser­var, por­que aun­que sea en un momen­to en que tú no merez­cas que esos ami­gos estén a tu lado, igual­men­te segui­rán están­do­lo.

Pros y contras

En este caso mi pro va en pack; en pri­mer lugar para la Orden del Fénix, me encan­tó el gru­po que for­man, cómo están coor­di­na­dos y quié­nes for­man (y algu­nos que for­ma­ban) el gru­po; en segun­do lugar, para el retorno de Vol­de­mort, que aun­que en el ante­rior libro ya se pue­de ver, su apa­ri­ción este­lar en este libro es por todo lo alto, con una bata­lla y un due­lo épi­cos… pri­me­ro un todos con­tra todos: Mor­tí­fa­gos con­tra la Orden del Fénix, y para fina­li­zar un due­lo entre los pesos pesa­dos. La his­to­ria de aquí en ade­lan­te pro­me­te muchí­si­mo.

Mi con­tra cla­ra­men­te está rela­cio­na­do con uno de los spoi­lers que he hecho, así que esto tam­bién debe ser­lo. Aten­ción, spoi­ler: lógi­ca­men­te me refie­ro a la muer­te de Sirius Black, por todo lo que ya he comen­ta­do, me pare­ce injus­ta e inne­ce­sa­ria. Esta­ba de más. Y si Row­ling que­ría car­gár­se­lo, pues al menos podría haber espe­ra­do a que Harry pudie­se dis­fru­tar un poco más de él ¿no? No com­pren­dí esa muer­te y creo que no la com­pren­de­ré nun­ca.

Escudo de Hogwarts

Sigo vivo y estoy de vacaciones

20-VII-2017

Aun­que hace tiem­po que no apa­rez­co por aquí, que sepáis que sigo vivo. Ya lle­vo un tiem­po de vaca­cio­nes, des­can­sa­do; en medio del des­can­so del gue­rre­ro, como dicen, dis­fru­tan­do de unas mere­ci­das vaca­cio­nes gra­cias al tra­ba­jo bien hecho. Pero has­ta aho­ra no me había acer­ca­do por estos lares a apo­rrear las teclas en honor de todos aque­llos que me quie­ran leer.

Lo que va de año ha sido bas­tan­te estre­san­te para mí, y para dar mues­tra de ese estrés sólo tenéis que echar­le un ojo a la lis­ta de libros que lle­vo leí­dos este año. No os echéis las manos a la cabe­za aún, tie­ne una expli­ca­ción. Como comen­té el año pasa­do: reto­mé mis estu­dios. Y no sólo los reto­mé para ter­mi­nar lo que había deja­do a medias, sino que estoy yen­do más allá, a ver si me ayu­da a encon­trar un empleo, al menos, media­na­men­te bien paga­do. Que aun­que la escla­vi­tud se abo­lió hace años, algu­nos empre­sa­rios no tie­ne con­cien­cia de ello.

Este pasa­do cur­so estu­ve hacien­do un cur­so pre­pa­ra­to­rio para afron­tar las prue­bas de acce­so a gra­do supe­rior. Como el ante­rior ya había esta­do estu­dian­do, no empe­cé de cero, ya esta­ba acos­tum­bra­do a estu­diar, por así decir­lo, y eso me ayu­dó bas­tan­te. El cur­so estu­vo bien, con un nivel ase­qui­ble para apro­bar si uno se lo curra lo sufi­cien­te día a día, y esta­ba bas­tan­te con­ten­to… Has­ta que me ente­ré de que por prue­ba de acce­so, en el gra­do supe­rior al que que­ría entrar, y en el cen­tro en el que lo que­ría hacer, nada más había tres vacan­tes para el cur­so 2017/2018 (me infor­ma­ron de que en el ante­rior cur­so hubie­ron cin­co vacan­tes). Tres pla­zas, nada más. Es decir: tenía que sacar, como míni­mo, la ter­ce­ra mejor nota de entre todos los que se pre­sen­ta­ran al ciclo que que­ría estu­diar para que me admi­tie­ran. El estrés se apo­de­ró de mí y me cen­tré úni­ca­men­te en estu­diar.

