Reseña: 1984, de George Orwell

1-XII-2016

1984, de George Orwell

relectura

Pági­nas: 352 ISBN: 9788420664262

Com­prar: papel ebook Edi­to­rial: DeBol­si­llo ficha del libro

Sinopsis

En el año 1984 Lon­dres es una ciu­dad lúgu­bre en la que la Poli­cía del Pen­sa­mien­to con­tro­la de for­ma asfi­xian­te la vida de los ciu­da­da­nos. Wins­ton Smith es un peón de este engra­na­je per­ver­so, su come­ti­do es rees­cri­bir la his­to­ria para adap­tar­la a lo que el Par­ti­do con­si­de­ra la ver­sión ofi­cial de los hechos… has­ta que deci­de replan­te­ar­se la ver­dad del sis­te­ma que los gobier­na y some­te.

Autor

George Orwell

Eric Art­hur Blair (Motiha­ri, Raj Bri­tá­ni­co, India, 1903 - Lon­dres, Ingla­te­rra, Reino Uni­do, 1950), más cono­ci­do por el seu­dó­ni­mo de Geor­ge Orwe­ll, fue un escri­tor y perio­dis­ta bri­tá­ni­co. Podría decir­se que su bre­ve vida resu­me los sue­ños y las pesa­di­llas del mun­do occi­den­tal en el siglo XX. Nació en la India bri­tá­ni­ca en el seno de una fami­lia de cla­se media, estu­dió con una beca en el exclu­si­vo cole­gio de Eton, sir­vió en la Poli­cía Impe­rial en ultra­mar (Los días de Bir­ma­nia, 1934), vol­vió a Euro­pa, don­de vivió a sal­to de mata (Sin blan­ca en París y Lon­dres, 1933), regre­só a la Ingla­te­rra rural y empe­zó allí el ejer­ci­cio de la docen­cia (La hija del clé­ri­go, 1935), escri­bió sobre la cla­se obre­ra ingle­sa y la explo­ta­ción (Que no mue­ra la aspi­dis­tra, 1936; El cami­no a Wigan Pier, 1937), reco­gió su expe­rien­cia de lucha con­tra el fas­cis­mo en la tur­bu­len­ta Gue­rra Civil espa­ño­la (Home­na­je a Cata­lu­ña, 1938), vis­lum­bró en la con­va­le­cen­cia pos­te­rior el derrum­be del vie­jo mun­do (Subir a por aire, 1939), cola­bo­ró con la BBC duran­te la Segun­da Gue­rra Mun­dial, se con­sa­gró en el Tri­bu­ne y el Obser­ver como uno de los mejo­res pro­sis­tas en len­gua ingle­sa (entre su vas­ta pro­duc­ción ensa­yís­ti­ca cabe des­ta­car El león y el uni­cor­nio y otros ensa­yos, 1940), fabu­ló las per­ver­sio­nes del socia­lis­mo (Rebe­lión en la gran­ja, 1945) y lle­gó a anti­ci­par nue­vos tipos de socie­dad buro­crá­ti­ca e hiper­po­lí­ti­ca (1984, 1949). A pesar de su tem­pra­na muer­te, se le sigue con­si­de­ran­do la con­cien­cia de una gene­ra­ción y una de las voces más lúci­das que se han alza­do con­tra toda cla­se de tota­li­ta­ris­mos.

Opinión

En 2012 leí este libro, pero a saber por qué no le escri­bí una rese­ña en este blog. Enton­ces ya fue direc­to a mi lis­ta de libros favo­ri­tos y aho­ra, en esta relec­tu­ra, no sólo no se ha que­da­do atrás sino que ha mejo­ra­do lo que ya pen­sa­ba de él. Es cier­to que cuan­do cono­ces qué va a suce­der la sor­pre­sa cuan­do suce­de lo que en prin­ci­pio es ines­pe­ra­do ya no exis­te, pero no ha impe­di­do que dis­fru­te de él tan­to o más que la pri­me­ra vez, pues­to que este tipo de libros, de los que se pue­den extra­er tan­tas ideas y tan­tos para­le­lis­mos con la épo­ca actual, con­for­me van madu­ran­do tus ideas por el paso del tiem­po lo que ya has leí­do se per­ci­be de dis­tin­ta for­ma y qui­zá le encuen­tras más (o de dis­tin­ta for­ma al menos) sig­ni­fi­ca­do a cosas que qui­zá antes pasa­ron des­aper­ci­bi­das. Me gus­ta releer libros, aun­que no es algo que haga con fre­cuen­cia; pero creo que éste es un libro del que se pue­de sacar pro­ve­cho tan­tas veces como se lea.

Geor­ge Orwe­ll escri­bió este libro en 1949 como paro­dia; crean­do un mun­do dis­tó­pi­co en el que las tec­no­lo­gías no sir­ven a las per­so­nas sino a los polí­ti­cos, que las uti­li­zan para con­tro­lar a esas per­so­nas y adoc­tri­nar­las de tal for­ma que les per­mi­ta con­se­guir una per­ma­nen­cia ili­mi­ta­da en el poder; para que quie­nes osten­ten el poder, la cima de la pirá­mi­de, siem­pre sean los mis­mos; y que quie­nes estén en lo más bajo de la esca­la social, en la base de la pirá­mi­de, tam­bién sigan sien­do los mis­mos sin posi­bi­li­da­des reales de con­se­guir una vida mejor. Y todo esto que estoy con­tan­do creo que ni siquie­ra aho­ra sue­na tan des­ca­be­lla­do, por­que es jus­to lo que ocu­rre. Es cier­to que el esce­na­rio del libro no es el actual, ni pre­vi­si­ble­men­te podrá exis­tir en el futu­ro (aun­que no será por­que algu­nos no lo que­rrían), es par­te de esa cien­cia fic­ción que rezu­ma en este libro, pero pese a ello no se pue­de decir que lo que pre­sen­tía el señor Orwe­ll, tan­tos años atrás, cuan­do ni siquie­ra había tele­vi­so­res (en el caso del libro no tan­to para que los obser­ve­mos noso­tros sino para que el Par­ti­do obser­ve a sus súb­di­tos) en cada hogar, y ni mucho menos esta­ban tan popu­la­ri­za­dos como lo estu­vie­ron años des­pués, ya pre­vió que serían un ins­tru­men­to para adoc­tri­nar, para mani­pu­lar y, en defi­ni­ti­va, para inci­dir en las creen­cias o pen­sa­mien­tos de quie­nes no tuvie­ran un pen­sa­mien­to crí­ti­co y die­sen por correc­ta cual­quier infor­ma­ción que salie­se de esas cajas ton­tas. Así que no del modo en que él lo rela­ta en 1984, pero…