Ya estu­ve ponién­do­me las pilas con los estu­dios antes de que supie­ra esto, pero a par­tir de enton­ces bási­ca­men­te me cen­tré en eso. Nada más. Por­que no que­ría que des­pués de todo el esfuer­zo no valie­se para nada. Tres pla­zas. Lo veía com­pli­ca­do, pero había que inten­tar­lo. A dife­ren­cia del cur­so ante­rior no me preo­cu­pa­ba no apro­bar (si des­pués de lo que esta­ba currán­do­me­lo no apro­ba­ba, mere­ci­do lo hubie­ra teni­do), lo que me preo­cu­pa­ba era no sacar sufi­cien­te nota para pasar la nota de cor­te de marras. Y no dis­fru­ta­ba de nada más cuan­do des­can­sa­ba; si me ponía a leer o ver series, para­ba a mitad por­que mi cere­bro me decía que debe­ría de estar hacien­do cosas pro­duc­ti­vas, que había cosas que debe­ría saber mejor de cara a los exá­me­nes, o inver­tir un poco más de tiem­po en prac­ti­car algu­nas otras cosas. Al final, desis­tí de inten­tar des­can­sar dema­sia­do rato, por­que ni me cen­tra­ba en des­can­sar, ni al final estu­dia­ba o hacía lo que tuvie­se que hacer… Y para tra­tar de hacer dos cosas y las dos mal…

Y entre unas cosas y otras nos plan­ta­mos en el día en que tenía que hacer los exá­me­nes de la prue­ba de acce­so. Igual que el cur­so ante­rior: uno tras otro, todo el día con exá­me­nes. La sen­sa­ción que tuve cuan­do salí de hacer los exá­me­nes fue pési­ma; iba pre­pa­ra­do para un tipo de exá­me­nes, muy bien pre­pa­ra­do a mi jui­cio (y para decir eso yo…), pero la reali­dad fue que nos tuvi­mos que enfren­tar a unos exá­me­nes que para nada tenían que ver con todos los exá­me­nes que habían pues­to en las ante­rio­res con­vo­ca­to­rias… y no pre­ci­sa­men­te recien­tes… Hablo des­de 2010 has­ta el año pasa­do. Y la suer­te que tuve es que esta­ba muy bien pre­pa­ra­do para los exá­me­nes que pen­sa­ba que me iban a poner, por­que gra­cias a ello pude apa­ñár­me­las para hacer esos que nos pusie­ron un poco mejor de lo que los habría hecho si no hubie­se ido tan bien pre­pa­ra­do.

Las sen­sa­cio­nes eran muy malas, como dije… pero pare­ce ser que la suer­te es que los demás fue­ron menos pre­pa­ra­dos de lo que yo iba. Las notas no fue­ron de escán­da­lo, pero sí lo son si se com­pa­ra res­pec­to al examen que pusie­ron y res­pec­to a la nota de la inmen­sa mayo­ría de gen­te que se pre­sen­tó. En el cen­tro en el que me exa­mi­né se car­ga­ron a un 58% de la gen­te que se pre­sen­tó… Y es, por lo que he podi­do ver, uno de los cen­tros de por alre­de­dor que mejor por­cen­ta­je de apro­ba­dos tie­ne.

Y a lo que iba: mi nota, mi pla­za, mis estu­dios… Ter­ce­ra pla­za dije que nece­si­ta­ba, como míni­mo, de entre todos los que se pre­sen­ta­sen a mi ciclo. Pues quie­nes me seguís por redes socia­les esto ya lo sabréis, pero saqué la ter­ce­ra mejor nota… de todos los que se pre­sen­ta­ron en mi cen­tro. Y la segun­da mejor nota de la rama tec­no­ló­gi­ca (fuck yeah!). Al final eso me lle­vó a ver que en las lis­tas pro­vi­sio­na­les de admi­ti­dos me toca­ba la pri­me­ra de las pla­zas vacan­tes, y tam­bién me lle­vó a qui­tar­me un peso de enci­ma sabien­do que, aun­que fue­sen pro­vi­sio­na­les, para mí ya era como si fue­sen defi­ni­ti­vas.

A estas altu­ras ya ten­go paga­da la matrí­cu­la para el pró­xi­mo cur­so, ya sé qué día y a qué hora empie­zan las cla­ses… Y, aun­que sea un pen­sa­mien­to nue­vo, algo que no pen­sé que lle­ga­ría a pen­sar nun­ca: ten­go ganas de que empie­cen las cla­ses. Por fin voy a estu­diar lo que me gus­ta… atrás que­dó eso que lla­man cul­tu­ra gene­ral y que todo el mun­do tie­ne que memo­ri­zar y vomi­tar en los exá­me­nes sin tener para nada cla­ro de qué podrá ser­vir eso en el futu­ro. Por fin estu­dia­ré lo que de ver­dad quie­ro estu­diar… Y cada vez tenien­do más cla­ro que, mien­tras pue­da per­mi­tír­me­lo, nun­ca quie­ro dejar de estu­diar de nue­vo. No quie­ro tener que vol­ver a empe­zar, como el cur­so pasa­do, des­pués de hace muchí­si­mos años, habien­do per­di­do hábi­to de estu­dio, y sin­tién­do­me un inú­til que no sabe si ser­vi­rá para eso o no. Nun­ca más.

Quie­ro tam­bién hacer men­ción a los pro­fe­so­res que he teni­do este cur­so pasa­do, que igual que con los del ante­rior, he teni­do muchí­si­ma suer­te. Han sido la leche, super buen rollo, he apren­di­do mucho gra­cias a lo bien que se hacen enten­der y al ambien­te tan estu­pen­do que había en cla­se gra­cias tam­bién a que con los com­pa­ñe­ros tam­bién tuve muy bue­na suer­te. Mi vuel­ta a los estu­dios, sien­do cla­ro, no podía tener menos que ver con la eta­pa que pasé cuan­do era peque­ño; si las cosas enton­ces hubie­sen sido como aho­ra… otro gallo hubie­se can­ta­do, y no pre­ci­sa­men­te el que repre­sen­tó a Espa­ña en el últi­mo fes­ti­val de Euro­vi­sión.

Aho­ra sólo que­da ver qué tal va en esta nue­va eta­pa que el día 12 de sep­tiem­bre comen­za­rá. Os ade­lan­to que es un ciclo for­ma­ti­vo de gra­do supe­rior de Desa­rro­llo de apli­ca­cio­nes mul­ti­pla­ta­for­ma (pro­gra­ma­ción, infor­má­ti­ca); quie­nes me cono­céis un poqui­to, por el blog, por tuto­ria­les que he pues­to por aquí, pero tam­bién por otros pro­yec­tos que he ido hacien­do por otras vías, la pro­gra­ma­ción es una de mis pasio­nes, es una de las cosas que hago, apar­te de leer y ver series de tele­vi­sión, cuan­do quie­ro rela­jar­me. Y pen­sar que por fin, si todo sale bien, un papel me acre­di­ta­rá saber par­te de lo que ya apren­dí como auto­di­dac­ta, y que gra­cias a ello podré optar a tra­ba­jos que aho­ra no están a mi alcan­ce, hacen que afron­te este perío­do con las mayo­res ganas e ilu­sión.

¡Segui­ré infor­man­do!

Reseña: Frankenstein, de Mary Shelley

28-V-2017

Frankenstein, de Mary Shelley

Frankenstein, de

Páginas: 248ISBN: 9788440725646

Comprar: papel ebook Editorial: Club internacional del libro

Sinopsis

Fran­kens­tein es una his­to­ria en la que Víc­tor, un joven cien­tí­fi­co, se obse­sio­na por lograr el mayor reto posi­ble en el mun­do: dar vida a un cuer­po muer­to. Su éxi­to será su con­de­na, la crea­ción de un mons­truo que, en res­pues­ta a su recha­zo por todos, se entre­ga por com­ple­to a saciar una sed de ven­gan­za hacia su crea­dor, cul­pa­ble de su des­gra­cia, y hacia todo lo que éste ama.

Autora

Mary Shelley

Mary Wolls­to­ne­craft She­lley (Lon­dres, Ingla­te­rra, 1797 - ibí­dem, 1851) fue una narra­do­ra, dra­ma­tur­ga, ensa­yis­ta, filó­so­fa y bió­gra­fa bri­tá­ni­ca, reco­no­ci­da sobre todo por ser la auto­ra de la nove­la góti­ca Fran­kens­tein (1818). Tam­bién edi­tó y pro­mo­cio­nó las obras de su espo­so, el poe­ta román­ti­co y filó­so­fo Percy Byss­he She­lley. Su padre fue el filó­so­fo polí­ti­co William God­win y su madre la filó­so­fa femi­nis­ta Mary Wolls­to­ne­craft.

Opinión

Este libro tie­ne múl­ti­ples inter­pre­ta­cio­nes; por un lado, lo que el pro­pio libro cuen­ta, por otro lado, lo que la auto­ra pudo dar a enten­der entre líneas, para que cada lec­tor extrai­ga sus con­clu­sio­nes. Y éstas, como depen­den de cada lec­tor, pue­den ser de lo más varia­das.

Uno de esos libros inmor­ta­les, que car­gan a sus espal­das con detrac­to­res y admi­ra­do­res casi a par­tes igua­les. De esos que empie­zo a leer con un poco de res­pe­to pen­san­do en qué podré decir de un libro tan famo­so en caso de que no entre den­tro de ese gru­po de per­so­nas a quie­nes le encan­tó… pero una vez más, mi medi­ta­da elec­ción de lec­tu­ra no me ha falla­do y he des­cu­bier­to un libro bue­ní­si­mo, cosa que no tenía tan cla­ra cuan­do empe­cé a leer­lo.