Un poco por enci­ma, para con­tar de qué va la his­to­ria. Aun­que es difí­cil decan­tar­me sobre cuál es el per­so­na­je prin­ci­pal de la nove­la, por­que lle­ga un momen­to en que esto se vuel­ve un poco difu­so, podre­mos decir que es Wins­ton Smith, o al menos creo que ésa es la idea que Orwe­ll lle­va­ba al escri­bir este libro. Este hom­bre es un miem­bro del Par­ti­do Exte­rior (social­men­te está en la cla­se media en esta his­to­ria); tra­ba­ja direc­ta­men­te para el Par­ti­do, y en una de las sec­cio­nes en las cua­les mejor pue­des hacer­te una idea de cómo fun­cio­nan las cosas en este mun­do en que nada nun­ca es como pare­ce: es uno de los encar­ga­dos de modi­fi­car todas las noti­cias que se hayan emi­ti­do en el pasa­do para que no haya ras­tro que indi­que que algo no es como el Her­ma­no Mayor (el líder del par­ti­do) esté dicien­do en ese momen­to que es; por ejem­plo: hace unos meses el Her­ma­no Mayor anun­ció que se espe­ra­ba que en la racio­na­li­za­ción de ali­men­tos en esa fecha hubie­ra una par­ti­da mayor de cho­co­la­te per cápi­ta y resul­ta que al final no será así sino que se baja­rá… ¿Solu­ción? Se des­tru­ye esa noti­cia y se cam­bia por otra que diga que el Her­ma­no Mayor anun­ció que la par­ti­da baja­ría inclu­so más de lo que se va a bajar, para así poder ensal­zar la ges­tión del Par­ti­do que no sólo no baja sino que aumen­ta. Y como des­de peque­ños a los niños se les ha ense­ña­do el doble­pien­sa, que es una for­ma de des­cri­bir en nue­va­len­gua una acción que cons­ta en pen­sar sin pen­sar, o en pen­sar lo que otros quie­ren que pien­ses cre­yen­do que estás pen­sán­do­lo tú mis­mo, están tan adoc­tri­na­dos que ni siquie­ra con­ser­van la memo­ria sufi­cien­te como para saber que lo que les cuen­tan no pue­de estar más ale­ja­do de la reali­dad. Y como éste, en la his­to­ria, se rela­tan diver­sos casos más. Que, repi­to, qui­zá no esté tan ale­ja­do de lo que nos hacen a noso­tros… no a ese nivel, pero sigo pen­san­do que si no lo hacen es por­que no les es via­ble toda­vía; algu­no esta­ría encan­ta­do de poder hacer eso mis­mo en esta socie­dad del pre­sen­te.

Hace años, res­pec­to al pre­sen­te de la his­to­ria, Wins­ton que ya era un poco escép­ti­co con el par­ti­do, tuvo en su pro­pia mano una prue­ba que le abrió los ojos y con la que se dio cuen­ta de que todo lo que se con­ta­ba des­de el Par­ti­do cabía la posi­bi­li­dad de que no fue­ra del todo cier­to; en ese momen­to le dio mie­do (con el nivel de con­trol que tie­nen, con cáma­ras de vigi­lan­cia por todas par­tes, lo ame­na­za­da que está la gen­te y el mie­do que se le tie­nen a la Poli­cía del Pen­sa­mien­to… como para no) y des­tru­yó esa prue­ba, pero jamás la olvi­dó, siem­pre recor­dó esa foto que, aun­que nadie más pudie­ra recor­dar sal­vo él, era una prue­ba irre­fu­ta­ble de que tres per­so­nas que habían vapo­ri­za­do (el eufe­mis­mo en nue­va­len­gua para decir que alguien es ya una noper­so­na… vamos, que lo han ase­si­na­do segu­ra­men­te por come­ter un cri­men­tal).

Cri­men­tal: con­trac­ción de cri­men men­tal; por­que al Par­ti­do no le impor­ta lo que un indi­vi­duo pue­da hacer, están tan segu­ros de su for­ta­le­za y per­pe­tui­dad que lo que haga una per­so­na les impor­ta más bien poco, pero son tan arro­gan­tes que no pue­den per­mi­tir ni siquie­ra que una úni­ca per­so­na pien­se dife­ren­te a lo esta­ble­ci­do, que no crea fir­me­men­te que el Par­ti­do y el Her­ma­no Mayor es lo mejor que les ha podi­do pasar, y que antes de ellos el mun­do era un lugar sinies­tro e inhós­pi­to. Y cuan­do se detec­ta un cri­men­tal, sea por una con­ver­sa­ción cap­ta­da por uno de los innu­me­ra­bles micró­fo­nos o tele­pan­ta­llas repar­ti­das por doquier, por un ges­to, o sim­ple­men­te por una pesa­di­lla noc­tur­na, la Poli­cía del Pen­sa­mien­to acu­de rau­do allá don­de esté esté esa per­so­na para dete­ner­la y some­ter­la a innu­me­ra­bles tor­tu­ras median­te las cua­les, sea como sea, aca­ba­rás gri­tan­do y sin­tien­do des­de lo más pro­fun­do de ti que el Par­ti­do es lo mejor que exis­te y que amas al Her­ma­no Mayor por enci­ma de todas las cosas.

Pero en toda socie­dad en repre­sión hay un gru­po de gen­te que se alza, o teó­ri­ca­men­te al menos, es lo que se cuen­ta… La Her­man­dad. Wins­ton, jun­to con Julia, una chi­ca que apa­re­ce en la vida de Wins­ton casi por casua­li­dad ¡y que me encan­ta su per­so­na­je!, harán lo posi­ble por encon­trar un enla­ce que les per­mi­ta entrar a for­mar par­te de esa Her­man­dad y ser­vir de ayu­da para derro­car al Par­ti­do. Y cuan­do con­si­guen dar con su enla­ce ya les advier­te que una de las con­se­cuen­cias de desafiar al Par­ti­do es que tar­de o tem­pra­no se ente­ra­rán, los deten­drán y los vapo­ri­za­rán… pero ambos le tie­nen ya tan­ta repug­nan­cia al Par­ti­do, a la gen­te que lo sigue sin dudar, a sus méto­dos y a la idea que repre­sen­ta, que pien­san que el con­jun­to de la pobla­ción está por enci­ma de ellos y que cual­quier cosa es acep­ta­ble si el fin que el mun­do vuel­va a ser un lugar pare­ci­do al que era antes de que exis­tie­ra el Her­ma­no Mayor.

En mi ante­rior lec­tu­ra sí es cier­to que noté algu­nos frag­men­tos algo más den­sos que el res­to del libro, espe­cial­men­te en los que se expli­can los con­cep­tos de la nue­va­len­gua y de cómo ésta fue crea­da a par­tir del inglés; esta vez no me lo ha pare­ci­do, por­que me ha pare­ci­do intere­san­te leer que esta len­gua, prin­ci­pal­men­te, se creó para que la gen­te no pudie­ra hacer cosas con­tra­rias al par­ti­do: la prin­ci­pal fun­ción de esta len­gua con­sis­te en redu­cir el núme­ro de pala­bras, con el fin de que la gen­te no pue­da pen­sar y sólo decir cosas bási­cas, y tam­bién pen­san­do en que si no exis­te for­ma de lla­mar a una acción tam­po­co nadie podrá plan­te­ar­se hacer­la por­que no podrán refe­rir­se a ella de nin­gu­na for­ma. Son cues­tio­nes un tan­to filo­só­fi­cas que, como decía al prin­ci­pio, qui­zá depen­de de con qué edad se lean pue­de que te lla­men la aten­ción o que no repa­res en ellas.

Es un libro que engan­cha des­de las pri­me­ras pági­nas; muy pron­to sabes que algo suce­de­rá con el Par­ti­do, por­que con­for­me el narra­dor des­cri­be a la socie­dad y tam­bién a Wins­ton te das cuen­ta rápi­da­men­te de que éste no es como los demás y que, en caso de tener opor­tu­ni­dad, pese a las limi­ta­cio­nes que le son posi­bles, tra­ta­rá de hacer algo, aun­que sea una nimie­dad, que le per­mi­ta poder man­te­ner su con­cien­cia tran­qui­la.

Yo, que no soy de sacar dema­sia­das citas de los libros, en éste he saca­do un mon­tón. Por­que hay cosas que se cuen­tan que son como para gra­bar­las a fue­go en la memo­ria; para que cuan­do en algún momen­to en el mun­do real suce­dan cosas simi­la­res a las des­cri­tas en este libro sepa­mos, si no hace­mos nada por nues­tra par­te, cómo podrían ter­mi­nar las cosas en un futu­ro, oja­lá, muy leja­no.

Personajes

El per­so­na­je por anto­no­ma­sia de esta nove­la es Wins­ton Smith: la voz de la cla­se media (Par­ti­do Exte­rior) que se alza con­tra el opre­sor; el que pese a que todos creían que esta­ba igual de adoc­tri­na­do que el res­to de la socie­dad, en la inti­mi­dad, cuan­do nadie podía obser­var­le, tenía la sufi­cien­te osa­día como para per­mi­tir­se pen­sar por sí mis­mo. Aun­que, si se me per­mi­te, cuan­do era peque­ño era un tan­to imbé­cil. Sus recuer­dos de una épo­ca mejor son dema­sia­do difu­sos, ya que el cam­bio de gobier­no al Par­ti­do del Her­ma­no Mayor se pro­du­jo cuan­do él tenía muy poca edad, pero pese a ello está con­ven­ci­do de que por aquel enton­ces se vivía mejor y que es men­ti­ra (como tan­tas otras) la pro­pa­gan­da del Par­ti­do en la que se ase­gu­ra que antes de que exis­tie­ra el Her­ma­no Mayor todo eso era cam­po sólo exis­tía la nada abso­lu­ta.

Mi per­so­na­je es el de Julia una chi­ca que, por como se des­cri­be, tie­ne que estar bue­ní­si­ma. Una de las tan­tas prohi­bi­cio­nes del par­ti­do, que no están escri­tas por nin­gún lado (no hay leyes) pero que si te pilla la Poli­cía del Pen­sa­mien­to te arres­tan por ello, es que está prohi­bi­do el sexo; más toda­vía si es entre miem­bros del Par­ti­do, no sea que se vayan a enamo­rar y de ese cari­ño recién naci­do pue­dan poner en duda tam­bién el res­to de nor­mas que se deben cum­plir. Sólo se aprue­ban nue­vos matri­mo­nios entre gen­te que se demues­tre que no sien­ten nada entre ellos y con el úni­co obje­ti­vo de «cum­plir con la obli­ga­ción con el Par­ti­do» (per­pe­tuar la espe­cie de autó­ma­tas adoc­tri­na­dos, vaya); y dicho así, algo que en prin­ci­pio pue­de ser boni­to, resul­ta has­ta espe­luz­nan­te. Pues a esta chi­ca le vie­ne impor­tan­do un comi­no todo esto, se dis­trae man­te­nien­do rela­cio­nes sexua­les con gen­te que ella pien­sa que pue­de estar vien­do más allá de los dic­ta­dos del Her­ma­no Mayor y un día se arries­ga para comu­ni­car­se con Wins­ton (todas las comu­ni­ca­cio­nes que­dan regis­tra­das) . a par­tir de ahí sur­ge una boni­ta rela­ción clan­des­ti­na. Ella odia todo lo que repre­sen­ta el par­ti­do, pero como es dema­sia­do joven y no ha vivi­do en una épo­ca sin que el Her­ma­no Mayor fue­ra omni­po­ten­te tam­po­co echa de menos nada de lo que antes hubie­ra podi­do haber… ni le impor­ta. Sólo sabe que esa socie­dad es un sin­sen­ti­do y, como a Wins­ton, tam­bién le gus­ta­ría hacer lo que fue­ra nece­sa­rio (o casi) para ter­mi­nar con el Her­ma­no Mayor.

Y lue­go está O’Brien… del que bien poco se pue­de decir. Es un miem­bro del Par­ti­do Inte­rior (cla­se alta de la socie­dad) con el que, no se sabe bien por qué, Wins­ton tie­ne la cora­zo­na­da de que está de su lado. Y con­tac­tan con él. Y ya no diré nada más, hay que leer el libro para cono­cer a este hom­bre con el que Orwe­ll se recreó bien a gus­to.

Pros y contras

Mi pro es para esa mez­cla de visión e inven­ción del autor, con la que en un tiem­po en el que la tec­no­lo­gía ni siquie­ra podía ima­gi­nar­se que sería lo que hoy es, él ya pre­vió for­mas no dema­sia­do surrea­lis­tas con las que los de siem­pre podrían con­tro­lar tam­bién a los de siem­pre; si a esto le aña­di­mos una piz­ca de tota­li­ta­ris­mo, repre­sión, ansias de poder des­me­su­ra­das, jus­ti­fi­ca­ción de cual­quier medio para con­se­guir el fin desea­do, y saber­se tan superio­res y pode­ro­sos como para estar con­ven­ci­dos de que no hay nadie capaz en ese mun­do de ni siquie­ra hacer que se pon­gan ner­vio­sos, tene­mos los ingre­dien­tes con los que poder pre­pa­rar esta rece­ta que al señor Orwe­ll tan bien le que­dó.