Este libro se divi­de en dos par­tes: al prin­ci­pio comien­za una narra­ción epis­to­lar en pasa­do, tan clá­si­ca de la épo­ca, en la que el capi­tán Robert Wal­ton expli­ca a su her­ma­na por car­ta la his­to­ria de un náu­fra­go que encon­tró en alta mar; des­pués esa narra­ción epis­to­lar cam­bia para adjun­tar en esas car­tas la his­to­ria de Víc­tor Fran­kens­tein, en la que será el pro­pio Víc­tor quien cuen­te de pri­me­ra mano lo que suce­dió des­de el momen­to en que lle­gó por pri­me­ra vez a la uni­ver­si­dad ávi­do de nue­vos cono­ci­mien­tos y de hacer algo gran­de en el mun­do de la cien­cia; por últi­mo, otro cam­bio más, en el que ter­mi­na la his­to­ria de la mis­ma for­ma en que la empe­zó: sien­do el pro­pio Wal­ton quien con­clu­ye a su mane­ra la his­to­ria que pre­ten­de con­tar­le a su her­ma­na.

El mons­truo de Fran­kens­tein (ojo aquí, que el mons­truo no se lla­ma Fran­kens­tein como popu­lar­men­te se cree; el mons­truo no tie­ne nom­bre cono­ci­do y Fran­kens­tein es el ape­lli­do de Víc­tor, su crea­dor) según algu­nas inter­pre­ta­cio­nes podría hacer refe­ren­cia a Adán, y Víc­tor, su crea­dor, a Dios… Pero tra­tan­do de dar­le un enfo­que más actual y más ale­ja­do de la teo­lo­gía, el mons­truo de Fran­kens­tein podría per­fec­ta­men­te ser aquel niño que en el cole­gio no le tra­tan todo lo bien que debe­rían, aque­lla niña a la que til­dan de cosas estú­pi­das por no ves­tir de la for­ma en que se supo­ne que le corres­pon­de, aquel com­pa­ñe­ro de tra­ba­jo al que todo el mun­do exclu­ye por algún moti­vo, etc. Es aquí don­de, como al prin­ci­pio hacía refe­ren­cia, entra en jue­go lo que cada lec­tor pue­da inter­pre­tar de las pala­bras de Mary She­lley.

En su momen­to ya leí y rese­ñé El vam­pi­ro (John William Poli­do­ri, 1819). Para quien no sepa cuál es la cone­xión entre ambas his­to­rias, podría decir­se que se ges­ta­ron a la vez en Villa Dio­da­ti, la resi­den­cia de verano de lord Byron; fue­ron dos his­to­rias, pro­duc­to de la ima­gi­na­ción de sus res­pec­ti­vos auto­res, que sur­gie­ron como con­se­cuen­cia de una idea en común duran­te un perio­do vaca­cio­nal para crear la his­to­ria más terro­rí­fi­ca que se les pudie­se ocu­rrir. Cuan­do se pre­sen­tó la pri­me­ra edi­ción de este libro, Mary She­lley era la úni­ca que trans­for­mó en reali­dad lo que sur­gió de aquel reto, pero más tar­de Poli­do­ri tam­bién publi­có El vam­pi­ro, aun­que más que una nove­la aquél podría ser con­si­de­ra­do más bien como un rela­to ya que Mary She­lley amplió y pro­fun­di­zó muchí­si­mo más en su his­to­ria.

La his­to­ria me ha encan­ta­do, pero no tie­ne nada que ver con lo que popu­lar­men­te se cono­ce de Fran­kens­tein, como en tan­tas oca­sio­nes suce­de con la lite­ra­tu­ra y sus pos­te­rio­res adap­ta­cio­nes. El mons­truo prin­ci­pal­men­te me ha cau­sa­do lás­ti­ma y me ha hecho empa­ti­zar mucho con él, pero lle­gó un pun­to en que encon­tré ya exce­si­va su sed de ven­gan­za… la línea que sepa­ra la víc­ti­ma del ver­du­go es tan fina que pue­de reba­sar­se sin que uno se dé cuen­ta.

Es un libro ameno, pero no deja de tener el esti­lo clá­si­co que le corres­pon­de por la épo­ca en que fue escri­to: tie­ne pala­bras rim­bom­ban­tes y diá­lo­gos lar­guí­si­mos, lo cual para alguien acos­tum­bra­do a leer clá­si­cos no supo­ne pro­ble­ma alguno, pero no sé qué tal le sen­ta­ría a alguien que se enfren­te a un clá­si­co por pri­me­ra vez con este libro. Eso sí, es una his­to­ria que debe­ría leer todo aquel que acos­tum­bre a excluir o a des­pre­ciar a la gen­te sim­ple­men­te por­que no son como se entien­de que debe de ser todo el mun­do; esos que tie­nen algu­na rare­za, o que tie­nen gus­tos que se salen de lo habi­tual, tam­bién mere­cen ser tra­ta­dos como el res­to de seres huma­nos. Esas per­so­nas, como el mons­truo de Fran­kens­tein, tam­bién tie­nen sen­ti­mien­tos y se sien­ten mal, aun­que pue­de que no le impor­te a nadie cómo se sien­tan.

Espe­ro que os ani­méis a leer­lo, mere­ce la pena ser leí­do.