Mi con­tra va para la rela­ción entre Wins­ton y Julia; es lógi­co pen­sar que esta his­to­ria no pue­de ter­mi­nar con un fue­ron feli­ces y comie­ron per­di­ces, pero el per­so­na­je de Julia me encan­ta (me encan­tó en la pri­me­ra lec­tu­ra y en ésta si no más al menos sí igual) y creo que la bue­na pare­ja que for­man, ambos con esa idea tan cla­ra de hacer lo posi­ble por derro­car el Par­ti­do… Aten­ción, spoi­ler: mere­cían haber teni­do otro final; mere­cían que, aun­que al final no hubie­se ser­vi­do de nada, hubie­ran teni­do la oca­sión de hacer algo gran­de, algo de ver­dad… algo con lo que esa pare­ja hubie­ra que­da­do mar­ca­do en la his­to­ria, aun­que sólo algu­nos miem­bros del Par­ti­do Inte­rior lle­ga­sen a ser cons­cien­tes de ese inci­den­te, con el que poder poner­les las pilas y que se die­sen cuen­ta de que no hay nadie into­ca­ble en el mun­do… O igual esto últi­mo es sólo lo que me gus­ta­ría creer y es toda­vía más fic­ción que la que escri­bió Orwe­ll, quién sabe.

Cita

Hay muchas citas dig­nas de des­ta­car aquí, pero creo que esta es la más impor­tan­te de todas, por­que se pue­de apli­car per­fec­ta­men­te a la socie­dad en la que vivi­mos actual­men­te. Si fué­se­mos cons­cien­tes de la fuer­za que entre todos los de aba­jo tene­mos, y que todos jun­tos los de arri­ba no dura­rían más de unos segun­dos (son cobar­des, hui­rían; no sería la pri­me­ra vez)…

Si que­da­ba algu­na espe­ran­za, debía estar en los pro­les, por­que solo en esas masas des­pre­cia­das, que cons­ti­tuían el ochen­ta y cin­co por cien­to de la pobla­ción de Ocea­nía, podía gene­rar­se la fuer­za nece­sa­ria para des­truir al Par­ti­do. Este no podía derro­car­se des­de den­tro. Sus enemi­gos, si es que los había, no tenían for­ma de unir­se o siquie­ra de reco­no­cer­se mutua­men­te. Inclu­so en caso de que exis­tie­ra la legen­da­ria Her­man­dad —lo cual no era del todo impo­si­ble— resul­ta­ba incon­ce­bi­ble que sus miem­bros pudie­ran reunir­se en gru­pos de más de dos o tres. La rebe­lión se limi­ta­ba a un cru­ce de mira­das, una infle­xión de la voz o, como mucho, una pala­bra susu­rra­da oca­sio­nal­men­te. En cam­bio los pro­les, si pudie­ran ser cons­cien­tes de su fuer­za, no ten­drían nece­si­dad de cons­pi­rar. Bas­ta­ría con que se enca­bri­ta­ran como un caba­llo que se sacu­de las mos­cas. Si qui­sie­ran, podrían volar el Par­ti­do en peda­zos a la maña­na siguien­te. Tar­de o tem­pra­no tenía que ocu­rrír­se­les. Y sin embar­go…

Reseña: Peter Pan, de James M. Barrie

25-XI-2016

Peter Pan, de James M. Barrie

Peter Pan, de

Pági­nas: 224 ISBN: 9788420664262

Com­prar: papel ebook Edi­to­rial: Alian­za Edi­to­rial ficha del libro

Sinopsis

Como todas las crea­cio­nes que pul­san los resor­tes más escon­di­dos del ser huma­no, la figu­ra de Peter Pan, el niño que no que­ría cre­cer, no ha cesa­do de agi­gan­tar­se en el ima­gi­na­rio del hom­bre moder­no des­de que en 1911 James M. Barrie (1860-1937) publi­ca­ra en for­ma de narra­ción la obra de tea­tro que sie­te años antes había alcan­za­do ya inmen­so éxi­to en Lon­dres. Ani­ma­do por per­so­na­jes de una capa­ci­dad de suges­tión que poco tie­ne que envi­diar a la del pro­pio Peter Pan ?como Cam­pa­ni­lla, Wendy o el capi­tán Gar­fio, el magis­tral rela­to con­ce­bi­do por Barrie par­ti­ci­pa tan­to del cuen­to de hadas como de la nove­la de aven­tu­ras, la cró­ni­ca de pira­tas y la leyen­da popu­lar, y encar­na veraz­men­te sue­ños infan­ti­les nun­ca del todo olvi­da­dos.

Autor

James M. Barrie

James M. Barrie (Kirrie­muir, Esco­cia, Reino Uni­do, 1860 - Lon­dres, Reino Uni­do, 1937) fue un nove­lis­ta y dra­ma­tur­go bri­tá­ni­co. Es espe­cial­men­te famo­so por haber crea­do el per­so­na­je de Peter Pan, basa­do en sus ami­gos, los niños Lle­wellyn Davies; con su per­so­na­je estre­lla nove­ló un anhe­lo de la mayo­ría de adul­tos, y que con­for­me van hacién­do­se más mayo­res cada vez es más inten­so: su retor­no a la infan­cia, vol­ver a ser niño, vol­ver a dis­fru­tar sien­do (y de ser) un niño. Estos son algu­nos de sus libros más popu­la­res, entre los que des­ta­can lógi­ca­men­te Peter Pan en los jar­di­nes de Ken­sing­ton (1906) y Peter Pan (1911), pero tam­bién Una ven­ta­na en Thrums (1889), Lady Nico­ti­na (1890), El paja­ri­to blan­co (1902), Que­ri­do Bru­to (1917) y Mary Rose (1920).

Opinión

Peter Pan ha sido des­de siem­pre mi per­so­na­je favo­ri­to. La ima­gen que apa­re­ce en la cabe­ce­ra de este blog, o la cabe­ce­ra de mi usua­rio en Twit­ter: @fjpalacios, pue­den ser mues­tra de ello, pero has­ta aho­ra no había leí­do este libro. De peque­ño, sobre todo, era muy fan de la pelí­cu­la pro­du­ci­da por Walt Dis­ney que se estre­nó en 1953, la veía una y otra vez… La cin­ta en VHS ya has­ta se veía mal de tan­tas veces que se había repro­du­ci­do. Y des­de siem­pre he sido muy fan de la leyen­da, de lo que repre­sen­ta; de tener siem­pre bien pre­sen­te quién y qué fui, de no dejar esca­par ese niño que hay toda­vía den­tro de mí y que a veces hace acto de pre­sen­cia para ilu­sio­nar­se o diver­tir­se con algo como cuan­do era peque­ño y no tenía mayor preo­cu­pa­ción que la de ser feliz. Pero cuan­do cono­ces algo por la adap­ta­ción de Dis­ney lo más habi­tual es que la his­to­ria ori­gi­nal no sea del todo tal cual se nos da a cono­cer en la pelí­cu­la; inclu­so en his­to­rias ori­gi­nal­men­te con­ce­bi­das para un públi­co infan­til, como es el caso de esta nove­la, en Dis­ney con­si­guen ver­le deta­lles que con­vie­ne edul­co­rar para que los niños no pasen por el trau­ma de sopor­tar imá­ge­nes cuyo esce­na­rio no sean nubes de algo­dón y urbes fabri­ca­das con todo tipo de golo­si­nas y dul­ces. No seré yo quien cri­ti­que a Dis­ney, por­que sus pelí­cu­las nos han acom­pa­ña­do toda la vida y son muy tier­nas y boni­tas, pero creo que a los niños tam­po­co es nece­sa­rio sua­vi­zar­les todo tan­to: ser niño no es sinó­ni­mo de ser imbé­cil, aun­que algu­nos sí lo crean.

Sor­pren­den­te­men­te la pelí­cu­la de Dis­ney es bas­tan­te fiel al libro, aun­que le omi­tie­ron cier­tas par­tes exce­si­va­men­te machis­tas de Peter Pan hacia Wendy (y hacia el final: hacia las muje­res en gene­ral). Estas par­tes se refle­jan en el libro, aun­que camu­fla­das por el res­pe­to que en gene­ral se les tie­ne a las muje­res duran­te la his­to­ria, y que entien­do al hacer­lo así como una crí­ti­ca a la socie­dad por par­te del autor dejan­do ver que algu­nos hom­bres no res­pe­ta­ban (y se pue­de apli­car, des­afor­tu­na­da­men­te, tam­bién al pre­sen­te) a las muje­res como debe­rían ser res­pe­ta­das. Pero, en esen­cia, es jus­to decir que tan­to los cuen­tos que son trans­mi­ti­dos a los niños, como la pelí­cu­la a la que hago refe­ren­cia (no he vis­to el res­to de adap­ta­cio­nes, pero supon­go que ídem), son bas­tan­te fie­les a la reali­dad de la his­to­ria ori­gi­nal, y eso está bien por­que aun­que con par­tes y com­por­ta­mien­tos algo edul­co­ra­dos, la idea que se pue­de hacer uno sien­do peque­ño sobre lo que es este libro es bas­tan­te fide­dig­na.

Peter Pan, de James M. Barrie

La edi­ción que leí ade­más tam­bién inclu­ye ilus­tra­cio­nes clá­si­cas de F. D. Bed­ford, que no sé a los demás, pero a mí que este tipo de ilus­tra­cio­nes se man­ten­gan en los libros clá­si­cos me encan­ta; ade­más, son las imá­ge­nes que los auto­res que­rían para sus libros, res­pe­tar lo que ellos eli­gie­ron y de la for­ma en que ellos lo eli­gie­ron me pare­ce un plus. Aun­que está cla­ro que aho­ra mis­mo podrían hacer­se ilus­tra­cio­nes que le die­ran cien vuel­tas a éstas.

La his­to­ria de Peter Pan es sobra­da­men­te cono­ci­da en la cul­tu­ra popu­lar, así que no hace fal­ta exten­der­me dema­sia­do dicien­do que es un niño que no que­ría cre­cer, pro­ce­den­te del país de Nun­ca jamás, que una bue­na noche se pre­sen­ta en casa de la fami­lia Dar­ling y des­pués de una bre­ve con­ver­sa­ción con Wendy, que sabe un mon­tón de cuen­tos, la con­ven­ce para que ella y sus her­ma­nos se vayan volan­do con él, en sus mis­mas pala­bras: «la se­gun­da a la de­re­cha y todo rec­to has­ta la ma­ña­na» (aquí hay que reco­no­cer que la fra­se­ci­ta de la pelí­cu­la de Dis­ney tie­ne más gan­cho). Y en aquel mara­vi­llo­so lugar no les pue­de sino depa­rar las más fan­tás­ti­cas e increí­bles his­to­rias que nos serán con­ta­das si lee­mos el libro.

En fin, un libro con el que poder fácil­men­te via­jar a nues­tra infan­cia y recor­dar nues­tros tiem­pos mozos. A veces un poco más oscu­ro que en los cuen­tos o en la adap­ta­ción de Dis­ney, pero en líneas gene­ra­les muy ame­no, fácil de leer y entre­te­ni­do. Creo que nun­ca vie­nen mal unas cuan­tas horas entre niños, hadas, pira­tas, indios y las fan­ta­sías que el señor Barrie ideó para cada uno de ellos.

Personajes

Nana siem­pre ha sido mi per­so­na­je favo­ri­to de esta his­to­ria; es cier­to que ape­nas tie­ne pro­ta­go­nis­mo, que su pre­sen­cia en la his­to­ria dura muy poco, y jus­to está en la par­te en la que la his­to­ria comien­za y, por así decir­lo, no se viven gran­des aven­tu­ras con ella. Pero ¡es una perra niñe­ra! Y ver­la en la adap­ta­ción de Dis­ney con esos ojos, con esa cari­ta de bue­na… mien­tras leía el libro me la ima­gi­na­ba. Es ado­ra­ble.

El capi­tán James Gar­fio del libro creo que poco tie­ne que ver con el de la pelí­cu­la. Es un anta­go­nis­ta bri­llan­te­men­te crea­do; en con­tra de lo que ocu­rre en la pelí­cu­la, que se le supo­ne capi­tán no por méri­tos pro­pios sino por­que su tro­pa es toda­vía más tor­pe que él, aquí Gar­fio es un hom­bre temi­do y res­pe­ta­ble, un caba­lle­ro con bue­nas mane­ras y ele­gan­cia, que aun­que haya topa­do con su pun­to fla­co encar­na­do en la figu­ra de Peter Pan y el famo­so coco­dri­lo del tic-tac, está a la altu­ra de lo que los pira­tas de las leyen­das repre­sen­tan y debe­rían apa­ren­tar.

Algo tam­bién digo de men­ción son los niños per­di­dos, quie­nes les conoz­can úni­ca­men­te por la pelí­cu­la de Dis­ney se lle­va­rán una tre­men­da sor­pre­sa en el momen­to en que se les pre­sen­te en el libro y pue­da apre­ciar­se cómo son y su for­ma de actuar. En la adap­ta­ción de Dis­ney se los pre­sen­ta como unos cuan­tos boba­li­co­nes infan­ti­les que creen a pies jun­ti­llas todas las inven­cio­nes de su capi­tán y que no podrían ni hacer­le daño a una mos­ca, pero en la his­to­ria ori­gi­nal que se pue­de encon­trar en este libro no tie­nen nada que ver con todo eso sal­vo cuan­do están con Wendy y la tra­tan como la madre a la que nun­ca cono­cie­ron y que darían su vida por ella. Aten­ción, spoi­ler: en el libro son prác­ti­ca­men­te una ban­da de mato­nes, que emplean múl­ti­ples armas y has­ta se enfren­tan cara a cara con los pira­tas del capi­tán Gar­fio (aun­que no con él direc­ta­men­te; éste es sólo com­pe­ten­cia del vani­do­so Peter Pan).

Por últi­mo no podía con­cluir esta sec­ción sin citar a Wendy y a Peter Pan.

Wendy es una niña que sí quie­re cre­cer y ser adul­ta, pero que ha vivi­do siem­pre rodea­da de cuen­tos y de his­to­rias fan­tás­ti­cas y daría cual­quier cosa para que Peter Pan fue­ra real, y mira por dón­de, aca­ba por ser­lo; des­de el momen­to en que cono­ce a Peter está dis­pues­ta a creer todo lo que le diga sin cues­tio­nar nada, aun­que en el fon­do de sí mis­ma sepa que nada de lo que dice tie­ne el menor sen­ti­do; qui­zá un poco por la épo­ca en la que se escri­bió, cuan­do Wendy hace de madre tan­to de Peter como de los niños per­di­dos, tam­bién a su vez se con­vier­te en ama de casa de todos ellos; es decir: des­de ese momen­to en la casa del árbol no pega palo ni uno, la tie­nen explo­ta­da a la pobre chi­ca, y Barrie en varios de los pen­sa­mien­tos de Wendy refle­ja esto, tam­bién quie­ro enten­der, a modo de crí­ti­ca.

Peter Pan es un caso apar­te. Es es niño… egoís­ta, arro­gan­te, mani­pu­la­dor, con un ego tan gran­de que si se subie­ra a él y se deja­ra caer ni el poder volar le sal­va­ría del impac­to, a veces un poco estú­pi­do y sólo pien­sa por él y en él, pero un niño a fin de cuen­tas. Tie­ne ocu­rren­cias absur­das pero gra­cio­sas, y podría decir­se que es el per­so­na­je que hace que el libro sea tan entre­te­ni­do como es. A veces te hace pen­sar: ¿pero y este tío de qué va? Pero lue­go recuer­das lo que repre­sen­ta, la ima­gen que nos da pese a todo, que echa­mos de menos cuan­do éra­mos niños y él nun­ca deja­rá de ser niño… y se le aca­ba per­do­nan­do todo lo cafre que es.

Pros y contras

Mi pro va, como ya lle­vo men­cio­nan­do duran­te toda la rese­ña, a lo mucho que nos hace recor­dar este libro la épo­ca en que éra­mos niños. Va tam­bién para la fan­ta­sía de Barrie que está impreg­na­da por cada par­te de este libro. Y por ser una his­to­ria entra­ña­ble a la par que entre­te­ni­da; por refle­jar el cari­ño que los padres tie­nen por sus hijos aun­que a veces un secues­tra­dor los rap­te y éstos, qui­zá por un fan­ta­sio­so sín­dro­me de Esto­col­mo, se olvi­den de su fami­lia y sólo quie­ran per­ma­ne­cer tiem­po al lado de esa per­so­na.

Mi con­tra he de poner­lo codi­fi­ca­do. Aten­ción, spoi­ler: va para la muer­te del capi­tán Gar­fio; en la adap­ta­ción de Dis­ney tie­nen una for­ma más ele­gan­te para que este anta­go­nis­ta des­apa­rez­ca de esce­na, pero en el libro no se han anda­do por rodeos: pasa­do por la plan­cha a las órde­nes del nue­vo capi­tán Peter Pan (The King is dead, long live the King), como ha hecho él, se cuen­ta, tan­tas veces con sus pro­pios pira­tas y rehe­nes cuan­do no se han some­ti­do a él. Podría decir­se cruel­men­te, pero así lo es: pas­to del coco­dri­lo que tan­tas ganas le tenía. Creo que es un final tris­te para una boni­ta his­to­ria; aun­que éste sea el anta­go­nis­ta, al final se le aca­ba cogien­do cari­ño.

Cita

Lo que más me gus­ta de Peter Pan, al mar­gen de todo lo ante­rior­men­te dicho, es que es un niño gran­de. Y esta fra­se creo que le defi­ne bas­tan­te bien; la suer­te que tie­ne él es que sal­vo que sea una haza­ña o anéc­do­ta sobre sí mis­mo, cin­co minu­tos des­pués de que suce­da ya lo ha olvi­da­do, enton­ces él siem­pre se enfren­ta por pri­me­ra vez a la trai­ción, y aun­que exis­ta muchas veces esa pri­me­ra vez, qui­zá mejor así por­que los demás la recor­da­mos per­fec­ta­men­te con el paso de los años y para él sim­ple­men­te es un trá­mi­te que dura unos minu­tos.

No fue el dolor, sino lo in­jus­to del asun­to, lo que aton­tó a Peter. Lo dejó im­po­ten­te. Sólo podía mirar, ho­rro­ri­za­do. Todos los niños reac­cio­nan así la pri­me­ra vez que los tra­tan con in­jus­ti­cia. A lo úni­co que pien­san que tie­nen de­re­cho cuan­do se le acer­can a uno de bue­na fe es a un tra­to jus­to. Des­pués de que uno haya sido in­jus­to con ellos se­gui­rán que­rién­do­lo, pero nun­ca vol­ve­rán a ser los mis­mos.

Reseña: Veinticuatro horas en la vida de una mujer, de Stefan Zweig

21-XI-2016

Veinticuatro horas en la vida de una mujer, de Stefan Zweig

Vein­ti­cua­tro horas en la vida de una mujer, de

Pági­nas: 104 ISBN: 9788495359391

Com­prar: papel ebook Edi­to­rial: Acan­ti­la­do ficha del libro

Sinopsis

«—¿Usted no encuen­tra, pues, odio­so, des­pre­cia­ble, que una mujer aban­do­ne a su mari­do y a sus hijas para seguir a un hom­bre cual­quie­ra, del que nada sabe, ni siquie­ra si es dig­no de su amor? ¿Pue­de usted real­men­te excu­sar una con­duc­ta tan ato­lon­dra­da y livia­na en una mujer que, ade­más, no es ya una joven­ci­ta y que siquie­ra por amor a sus hijas hubie­se debi­do preo­cu­par­se de su pro­pia dig­ni­dad?».

Autor

Stefan Zweig

Ste­fan Zweig (Vie­na, Aus­tria, 1881 - Petró­po­lis, Bra­sil, 1942) fue un escri­tor, bió­gra­fo y acti­vis­ta social aus­tría­co de la pri­me­ra mitad del siglo XX. Sus obras estu­vie­ron entre las pri­me­ras que pro­tes­ta­ron con­tra la inter­ven­ción de Ale­ma­nia en la segun­da gue­rra mun­dial y fue muy popu­lar entre 1920 y 1930. Escri­bió nove­las, rela­tos y bio­gra­fías. De estas últi­mas, son par­ti­cu­lar­men­te cono­ci­das las de María Estuar­do (1934) y la de Fou­ché (1929), una obra mitad bio­gra­fía y mitad nove­la his­tó­ri­ca muy intere­san­te sobre un per­so­na­je que nadie ha podi­do defi­nir mejor ni antes ni des­pués. Tam­bién escri­bió El mun­do de ayer (1942): la auto­bio­gra­fía de un excep­cio­nal tes­ti­go de los cam­bios que con­vul­sio­na­ron la Euro­pa del siglo XX entre las dos gue­rras mun­dia­les. Otra de sus bio­gra­fías, la dedi­ca­da a María Anto­nie­ta (1932), fue adap­ta­da al cine en Holly­wood. Algu­nas de sus nove­las y rela­tos más impor­tan­tes son Vein­ti­cua­tro horas en la vida de una mujer (1927), La impa­cien­cia del cora­zón (1939) y Nove­la de aje­drez (1941).

Opinión

Cono­cí este libro por pri­me­ra vez duran­te la emi­sión de Con­vén­ze­te, una emi­sión espe­cial del pro­gra­ma Con­vén­ze­me, del canal espa­ñol Be Mad (Media­set), con­me­mo­ran­do el Día de las libre­rías, que se tele­vi­só duran­te la tar­de del vier­nes día 11 de noviem­bre de 2016, entre las 16 y las 20h. Duran­te ese tiem­po, uno de los libros que se leye­ron por tur­nos, entre un mon­tón de per­so­nas, fue éste; y me gus­tó bas­tan­te lo que leí, me pare­ció entre­te­ni­do, pero la expe­rien­cia sé que hubie­se sido mucho mejor si a la vez que escu­cha­ba el libro hubie­ra teni­do tam­bién una copia para poder leer­lo. Has­ta ese momen­to me habían leí­do frag­men­tos de libros, sobre todo de poe­mas, y me encan­ta que me lean, pero no estoy fami­lia­ri­za­do con los «audio­li­bros» y creo que, aun­que de un modo dife­ren­te a lo habi­tual, la emi­sión de ese pro­gra­ma bien podría con­si­de­rar­se como un audio­li­bro.

Así que, como ya había leí­do un libro de este mis­mo autor y me gus­tó mucho, vol­ví a aden­trar­me en este libro, esta vez sí, leyén­do­lo por mi cuen­ta, para poder ser cons­cien­te de que de ver­dad me había ente­ra­do bien de todos los deta­lles y de que había asi­mi­la­do el con­te­ni­do del libro; si es que sigo escu­chan­do libros supon­go que lle­ga­rá un momen­to en que será como leer­los en papel o en un libro elec­tró­ni­co, pero por aho­ra toda­vía no me dio esa sen­sa­ción.

Antes que nada, como dije que ya había leí­do un libro del autor, pri­me­ro las com­pa­ra­cio­nes: Nove­la de aje­drez (1941) me gus­tó bas­tan­te más que éste; por nada más apar­te de la temá­ti­ca del libro: aje­drez. Duran­te gran par­te de la narra­ción la his­to­ria dis­cu­rre entre par­ti­das de aje­drez, y con lo que me gus­ta a mí me fas­ci­nó el libro. Aque­lla for­ma y esti­lo del autor que me encon­tré en aquél siguen pre­sen­tes en éste, sólo que la his­to­ria dis­cu­rre por otros derro­te­ros.

Vamos pues, aho­ra sí, con mi opi­nión sobre el libro.

Aun­que aho­ra este libro es con­si­de­ra­do como una nove­la cor­ta, en su ges­ta­ción se enten­dió como un rela­to lar­go, incluí­do den­tro de una anto­lo­gía lla­ma­da Con­fu­sión de sen­ti­mien­tos (1926). Con esa sinop­sis tan poco des­crip­ti­va muy poca idea nos deja sobre el con­te­ni­do que nos depa­ra el inte­rior del libro, sal­vo que pode­mos intuir que pue­de haber una infi­de­li­dad en la his­to­ria. Con­for­me vamos avan­zan­do las pági­nas del libro podre­mos com­pro­bar como esas pala­bras fue­ron pro­nun­cia­das por Mrs. C. (me encan­ta esto del autor: de muchos per­so­na­jes no pro­por­cio­na nom­bre sino su ini­cial), que aun­que en prin­ci­pio no pare­cía ser un per­so­na­je muy impor­tan­te para el trans­cur­so de la his­to­ria como sí lo pare­cía Mada­me Hen­riet­te, al final de esta últi­ma nada más se sabe y la pro­ta­go­nis­ta abso­lu­ta de la nove­la es la ancia­na ingle­sa Mrs. C., aun­que más con­cre­ta­men­te sus recuer­dos de lo que ocu­rrió duran­te vein­ti­cua­tro horas en su vida hace ya muchos años.

Juz­gan­do al autor úni­ca­men­te por dos de sus dos libros, he de decir que la for­ma de narrar de este autor atra­pa des­de las pri­me­ras líneas; vas des­li­zán­do­te por ellas con el úni­co obje­ti­vo de saber más, de obte­ner más infor­ma­ción sea como sea, por­que una vez que has cono­ci­do el esti­lo de este autor y te resul­ta fami­liar, las pala­bras, y con ellas las pági­nas, van avan­zan­do delan­te de tus ojos sin que siquie­ra te des cuen­ta.

La his­to­ria da comien­zo en un hotel de la Rivie­ra, cer­ca de Móna­co, don­de Mada­me Hen­riet­te: la res­pe­ta­ble mujer de un comer­cian­te y madre de dos niñas, se fuga con un atrac­ti­vo fran­cés que tam­bién se alo­ja­ba en el hotel, al que sólo cono­cía des­de el día ante­rior. Este acon­te­ci­mien­to no tar­da en ser vox pópu­li entre los demás hués­pe­des del hotel, que lo con­si­de­ran, casi por una­ni­mi­dad, inad­mi­si­ble en una mujer de su esta­tus, ade­más de casa­da y con hijos. Y digo casi por una­ni­mi­dad por­que hay un hués­ped que no lo con­si­de­ra tal, y que jus­ta­men­te es el narra­dor de la his­to­ria.

[…] En­cuen­tro más dig­no que una mujer ceda a su ins­tin­to, libre y apa­sio­na­da­men­te, que no que, como ocu­rre por lo ge­ne­ral, en­ga­ñe al ma­ri­do en sus pro­pios bra­zos y a ojos ce­rra­dos.

Duran­te una comi­da en los salo­nes del hotel se des­en­ca­de­na una dis­cu­sión entre quien defien­de a la espo­sa fuga­da y quie­nes tachan ese com­por­ta­mien­to, has­ta tal pun­to que casi aca­ba vio­len­ta­men­te si no fue­ra por­que inter­ce­de y cal­ma la situa­ción la ancia­na Mrs. C, que has­ta ese momen­to pasa­ba des­aper­ci­bi­da, la mayor par­te del tiem­po rodea­da de libros, y sin socia­li­zar dema­sia­do con el res­to de hués­pe­des del hotel. Y es en este momen­to don­de pro­nun­cia, entre otras, las pala­bras que apa­re­cen en la sinop­sis del libro.

A par­tir de ese cru­ce de pala­bras, Mrs. C. con­fía en el per­so­na­je del narra­dor del libro y le cuen­ta algo que le suce­dió hace muchos años, y que ya que no vol­ve­rán a ver­se nun­ca más, son dos des­co­no­ci­dos y cree que ella no será juz­ga­da dada la aber­tu­ra de men­te que demues­tra esa per­so­na, pro­ce­de a la narra­ción de esas vein­ti­cua­tro horas en la vida de una mujer, en la vida de Mrs. C..

La narra­ción de esa his­to­ria, sin duda, es el pla­to fuer­te; has­ta ese momen­to, casi podría decir­se, no ha sido sino el preám­bu­lo, la cau­sa por la que encon­trar jus­ti­fi­ca­ción para con­tar esta otra his­to­ria; y que nada más empie­za es difí­cil encon­trar un momen­to en que poder dejar de leer y poner­te a hacer otras cosas. Dada la bre­ve­dad del libro y que sólo hay una acción prin­ci­pal, no tie­ne capí­tu­los. Y aun­que no encuen­tras momen­to para dejar de leer la curio­si­dad inna­ta del ser huma­no, que una vez comen­za­da una his­to­ria siem­pre quie­re ave­ri­guar qué ocu­rre al final, y la for­ma de narrar del señor Zweig, con­si­guen a dúo que lo que podría ser un pun­to nega­ti­vo ni siquie­ra lle­gue a tener­se en cuen­ta.

En esta narra­ción nos mete­re­mos de lle­no en la piel de un joven adic­to a los jue­gos de casi­no; y de cómo en vano Mrs. C. tra­ta de ayu­dar­le para que no arrui­ne su vida por el jue­go mien­tras sin dar­se cuen­ta ni que­rer admi­tir­lo va enamo­rán­do­se poco a poco; mien­tras que él… úni­ca­men­te sigue enamo­ra­do de la boli­ta, del tape­te ver­de de la mesa del casi­no, de las fichas y del crou­pier que pro­nun­cie el núme­ro que le haga gana­dor de esa par­ti­da.

Es un libro bre­ve y ame­no, que nos obli­ga a empa­ti­zar tan­to con el juga­dor adic­to como con la mujer a la que en prin­ci­pio éste le dio algo muy simi­lar a la lás­ti­ma y tra­tó de ayu­dar­le, pero que dada su for­ma de ser cuan­do se man­tie­ne ale­ja­do de un casi­no o de las apues­tas ter­mi­nó por hacer que se enamo­ra­ra. El final es muy bue­no, cuan­do ella se sien­te per­di­da­men­te enamo­ra­da de él, espe­ra que para él ella sea tam­bién algo más, algo más que una per­so­na que le ha pres­ta­do su ayu­da, pero lle­ga­do el duro momen­to en que se da cuen­ta de que no es así vie­ne el pun­to álgi­do de la his­to­ria con una ines­pe­ra­da (por ella al menos, yo la ver­dad es que lo veía venir) trai­ción, que pro­vo­ca­rá a mar­chas for­za­das la huí­da de Mon­te­car­lo de Mrs. C. para regre­sar a su casa y ale­jar­se de todo aque­llo que tan mal se lo hizo pasar.

Pros y contras

Mi pro va, como ya he repe­ti­do una y otra vez a lo lar­go de la rese­ña, para la for­ma de escri­bir del autor: de esas que te atra­pan, o al menos a mí me ha suce­di­do, rápi­da­men­te. Citan­do al pro­pio Zweig:

Sólo un libro que se man­tie­ne siem­pre, pági­na tras pági­na sobre su nivel y que arras­tra al lec­tor has­ta la últi­ma línea sin dejar­le tomar alien­to, me pro­por­cio­na un per­fec­to delei­te.—Ste­fan Zweig

Y pue­do decir que, para mí, en este libro ha con­se­gui­do eso que dice.

Y mi con­tra no me ha cos­ta­do ni un segun­do saber para qué iba a ir: detes­to leer his­to­rias en las que hay gen­te que se cree con dere­cho a opi­nar y juz­gar lo que hacen otras per­so­nas, sobre todo si la acti­tud de esas per­so­nas no les supo­ne per­jui­cio algu­no en sus vidas. Esto está aquí, qui­zá como crí­ti­ca social, por­que es un refle­jo de lo que real­men­te ocu­rre… y no sólo en aque­lla épo­ca sino que en ésta tam­bién, y si cabe toda­vía con mayor inten­si­dad y mal­dad. Al prin­ci­pio de la his­to­ria, ya lo dije, la fuga de Mada­me Hen­riet­te es obje­to de opi­nión (y crí­ti­ca) por par­te de la mayo­ría, cuan­do qui­zá los úni­cos que debe­rían opi­nar al res­pec­to fue­se su fami­lia, y si es en pri­va­do mucho mejor; pero no sola­men­te es eso sino que duran­te la narra­ción dr Mrs. C. tam­bién se apre­cia cla­ra­men­te como la gen­te del casi­no entre cuchi­cheos y demás está juz­gan­do sin tener ni remo­ta idea de qué ocu­rre en reali­dad. Hay un momen­to, inclu­so, que una pri­ma de Mrs. C. apa­re­ce de la nada entre el tumul­to de gen­te y se des­cri­be cómo se lle­va la mano a la boca horro­ri­za­da por… vaya usted a saber por qué, si lle­gó cuan­do ya esta­ba todo el pes­ca­do ven­di­do. Me pue­den la moji­ga­te­ría y el coti­lleo, y tan­to en este libro como en la socie­dad en gene­ral de estas dos cosas hay a mon­to­nes.